Lamentablemente los incendios no son algo extraño para los sectores altos de Valparaíso. De acuerdo a Uriel Padilla, académico de la Universidad de Valparaíso, quien en 2012 realizó un estudio estableciendo un ranking de riesgo de las cuencas de la V Región, la cantidad de incendios ocurridos en esta zona entre 2005 y 2009 fue de 227 siniestros, con un promedio de 70 episodios por año (más que la media nacional de 40).

Uno de los principales factores de riesgo del sector corresponde a la gran cantidad de plantaciones forestales y quebradas colindantes, debido a que los incendios de origen forestal avanzan por las quebradas, que funcionan como verdaderas chimeneas, hasta llegar a zonas urbanas.

Cada año vemos como, principalmente en las regiones centrales de Chile, cientos de incendios forestales consumen miles de hectáreas de plantaciones y bosques, y en ocasiones la vida y hogares de personas. Esta vez el foco del incendio que arrasó brutalmente los cerros de Valparaíso, se encuentra rodeado por las plantaciones forestales pertenecientes a la empresa Forestal Valparaíso S.A.

 

No es casualidad que casi la totalidad de los siniestros surgen en medio de plantaciones forestales de pinos y eucaliptus. Monocultivos de una misma especie,  plantados a una razón de 1600 árboles por hectárea, extraen enormes cantidades de agua, secando y erosionando el suelo como consecuencia de la destrucción y desplazamiento total o parcial del bioma original de pradera, bosques y/o montes destinados a la extracción forestal, lo que a la larga se ha traducido en la disminución de las napas freáticas, –producto de las diferencias en la masa de follaje sobre la tierra, el sistema radicular, la tasa de crecimiento, el consumo de nutrientes, las relaciones e intercambios con la atmósfera y la alteración de los ciclos de nutrientes, de energía, de carbono y de agua, – dejando a su paso un rastro de problemas sociales, como el deterioro de suelos agrícolas contiguos, la emigración rural, conflictos por tierras y aguas (por lo general antiguamente utilizadas por el pueblo Mapuche), empleos de mala calidad, y ambientales, como la erosión y contaminación de suelos, , pérdida de biodiversidad, fragmentación de ecosistemas y deterioro del paisaje, entre otros.

Además especies como el pino contienen y segregan trementina, una sustancia inflamable que con la exposición al calor puede propagar o iniciar incendios. Se suma a esta situación, los nulos resguardos, tales como cortafuegos con dimensiones acordes a la realidad nacional, donde cerca de 2,9 millones de hectáreas de plantaciones forestales se encuentran entre la  región de Valparaíso y la Araucanía, donde un 68% corresponde a monocultivos de la especie pino (Pinus radiata) y 23% a eucalipto (Eucalyptus spp.). En Canadá, país forestal por tradición, los cortafuegos miden 1.6 kilómetros de ancho, mientras que en Chile estos se confunden con las vías de saca (caminos utilizados para sacar los troncos talados en camiones).

CONAF ¿De qué lado estás?

En nuestro país la tarea de fiscalizar la actividad forestal, prevenir incendios forestales y administrar la política forestal nacional recae en la Corporación Nacional Forestal (CONAF), entidad de derecho privado dependiente del Ministerio de Agricultura. No obstante, debido a la legislación vigente y su concepción netamente comercial del territorio, el rol preventivo y fiscalizador de CONAF es sólo una imagen institucional, ya que en la práctica, el principal objetivo de CONAF es el fomento y apoyo estatal a la CORMA, debido a su carencia de recursos, facultades, y en muchos casos, voluntades para exigir y proponer medidas de protección ambiental tales como restringir el tamaño de las talas rasas y evaluación del aprovechamiento y consumo de agua que hacen las plantaciones, como también la necesidad de que el sector forestal se haga cargo de la enorme cantidad de pasivos ambientales y sociales que ha provocado.

Desde 1974, a través del Decreto 701 (promulgado bajo la dictadura militar de Pinochet) el Estado de Chile ha subsidiado la expansión de especies exóticas de monocultivos de pino y eucaliptus a favor de los grandes grupos económicos del sector (Matte: CMPC y Angelini: ARAUCO –CELCO).

Desde 1974, a través del Decreto 701 (promulgado bajo la dictadura militar de Pinochet) el Estado de Chile ha subsidiado la expansión de especies exóticas de monocultivos de pino y eucaliptus a favor de los grandes grupos económicos del sector (Matte: CMPC y Angelini: ARAUCO –CELCO). Entre 1974 y fines de esa década el estado traspasó a privados las 6 empresas de plantaciones y plantas de celulosa de patrimonio público (Celulosa Arauco, Celulosa Constitución, Forestal Arauco, Inforsa, Masisa y la y la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC)).

En 1980, la Corporación Chilena de la Madera (CORMA), que agrupa a los principales empresarios forestales en Chile, intervino directamente en la confección del actual una Ley de Fomento Forestal, contribuyendo a consolidar aún más al patrimonio de estas empresas y su expansión, lo que en la práctica ha significado la instalación de más de 2 millones de hectáreas de monocultivos de pino y eucalipto con el dinero de todos, logrando  exportaciones por más de 5 mil millones de dólares anuales, basadas en productos de baja elaboración (principalmente celulosa), que quedan en manos de unos pocos grupos económicos.

“Incendios perfectos” Más recurrentes en el futuro

Aunque los principales responsables de los incendios forestales son las personas que accidental o intencionadamente los provocan, existen una serie de factores que desencadenan y dificultan su prevención y combate. Como señaló el intendente de Valparaíso, Ricardo Bravo, en la tragedia vivida en los cerros siniestrados se conjugaron todos los factores para crear un “incendio perfecto”. “Hoy día ha pasado todo lo que generalmente cuesta mucho que se conjugue y por eso hemos llegado a este saldo que nos tiene a todos con el ánimo en el suelo”.

 

Incendio1La autoridad regional se refería así a la suma de varios años de sequía, que se ha vuelto más intensa este año, a unos vientos inusualmente fuertes y unas temperaturas muy altas para esta época del año, así como al lugar en el que se produjo el incendio y a la falta de cortafuegos.

Paradójicamente las condiciones mencionadas por el intendente solo se harán más recurrentes en el futuro. De acuerdo un estudio sobre vulnerabilidad en Chile —publicado en la Primera Comunicación Nacional de Cambio Climático—, nuestro país probablemente se verá altamente afectado por menor disponibilidad del recurso hídrico en la zona central, incrementando la probabilidad de años secos. Asimismo, se esperan variaciones de temperatura en todo el país, las cuales se intensifican, dependiendo de la cantidad de Gases de Efecto Invernadero tomadas como base.

Ante este escenario es de suma urgencia que las autoridades gubernamentales y CONAF dejen de ocultar una verdad que los obliga a dar explicaciones cada vez que un incendio provoca impactos graves: el apoyo y la no regulación a la industria forestal es la principal razón de la gran mayoría de incendios forestales en el país. Un ejemplo de ello es, de acuerdo a diversos informantes, la ausencia de cortafuegos apropiados en los terrenos pertenecientes a Forestal Valparaíso S.A., ubicados en el Camino La Pólvora, lugar donde se habría originado el peor incendio en la historia de Valparaíso.