flavia-liberona-cespedesSin duda estamos viviendo en un mundo cambiante, en el cual vivimos en una permanente revolución, donde  cada día se divulgan y promocionan los progresos tecnológicos y se incita a las empresas y personas a consumir/adquirir “más y mejor  tecnología”, la cual es producida por grandes consorcios industriales,  esto con el propósito de ser más eficientes, de tener mayores ganancias o simplemente estar a la moda.  La promoción de este consumismo desenfrenado inunda los medios de comunicación y nos desvincula del lugar donde habitamos, de la naturaleza.

Al mismo tiempo existe mucha información, pero menos difundidas, sobre deforestación, pérdida de biodiversidad, emisiones de gases de efecto invernadero, calentamiento global, contaminación de aguas, etc.  Esta nos muestra la naturaleza desde una perspectiva dramática, pero real, con la cual nos cuesta conectarnos. El segundo grupo de noticias no es parte de avisos publicitarios y sólo se toma los medios de comunicación cuando ocurre algún desastre o se da a conocer algún informe relevante, pero en general su contenido es poco difundido y menos conocido por el ciudadano medio.

Existe un tercer grupo de información, habitualmente noticias, que están asociadas a lo que denominamos desastres naturales, estas hacen referencia a inundaciones, derrumbes, incendios, erupción de volcanes, terremotos, tsunamis, huracanes, etc. Dichas noticias son cubiertas y reporteadas masivamente por los medios de comunicación, en ellas se muestra el dolor y la destrucción, pero pocas veces se habla de sus causas. Nos muestra una naturaleza fuerte, indomable e impredecible, pero que existe.

Vivimos en un planeta cambiante, pero no sólo producto de los avances tecnológicos, también producto de la contaminación que genera la actividad humana o de las actividades propias de las sociedades modernas, donde tener más pareciera ser un signo de bienestar. Donde queremos aprovechar los bienes que la sociedad tecnológica nos brinda, pero sin ver los efectos que genera este tipo de desarrollo, a quiénes beneficia el consumo exacerbado y a quiénes afectan mayoritariamente los impactos de esta sociedad.

El problema de fondo es que no logramos conectar el supuesto bienestar que nos brinda la tecnología con los impactos que genera la producción de estos bienes.

El problema de fondo es que no logramos conectar el supuesto bienestar que nos brinda la tecnología con los impactos que genera la producción de estos bienes, tampoco conectamos la pérdida de biodiversidad o la deforestación de extensas zonas del planeta con el supuesto desarrollo y menos aún somos capaces de integrar en nuestras sociedades y en nuestras vidas lo que está pasando en el planeta a nivel de fenómeno climático. Vivimos en una sociedad segmentada no sólo social o económicamente, también en una sociedad segmentada en nuestra percepción del mundo. Pareciera que tenemos una esquizofrenia planetaria, que nos permite ver solamente segmentos de una u otra realidad, pero no somos capaces de integrar/comprender  que todo esto ocurre en un mismo planeta y que nos afecta a todos sus habitantes, sean estos humanos o de otras especies.

Por ello, en este día de la Tierra quiero traer a colación una hipótesis, la HIPOTESIS GAIA, ella nos señala que la tierra se comporta como un meta organismo, en el cual los procesos vitales que se desarrollan alimentan otros procesos vitales, donde la vida y la muerte son parte de lo mismo, donde la atmósfera y la parte superficial de la tierra se comportan como un todo, donde la vida de cualquier especie contribuye con su proceso vital a mantener un equilibrio dinámico, a regular las condiciones esenciales para la vida, como temperatura, salinidad de los océanos,  ciclos biogeoquímicos (carbono, nitrógeno, hidrogeno, oxigeno, agua, etc.),para que a través de procesos de producción y descomposición de ciertas moléculas, la vida pueda seguir existiendo.

Pero hay una especie, la nuestra, que se  ha descontrolado, poniendo en riesgo este maravilloso macroequilibrio. Los seres humanos hemos traspasado límites hasta desestabilizar los ecosistemas, hemos pasado umbrales y puesto en riesgo la capacidad de resiliencia de la Tierra. Ahora sólo tenemos una posibilidad y es llegar a un nuevo estado, de equilibrio, pero no sabemos cuál puede ser ni que implicancias tiene para nuestra especie. Y aunque GAIA pueda ser considerada sólo una hipótesis, basta observar lo que está ocurriendo para saber que tiene sólidos fundamentos.

Lo que nos corresponde ahora como humanidad es integrar la información y el conocimiento, comprender que estamos en riesgo y desde este convencimiento incidir en aquellos que siguen pensando que habitamos un planeta ilimitado y que tenemos tiempo ilimitado para buscar soluciones, en aquellos que promueven la tecnología y el consumo desmedido sin reparar en la contaminación y el daño a las especies del planeta que esto genera. Pero sobre todo debemos incidir en aquellos que se niegan a desarrollar e implementar políticas públicas para limitar los daños a nuestro planeta. En esto Chile no es diferente e incluso nuestra situación puede ser más dramática que la de otros países, esto debido a que carecemos de regulaciones básicas que nos permitan proteger nuestro patrimonio natural, así como asegurar que las personas pueden vivir  en un medio ambiente adecuado. Por ello, y aprovechando el inicio de un nuevo gobierno, debemos impulsar cambios en las políticas públicas, los que van desde una adecuada gestión de desastres, pasando por una ley de protección de la naturaleza, hasta regulación en Cambio Climático.