MapucheCon fecha 17 de abril del 2014 la Presidente Michelle Bachelet dictó el decreto ley 926, que crea una Comisión Asesora Presidencial para la Descentralización y Desarrollo Regional. Entre sus tareas, dicha Comisión tiene el encargo de sugerir a las autoridades políticas presentes, la “formulación de acciones, medidas y programas” en relación con descentralización. Esto se llevaría a cabo a través de: (1) “proponer un plan gradual de traspaso de atribuciones y competencias” a las regiones y sus diversos órganos de poder y administración; (2) “proponer medios de financiamiento” para hacer posible lo anterior; (3) acometer lo anterior vía un estudio de los cambios legales posibles que permitan esas transformaciones; y (4) “recibir en audiencia a las entidades de la sociedad civil, académicas, gremiales internacionales y los expertos” necesarios que ayuden a enriquecer con sus aportaciones el trabajo de la Comisión.

El mundo de las nacionalidades indígenas, en general, no ha reaccionado aun a este evento. La excepción ha sido el líder del Consejo de Todas las Tierras (CTT) que según publica la agencia UNO (10/abr/2014), a nombre de un pacto por la autodeterminación, ha sostenido que en una materia tan importante para los pueblos indígenas, han sido excluidos representantes indígenas de la Araucanía (hay cuatro representantes de la Araucanía en la Comisión y ninguno de ellos provenientes del mundo indígena). Por lo demás, dicho líder habría dicho que: de “no ser recibidos por los integrantes de la mesa,… tomarán medidas que permitan relevar sus derechos como pueblo…”. La crítica proveniente del CTT es compartida por mí, convocado a formar parte de esa Comisión, y hecha presente en la ronda de presentación el primer día de trabajo, cuando manifesté insatisfacción por ser el único indígena presente, en un país en que las poblaciones indígenas alcanzan al 10% (cuando menos) de la población total (lo mismo ocurre con la representación de género). Las nominaciones son un recurso de los políticos de gobierno y ellos tendrán que dar cuenta de porqué las cosas se hacen en los actuales términos.

Dicho lo anterior, quisiera explicar aquí la relevancia del trabajo de la Comisión para el mundo de las nacionalidades indígenas (y lo que me decidió a participar de ella). Quiero decir que hay una posibilidad de debatir dentro de un organismo coyuntural de Estado (sin poder vinculante), el sentir de dichas nacionalidad en materia fundamentos ideológicos de la organización del Estado. Por ejemplo, poner en cuestión una idea anquilosada de Estado, expresada en el artículo 3ro de la constitución, que reza que: “El Estado de Chile es unitario”. Artículo que ha permitido a políticos nacionalistas chilenos responder negativamente las demandas de autonomía de algunas nacionalidades indígenas, haciéndose eco así de un proyecto de construcción de la nación estatal, enraizado en el siglo XIX y que excluyó a las nacionalidades indígenas en tanto colectivos. Esto es, además de negarlas y erguirse en su contra, les dejó fuera de la historia republicana, pese a declarar que buscaba incorporarlos como individuos (como objetos alienados de sus culturas, lenguas y sentido de comunidad imaginada.

Yo sostengo, porque lo he aprendido en mi vida de activista de la causa mapuche y como profesional e intelectual mapuche estudiando otras realidades políticas, que ese precepto es un arcaísmo en un mundo moderno, que hoy por hoy tiende a dar la bienvenida a la diversidad en todas sus expresiones. El viejo dilema entre Estado unitario vs. Federal que en Chile se decidió a trabuco y cuchillo a principios del siglo XIX  a favor del primer modelo, ya no es más un dilema. Al clamor del levantamiento de Magallanes el 2011, Aysen el 2012, se unen hoy Arica e Iquique que afectado por el terremoto recién pasado, han visto como la burocracia estatal del centro, que se come los recursos de todas las regiones, les deja sin poder responder a las emergencias. Cualquier cosa tiene ser pedida o consultada al centro. Y qué decir del incendio en Valparaíso donde finalmente ha sido el gobierno improvisad y medio anárquico de los ciudadanos, el que manejó la contingencia, ante un Estado centralista que aún no atina y sigue a la cola de los acontecimientos.

Unidad en la diversidad debiera ser el nuevo lema que iluminara a nuestros políticos y particularmente a los asesores convocados. No solo diversidad de regiones empoderadas y con recursos para enfrentar sus retos y desafíos, sino también diversidad étnico-cultural, de género, de edad. Chile es un país de muchas nacionalidades. Se reconocen oficialmente 9 nacionalidades indígenas más la nación estatal, los chilenos. Y la descentralización del Estado debe dar cuenta de esa complejidad, de la mano con la idea de desarrollar una democracia pluralista, ecuánime y distributiva en relación con la repartición territorial del poder. La descentralización que buscan las nacionalidades indígenas, y creo no equivocarme al agregar las regiones que se han levantado ya contra el centralismo de Estado, es una idea que niega la vieja creencia de que el poder debe repartirse jerárquicamente y de modo vertical en la sociedad; para suplirla con otra que considere que es posible construir un Estado donde el poder esté repartido en múltiples centros de decisión política.

Hay una invitación presidencial en la formulación de esta Comisión asesora en descentralización, que deben tomar en serio los ciudadanos y particularmente los miembros de las nacionalidades indígenas, y que no es otra que participar en estos debates. Ya lo menciono en el primer párrafo, punto 4. Las puertas están abiertas para las organizaciones y los ciudadanos que deseen decir lo que piensan. Y si las subcomisiones no invitan hay que invitarse, vía enviar documentos-reflexiones (breves y al punto) o solicitar espacio para ser escuchados. De todos depende que el producto que se genere sea lo más rico posible, aunque finalmente el resultado que salga lo determinará el gobierno. Nosotros solo podemos hacer más que soñar y el mandato para cada uno debiera, por ahora, soñar un país de autonomías regionales.