7e04c4d2439211e19e4a12313813ffc0_7Javier Silva, autor del libro “Cuentos para pequeños campeones” contó en entrevista para ElDesconcierto.cl cómo se las arregló para escribir la historia de Colo Colo, sin hablar de fútbol. Un trabajo propio, con ilustraciones realizadas por seis amigos diseñadores.

Desde fines de noviembre pasado se publicaron mil copias, sin el apoyo de editoriales, y hoy se puede conseguir en diversos locales, en páginas de internet o directamente con su autor.

Más información en el sitio oficial del libro pequenoscampeones.cl

¿Cómo surge esta idea?

Bueno, como soy colocolino y tengo un hijo, esta idea nace un poco de esas ganas de hacer algo que valga la pena. Soy de esos hinchas que no son tan fanáticos, no tan intensos como algunos que lo viven intensamente en el estadio, aunque vamos con mi hijo mayor al estadio y todo eso. Y de pronto nació mi intención de contarle la historia, ir dando los primeros pasos de Colo Colo, y hacerlo interesantes para él. Mi hijo tiene cuatro años, y como en los últimos cuatro años la verdad es que el club estaba dando más penas que alegrías, quería contarle esa historia de antes, cuando era un buen equipo. Y tampoco es que lo cuentos sean muy futboleros, porque están más bien inspirados en algunas situaciones concretas, que para los que conocen las historia, son muy reconocibles. Pero si lo ve una mamá o alguien que no sabe de fútbol, no se dará cuenta porque son historias que están contadas con animales, al estilo de las fábulas,  hay muchos personajes diferentes, robots, niños, etc.

¿Cómo reflejas la historia de Colo Colo y cómo te las arreglaste para hacer el nexo con el Club?

El libro tiene 50 cuentos, y que son de una página. Es el formato que más me acomodó para poder contárselo durante las noches, porque tenía que ser un cuento relativamente corto para que se duerma luego, que fuera entretenido y sus personajes fueran choros. Entonces, el proceso que hice fue ver algunas historias de Colo Colo, de jugadores importantes, de partidos importantes, de goles y celebraciones inolvidables, y crear un mundo infantil alrededor. Por ejemplo, hay uno que se llama “El muñeco de trapo”, y que es de una niñita que tiene un muñeco de trapo que ya está viejo y es su regalón. Es la historia de gente que llega a regalarle cosas nuevas y le traen muñecas nuevas que a ella no le gustan y se queda con su regalón, y deja de lado peluches y otros juguetes por quedarse con su muñeco regalón. El muñeco se llama Luis, es crespo y rubio como Lucho Mena. Entonces ahí yo me agarro de la historia de Lucho Mena, que todos sabemos la historia de él, de fidelidad y amor por la camiseta, y le invento esta historia para que mi hijo sepa que hay alguien que se queda siempre con él, que es fiel. Y así van naciendo las historias. No están reflejados los 50 mejores jugadores, ni las juegas más espectaculares, sino que fueron diferentes situaciones que me parecieron interesantes para hacer cuentos para niños.

¿Qué episodios históricos te gustó reflejar más en tus cuentos?

Hay uno de un gato que se llama “Chamaco”, que es un gato que juega con bolas de lana y hace goles en las puertas, y que su juego es hacer goles, y como Chamaco Valdés es el goleador histórico, quise reflejarle en este gato. Ese está contado como poesía, no en cuento, También está la historia de cuando Barticciotto le hizo el gol a Colo Colo jugando por la Católica, y es de un violonchelo que se llama “Chelo Pablo”, que se cambia de orquesta porque se va a vivir a otro lado, y hay una competencia de orquestas en la que su nuevo grupo gana la competencia, y todos lo celebran menos él porque sus amigos de siempre están tristes. Entonces, la gracia era tomar esto como moralejas para los niños, de inculcar el respeto, el esfuerzo.

Hay otro de un robot que es Javier Margas, y que era un robot que no podía bailar y él quería, pero él se esfuerza mucho, se mete a un grupo de bailes y termina bailando súper bien. Es como decir ‘este hueón era súper tieso pero con esfuerzo y entrenamiento se puede conseguir cualquier cosa’. Es como un recorrido por toda la historia, desde David Arellano hasta Lucho Mena de ahora. También hay uno de Miguel Riffo, que era un auto que se llama “Riff” y que tenía una rueda más chica que la otra. Entonces, también le decían que no podía competir y él con su porfía demuestra que puede ganando una carrera, aunque tenga una rueda más chica que las demás.

En la portada del libro hay un niño mapuche corriendo por paisajes del sur del país, ¿esta historia tiene una identidad más ligada al mundo mapuche?

No en general, pero lo que sí hicimos el esfuerzo de que no pareciera un libro futbolero, y que no aparecieran jugadores corriendo detrás de un pelota, el árbitro y esas cosas. No hay ninguna historia que hable de fútbol propiamente tal, aunque están inspiradas en él. Pero como el título del libro era “Pequeños campeones”, lo quisimos reflejar en un indiecito chico que corría y jugaba, más que algo futbolero. En el fondo es súper colocolino el libro y como el símbolo era eso, y para estar ligado a los niños, nos pareció bonito poner a un indio chico.

¿Cómo fue que te propusiste esta idea de hacer cuentos y poesías?

Trabajo en un agencia de publicidad pero soy redactor de profesión, y claro, escribir es un gusto que tengo al que no me dedico, pero es un talento medio escondido que tengo, y quería escribir algo más interesante que sólo publicidad. Este es un proyecto que lo hice más desde el cariño que desde una cosa más profesional. De hecho, varios me han dicho que ahora podría hacer los cuentos de la U, de la Católica, y hacer un negocio del cuento, pero esa no era la idea. Y ahora cuando lo veo que está en el museo de Colo Colo, que también cuando les mostré el libro a  Barticciotto, y a Pato Yañez, estaban todos muy contentos, y ése es el pago del libro más que nada.

Y técnicamente, ¿cómo lo hicieron?

Hay dos partes. Una fue el proceso de escritura de los cuentos. Eso fue personal, y desde el primero hasta el último, debo haberme demorado unos  meses, y del grupo de 50 que elegí, dejé unos cuantos afuera. No quería un número cualquiera, algo más simbólico, y buscando no quise dejarlo en 30 porque podía ser mufa, pero 50 era un buen número. Y el otro proceso, el de las ilustraciones, fue más lento, porque entre el primero y el último debe haber tomado cerca de un año. Eso requirió de un ilustración por cuento, más la portada, y como no lo controlaba yo, y fueron paleteadas de amigos en el fondo, eso tomó un tiempo que no pude regular. Eso tomó un poco más de un año.