alejandraLa relación entre arte y política, sin duda, es compleja. Más compleja parece ser hoy cuando la complicación proviene de las propias imágenes. Una conocida tesis del teórico del arte Boris Groys ha llamado la atención sobre la incapacidad de los y las artistas visuales de producir imágenes que logren impactar/provocar más allá de los reducidos circuitos del arte. Está incapacidad amenaza en convertir a todo gesto radical proveniente del arte político contemporáneo en un simple gesto hedonista y de exhibición reducida. Más aún, el giro biopolítico actual de las prácticas artísticas que buscan resistir al orden de dominación neoliberal desde el propio cuerpo en la forma de la performance redoblarían tal incapacidad puesto que abandonarían el espacio de la “representación” propia del arte para instalarse en la “presencia” espacio de los medios de comunicación. Este desplazamiento dejaría de un modo inevitable a las imágenes artísticas compitiendo, y siempre perdiendo, con las imágenes de terror y violencia trasmitidas por los medios. Sobre todo ahora que los propios formatos de registro y exhibición utilizados en las artes visuales son los mismos utilizados por la política, el espectáculo, el terrorismo. ¿Qué imagen artística, por provocadora que fuese, podría competir con un video de Bin Laden?, se pregunta Groys. La respuesta de Groys a esta complicación del arte y la política en los tiempos del terror es volver a la institución del arte, volver al saber “experto” de un presente que dialoga con el archivo de la tradición y sitúa contextos posibles para la realización del ejercicio crítico situado.

Distinta a esta respuesta que no hace sino nombrar, normalizar y jerarquizar lo propio y lo impropio del arte, el artista visual Francisco Papas Fritas ofrece otra respuesta en su obra Ad Augusta per Angusta. Nombre de la intervención artística que en estos días conmueve a las redes sociales y a los medios y que bajo el lema de la Universidad del Mar busca denunciar “el negocio de las universidades chilenas”. Es justamente desde el nombre de su acción de arte donde Francisco Papas Fritas comienza a entrecruzar performance, video arte, política, vida, testimonio, denuncia. Ad Augusta per angusta vuelve indistinguible lo propio o lo impropio del arte, explicitando y sobrepujando en esta confusión de registros y prácticas la escena contemporánea de las artes visuales signada por lo que se ha dado en llamar registros y prácticas “post-autónomas”. Más que rechazar la mediatización de la imagen, la intervención artística de Papas Fritas se sitúa precisamente allí: en la propia circulación de las imágenes en los medios de comunicación. Según cuenta el propio artista, Ad Augusta per Angusta es parte de un proyecto titulado KOMBI que comienza a tener lugar hace un par de años atrás en su convivencia con los y las estudiantes de la Universidad del Mar, quienes se tomaron por más de un año el reciento universitario luego de la crisis económica y académica que terminó con la universidad. El relato de las acciones de arte es como sigue. Primero, hurto: la sustracción desde la universidad de los pagarés de deudas de aquellos estudiantes estafados por la quiebra de la institución superior (deuda que ascendería a 500 millones de dólares). Segundo, pirokinesis: la quema de dichos pagares volviendo casi imposible el cobro dicho documentos bancarios. Tercero, exposición: se exhibe un video en que se presenta el proyecto artístico Ad Augusta per Angusta en el Centro Cultural Gabriela Mistral. El video se exhibe en una camioneta kombi junto a las cenizas de los documentos bancarios quemados por el artista. Además se da conocer la autodenuncia que el artista hace de los hechos ante el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago; denuncia donde Francisco Papas asume la autoría del robo de los pagares y de su quema posterior. Cuarto, clandestinidad: el artista anuncia que pasa a la clandestinidad y comienza un juego de gato y ratón con aquellos medios de comunicación que identifica como parte de las grandes corporaciones del capitalismo neoliberal. Y quinto, espectáculo/comunidad: junto al cierre anunciado de la exposición en el GAM el día domingo 18 de mayo, se hace un llamado a la reapropiación de la acción de arte por parte de los espectadores. Este llamamiento, busca desencadenar nuevas acciones. A no dudar, el orden cronológico es también parte de la ficción que crea el verosímil del relato.

El lugar elegido para la exhibición de su proyecto es la parte trasera de una camioneta combi blanca donde se instala una pantalla para la exhibición del proyecto artístico. Evocando/provocando, sutilmente, con una visualidad venida de videos como los de Bin Laden prófugo, Francisco Papas presenta su acción de arte como una acción que tiene como principal objetivo liberar a los estudiantes y a sus familias de las deudas contraídas con la Universidad del Mar, y, a su vez, denunciar la educación de clases que se imparte en Chile. Todo registro, todo circulación, sólo imágenes. Al igual que las imágenes del terror que circulan en los medios, las imágenes puestas a circular por el artista se inscriben en el registro de lo “verdadero” (los pagarés que acreditaban las deudas fueron efectivamente quemados, aunque, en última instancia, en este contexto, no tiene sentido el recurso a la veracidad del hecho). Sin embargo, contrariamente a lo señalado por Boris Groys, aquí las imágenes buscan alcanzar una representación que va más allá de la “realidad del hecho”. En efecto, es posible advertir en la acción de arte de Papas Fritas un deseo de alcanzar el punto ciego de la representación del archivo, aquella perspectiva que condiciona en ausencia el propio marco visible e invisible de toda representación. La reapropiación creativa de la economía simbólica de los medios de comunicación, la utilización paródica de la visualidad y de la gestualidad terrorista por parte del artista, no buscaría otra cosa que representar la propia política del terror del Estado chileno. Política de la desposesión, llevada adelante por un Estado terrorista y criminal empeñado en una guerra social de clases permanente. Registro, circulación, solo imágenes. Las cenizas, el fuego, el incendio, serían los negativos sin referente de unas imágenes abrazadoras puestas a circular en la irrealidad del registro del espectáculo y la comunicación.