zapataEn Puebla, México, este miércoles 9 de abril, 400 jinetes y el bisnieto del revolucionario mexicano, Benjamín Zapata, realizaron una cabalgata en su homenaje, gesto que se repitió en diversas expresiones a lo largo y ancho del país.

Para los campesinos, un siglo no es suficiente para olvidar el profundo legado dejado por Emiliano Zapata, considerado como “el más grande jefe campesino” de la historia mexicana. Nacido en Morelos, Puebla, el llamado “Caudillo del Sur” lideró una insurrección campesina que el pueblo de México y el mundo no han desconocido: “Muy fresca está la memoria del gran caudillo Zapata hincando sobre la historia sus dos espuelas de plata”, reza un conocido corrido nacional.

Hasta 1910, México fue gobernado por terratenientes y latifundistas que manejaron a su antojo los intereses de la tierra, al alero del gobierno militar de Porfirio Díaz. Por esos años, la pobreza era un síntoma general en México, con mayores expresiones en el mundo indígena y campesino. Esa fue la cuna de la revolución que Zapata y Pancho Villa liderarían.

Luego de un golpe de Estado a Francisco Madero, el gobierno dictatorial de Victoriano Huerta y el fracaso de la administración de Venustiano Carranza, Zapata solicitó su renuncia en nombre del Ejército Libertador del Sur, como llamaban a su tropa. Más tarde vendría la traición.

Declarado “bandolero”, Zapata realizó diversas hazañas al servicio del campesinado: entre ellas, la recuperación por la fuerza de las tierras de Villa de Ayala. Después de muchos años, el Plan de Ayala, la proclamación política promulgada por Zapata que exigió Tierra y Libertad para los campesinos, ha sido utilizada como una especie de carta guía por todos los adherentes del zapatismo en el mundo.

“Luchamos por la posesión del suelo en el que enraizaron las almas de nuestros abuelos, las de nuestros padres, las de nosotros mismos, las de nuestras mujeres y nuestros hijos”.

“Nuestros pueblos y comunidades lucharon por la tierra que nos daba de comer, por el agua que hacía crecer las siembras y que apagaba nuestra sed. Luchamos por la posesión del suelo en el que enraizaron las almas de nuestros abuelos, las de nuestros padres, las de nosotros mismos, las de nuestras mujeres y nuestros hijos”.

Zapata participó del fin de los latifundios, la repartición de tierra, la apertura de escuelas y, principalmente, de la organización de los campesinos, que a casi un siglo de su muerte han adherido a diversos movimientos políticos –como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional– que se apoyan en sus principios y lo han ubicado como principal inspirador de sus aspiraciones revolucionarias. Su imagen, a 95 años del asesinato, todavía llama a los campesinos a levantarse contra los gobiernos injustos que, en México, y el mundo, no otorgan la tierra y sus beneficios para el que la trabaja.