Introducción
Para abordar el tema del sistema de ahorro forzoso impuesto a los chilenos desde 1981, podemos refrescar algunos datos económicos, que ilustran el engaño que significa denominar a este régimen como “sistema previsional”. La Superintendencia de Pensiones nos informa que a Marzo de este año, el promedio del millón veinte y seis mil pensiones que se pagan, que incluyen: vejez, vejez anticipada, invalidez y sobrevivencia asciende a $ 185.251 y que el aporte del Estado a través del APS (aporte previsional solidario), lo eleva a $ 198.816.
También podemos señalar que, los dineros acumulados de los cotizantes, es decir los trabajadores chilenos representan a la fecha: 161 mil novecientos veinte y cinco millones de dólares y que son equivalentes aproximadamente al 65 % del PIB, es decir del total de lo que el país produce durante todo un año. Podríamos pensar que estos fondos sirven como un “colchón” para la deuda externa que a fines del año pasado era de 130 mil setecientos veinte y cuatro millones de dólares.
Estos y otros antecedentes extenderían este artículo en forma considerable, sin embargo en esta oportunidad intentaremos referirnos a lo que podríamos llamar el lado “B” de la existencias de las AFPs, que de algún modo nos permitan explicarnos el hecho de que de los 193 países miembros de las Naciones Unidas sólo 10 países tienen un sistema de capitalización individual, como el que se impuso en Chile en 1981, pero en el caso de nuestro país, es el único en el que las personas no tienen derecho a escoger si ahorran en un sistema privado o público. Además intentaremos comprender porque los sectores dominantes y los medios como la televisión, especialmente en sus programas de “debate político” hacen una defensa cerrada del modelo de las AFPs, que por lo demás son en la mayor parte de los casos sus financistas.
La entelequia
Antes de abandonar la mirada económica, diremos que muchos economistas coinciden que este tipo de prácticas corresponden a lo que se puede denominar expropiación financiera, refiriéndose a la extracción de beneficios financieros desde el bolsillo de los trabajadores, movilizando de esta forma dineros que ya están circulando en el mercado, para realizar grandes inversiones y negocios a través de lo que se ha llamado inversionistas institucionales (AFPs).
Ahora bien, el punto de interés de estas líneas, tiene que ver con el poder, es decir con las formas hegemónicas en que funciona nuestra sociedad. Para nadie es misterio la difusión del concepto libertad en nuestro país, concepto que aparece como rector de nuestro comportamiento y nuestras decisiones individuales como parte de la sociedad y que tienden a mostrar las regulaciones desde el Estado, como elementos que coartan dichas libertades, podemos decir que vivimos una expresión refinada de la libertad individual, donde se insiste en transformar ese concepto en un valor virtuoso, que no solamente se expresa en la forma de capitalización individual, sino que también lo hace con la institucionalidad laboral expresada en el Código del Trabajo inspirado en el “plan laboral” nacido en los mismos años y con los mismos autores de las AFPs en que se privilegia absolutamente el derecho individual sobre los insignificantes derechos colectivos.
La obligación legal que implica cotizar en las AFPs y la forma en que se ejerce desde el poder ese mecanismo, responde a una técnica que no es otra cosa que la disciplina, que a través del control del tejido social traspasa los elementos más sutiles de la sociedad afectando a cada miembro de la sociedad es decir los individuos. Esto constituye precisamente el lado no estadístico y económico del sistema de “capitalización individual” que es un método de control por la vía de individualización del poder, que en definitiva sumado a las demás formas de control económico dificultan la necesaria y urgente tarea que tienen los trabajadores para terminar con estos dispositivos de control en los que además se les expropia del bolsillo capitales para el funcionamiento del
modelo.
Por eso, además de las pensiones de hambre es imprescindible para el futuro de los chilenos terminar con las A F Ps.