09_Santiago-la cordigliera-lo smogLa contaminación del aire mata actualmente a más personas que la malaria y el SIDA combinados. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) los niveles de contaminación atmosférica constituye el riesgo ambiental más grande del mundo en salud, provocando cerca de 7 millones de muertes al año.

De los siete millones de decesos, se estima que 3,7 millones fueron provocados por contaminación ambiental externa, y 4,3 se debieron a la polución interna de los hogares, causada mayoritariamente por la combustión para cocinar con madera, carbón o biomasa.

La OMS ha creado una base de datos que contiene los resultados de la vigilancia ambiental de la contaminación del aire (exterior) de casi 1.600 ciudades en 91 países. Los resultados son bastante alarmantes.

De acuerdo a los registros, solamente el 12 por ciento de la población mundial que reside en ciudades respira aire limpio, y casi la mitad convive con una polución 2,5 veces mayor que los niveles recomendados por el organismo.

El estudio mide especialmente el nivel de las partículas contaminantes PM 2,5 consideradas las más peligrosas debido a su capacidad de penetrar directamente en los pulmones. Las altas concentraciones de material particulado fino se asocia con el gran número de muertes causadas por infartos y ataques cerebrales.

En Chile la ciudad que encabeza el listado es Rancagua, con 54 microgramos por metro cúbico (ug/m³). Le sigue Chillán (53), Temuco (48), Talca (44), Calama (29) y Copiapó con (27). Santiago por su parte presenta una concentración de 27 microgramos por metro cúbico.

Las principales causas de contaminación son las mismas de siempre: quema de combustibles fósiles, utilizados por termoeléctricas, vehículos con motor, así como la biomasa domiciliaria utilizada para cocinar y calentarse.

“Podemos ganar la lucha contra la contaminación del aire y reducir el número de personas que sufren de cáncer de pulmón respiratorio y de muertes provocadas por enfermedades del corazón, afirmó la Dra. María Neira, directora del departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS. “Las políticas y estrategias eficaces se conocen bien, pero tienen que ser implementadas a escala suficiente. Ciudades como Copenhague y Bogotá, por ejemplo, han mejorado la calidad del aire mediante la promoción de “transporte activo” y dar prioridad a las redes dedicadas de transporte público urbano, a pie y en bicicleta”.