Menstruación-bajarTabúes, vergüenza y discriminación. Como tantos otros momentos en sus vidas, las mujeres han tenido que convivir desde niñas con el peso social asignado a las señales naturales de su cuerpo. Entre ellas, por supuesto, el sangramiento mensual que implica la pérdida del endometrio.

Sumergido una cultura de explotación y menosprecio, el género ha tenido que sortear una serie de mitos sobre cómo sortear el proceso de menstruación en paz. Hace un par de décadas, incluso, se les aconsejaba no bañarse durante todo el período por el miedo a una serie de inexistentes complicaciones de salud.

Sin embargo, los tiempos algo han cambiado. Luego de la aparición de las toallas higiénicas que hoy se venden en diversos formatos, las mujeres se acostumbraron a enfrentar la menstruación con el mismo espíritu del producto recién aparecido: de manera rápida y desechable. Lo más alejadas posibles del proceso.

El producto tiene una corta data. De hecho, la mayoría de las mujeres jóvenes han escuchado o conocido la historia de sus madres y abuelas durante el tiempo en que la menstruación fue salvada a costa de toallas de algodón. Por ende, el cambio de paradigma, es reciente, pero no por ello menos profundo. Hoy, la cultura de la televisión y la publicidad se ha involucrado de lleno en la instalación de perspectivas y formas de vida de las mujeres y el período menstrual no podía estar ausente.

 

toallas_higienicas_01El dominio de las “toallitas”

Para muchas, el trabajo de marketing realizado en torno al negocio de las toallas higiénicas ha sido certero: haciendo uso de la represión a los procesos naturales femeninos, se ha utilizado una y otra vez el concepto tras lo “desechable”.

“La industrialización de este producto, más el trabajo de marketing publicitario hacen que las mujeres no vean otra alternativa a la establecida, es decir, usar toallas higiénicas desechables. Por lo demás, ante toda la represión establecida en nuestros cuerpos, nos hacen creer que este producto ayuda a que no nos sintamos sucias y enfermas en esos días”, argumentó Pabla Pérez San Martín, escritora, investigadora social y partera tradicional.

Sin embargo, tal como sostiene Pérez, el trabajo publicitario ha logrado esconder, tras una serie de clichés en torno a lo femenino, una realidad social y cultural poderosa y poco conocida tras el sangramiento.

El método de la toalla higiénica, por lo demás, ha resultado incuestionable en una cultura de vida rápida, donde todas esperan solucionar a la brevedad el leve inconveniente que las acompaña una vez al mes durante largos años de su vida joven.

Lavar tus propias toallas higiénicas es trabajo, así como lavar los pañales de algodón de tu bebe. Es trabajo para el poco tiempo que la gente cree tener hoy en día”, argumentó Pabla Pérez, quien además maneja una conocida página en Facebook de Ginecología Natural.

La misma cultura patriarcal se ha detenido a clasificar el proceso de la menstruación como algo vergonzoso que debe ser ocultado, lo que es aprendido por las niñas de diversos rincones del mundo desde el día de su primer período. Así, se han acuñado frases populares como “estar enferma” o “indispuesta”.

 


ropaLas otras opciones: ¿Por qué no?

Durante un largo tiempo, las mujeres cansadas de las toallas higiénicas se decidieron a utilizar los tampones, también ampliamente promocionados en diversas marcas y formatos.

Sin embargo, ésta tampoco parece ser la medida más ecológica y sana para el cuerpo. De hecho, cada tampón o compresa tarda entre 500 y 800 años en desintegrarse totalmente. Asunto preocupante si se considera que cada mujer utiliza y deshecha más de 10 mil tampones durante su vida, la mayoría de ellos, fabricados de aplicadores no reciclables.

Según Ramiro Molina, ginecólogo de la Universidad de Chile, los problemas se producen más bien por mal uso de los elementos o falta de higiene, especialmente con tampones. “Muchas veces se puede producir lo que se llama la menstruacion retrógrada. El tampón, cuando queda muy apretado y no se cambia permanentemente, puede aumentar la presión dentro de la vagina y esa presión influye en las dificultades que tiene la salida de la sangre menstrual por el cuello uterino”. Esto puede derivar en un cuadro de endometriosis, una enfermedad inflamatoria seria.

Por otra parte, se estima que cada mujer utiliza un mínimo de 13 mil toallas higiénicas durante su vida. Éstas se caracterizan por estar compuestas de algodón procesado –en ocasiones dañino para la piel-, al igual que los tampones. En Chile, se ha estimado que el gasto anual en toallas higiénicas puede superar los 25 mil pesos por persona y producir cerca de 65 kilos de basura.

“Me parece que tan solo un cambio de paradigma, de percepción de nuestro ciclo menstrual, es fundamental para darse cuenta que es necesario reconocernos, conectarnos con la sangre que de nosotras fluye, que es vida, es producida por nosotras, nosotras somos esa sangre que fluye cada mes, no es algo ajeno, somos nosotras mismas y no debemos rechazarla, mas bien honrarla”, opinó Pérez.

 

La copa menstrual

Bajo estas perspectivas, asoman las alternativas. Una de ellas, la copa menstrual, se ha puesto de moda entre las mujeres jóvenes por sus múltiples beneficios. La mayoría de estos productos se fabrican con silicona médica hipoalergénica, que no libera residuos de pesticidas ni blanqueadores en el cuerpo.

copa5851Al mantener los fluidos dentro de la vagina por hasta 12 horas, éstos no tienen contacto con oxígeno y con ello se evita la producción de malos olores. Al contrario de tampones y toallas higiénicas, se aconseja que el producto sea cambiado luego de 3 años. Su costo bordea los 18 mil pesos en Chile.

En el país existen diversas opciones provenientes de la industria local. Sin embargo, su uso se ha hecho popular no sólo en Chile, sino que en diversos lugares de la región.

Verónica Córdoba es una psicóloga colombiana que decidió probar la copa menstrual hace dos años. Según su testimonio, pese a que el comienzo puede ser más difícil, dicha alternativa la ha ayudado a vivir su proceso natural de una forma positiva y sin limitaciones.

En lo económico el ahorro ha sido muchísimo y en lo ambiental ni se diga, con la copa no necesito de otros productos más que el agua para limpiarla por lo que no genero basura adicional en esos días del mes”, comentó.

Córdoba, quien vende copas menstruales en su tienda en Medellín, señaló que la industria de higiene femenina ha sabido potenciar la preocupación de las mujeres haciéndoles creer que sus zonas íntimas son sucias y huelen mal, por ello necesitan comprar jabones especiales y productos desechables “para estar limpias y seguras todos los días del mes”.

Por ello, un producto menstrual reutilizable chocaría con las creencias arraigadas en la cultura y “y que son reforzadas a diario por la publicidad”. Así, Córdoba aseguró que es necesario que las mujeres reconozcan que “nuestras inseguridades son una mina de oro para la industria de la higiene femenina”.

 

El empoderamiento

La utilización de métodos alternativos también contempla el uso de toallas de tela, un método de los viejos tiempos que es bien mirado por el mundo feminista. Pese a que a algunas mujeres todavía les podría resultar complejo enfrentarse directamente a la realidad de la menstruación, la discusión sobre otras alternativas implica también el deseo de conocer mejor la intimidad femenina.

Así, copas, toallas de tela y las demás opciones dan a las mujeres la posibilidad de rencontrarse con su ciclo natural, un proceso que no debe avergonzarlas ni tampoco debe ser omitido.

“Dar un espacio y significado de renovación, de nutrición, de cambios, de reflexión y de concentración en nuestras energías a partir de nuestro útero, es una revolución en estos tiempos”.

“Dar espacio de limpieza y purificación a nuestra sangre como devolverla a la tierra para nutrirla, es un cambio de paradigma importante. Darle un espacio y significado de renovación, de nutrición, de cambios, de reflexión y de concentración en nuestras energías a partir de nuestro útero, es una revolución en estos tiempos”, señaló Pérez.

Para ella y para muchas otras, no es lo mismo vivir una menstruación conectada, libre de la concepción de una molestia que debe ser desechada o anulada mediante un regulador hormonal. Así, más que las alternativas, el paso definitivo está en la disputa de las propias mujeres para comprender el rol y espacio de su proceso dentro de la naturaleza.