A un mes de haber asumido la administración del Consejo Nacional de las Culturas y las Artes, la Ministra Claudia Barattini, toma una distancia significativa de la administración anterior (refiriéndome exclusivamente a la liderada por el actual dirigente de Evópoli, Luciano Cruz Coke). Es que comienza a notarse la estampa ciudadana –discurso majadero de la Presidenta Michelle Bachelet para su segundo mandato– y la cultura, por cierto, tampoco podía quedar atrás. En ese sentido, las buenas iniciativas e ideas hay que reconocerlas, porque es justo.

En la sala Ercilla de la Biblioteca Nacional, la Ministra Barattini, dio inicio formal a una decisión innovadora, de la cual no habíamos conocido un plan de trabajo a nivel gubernamental de esta envergadura, cuyo propósito es la de incluir la importante opinión de la ciudadanía en la toma de decisiones en políticas culturales.

Tu voz crea cultura, se llama la consulta ciudadana, que tiene como objetivo iniciar el diseño y construcción de un eventual Ministerio de Cultura, a través de un programa amplio de consultas en todas las regiones del país, además de un foro on-line constituido a través de 22 preguntas centrales que finalmente articularán el proyecto de ley.

El proceso –que ya se inició–, contempla encuentros con diversas asociaciones gremiales y sindicales y, por cierto, con la ciudadanía, que parece ser el sello intrínseco de la iniciativa otorgando un golpe diferenciador con respecto a la administración anterior, a la que se le criticó su hermetismo y poca participación con los protagonistas del arte, la cultura y el patrimonio. Gracias al foro en Internet, la Secretaria de Estado tendrá la oportunidad de mostrarse mucho más cercana y próxima, acabando de esta forma con la burocracia tan característica de nuestras autoridades. La idea es abrir el espacio al diálogo –tal como lo está haciendo el Ministro Eyzaguirre con los estudiantes– para que de esta forma, entre todos, hagamos un esqueleto de lo que será la futura cartera de Cultura y de Patrimonio. Ya era hora, porque esta área no podía esperar más.

Sean cual sean las medidas que adopte el Gobierno, éstas deben ser a largo plazo y no soluciones momentáneas; por eso el énfasis sobre (la brevedad del) tiempo en que se están recogiendo las opiniones ciudadanas. De todas formas, el hecho de incluir a la ciudadanía coloca un sello mucho más democrático, dejando atrás esas viejas prácticas de tomar decisiones de arriba-abajo.

El énfasis en recoger opiniones ciudadanas es la de presentar una indicación sustitutiva del proyecto de ley que crea el Ministerio de Cultura y Patrimonio para reemplazar al que actualmente se encuentra en el Congreso, demostrando que aún quedan actos de democracia en nuestra alicaída política.

El plazo autoimpuesto fue la del 21 de mayo, para cuando la Presidenta entregue su primera cuenta pública ante el país. Los tiempos –a mi juicio– parecen un poco precipitados, porque un proyecto de estas características conlleva impactos y consecuencias bastante profundos en los diferentes ámbitos culturales en relación a lo que actualmente poseemos. Si hemos esperado tantos años por un ansiado Ministerio de Cultura y Patrimonio, por qué mejor no darnos el tiempo suficiente para discutirlo con calma. Entendiendo la lógica de reformas del Gobierno, lo mejor sería debatir y recoger con calma las opiniones ciudadanas, analizándolas en profundidad y discutiendo las más favorables para presentarlas cabalmente en mayo de 2015. Ahora, entendiendo las señales políticas, por cierto que a la administración de la Nueva Mayoría le conviene más realizar el anuncio en la primera cuenta pública, dado que la idea es entregar la mayor cantidad de anuncios reformistas este 21 de mayo iniciando el cambio profundo al sistema que tanto nos han prometido.

No obstante lo anterior, el proyecto apunta hacia el camino correcto, porque el hecho de abrir el debate a la ciudadanía demuestra solamente la importancia que tanto el Gobierno como la propia ciudadanía está otorgándole a un área del Estado que estuvo abandonado por tantos años.

Sean cual sean las medidas que adopte el Gobierno, éstas deben ser a largo plazo y no soluciones momentáneas; por eso el énfasis sobre el tiempo en que se están recogiendo las opiniones ciudadanas. De todas formas, el hecho de incluir a la ciudadanía coloca un sello mucho más democrático, dejando atrás esas viejas prácticas de tomar decisiones de arriba-abajo, en un asunto en que se supone todos debemos ser partícipes.

Si se llega a concretar este eventual nuevo Ministerio de Cultura y Patrimonio y, si se cumplen las sugerencias, opiniones y proyectos impulsados por la instancia ciudadana, estaríamos frente a un hito en política, porque significaría que sería uno de los escasos Gobiernos en la historia de Chile que colocó entre sus prioridades al ámbito cultural. Por cierto, el siguiente desafío es colocar en la mesa de debates el asunto del IVA del libro, algo que no puede quedar en segundo plano. Será para otra columna.