Regreso de los 90En efecto. Estamos ad portas de la primera cuenta pública del segundo período presidencial de Michelle Bachelet y recién se presentan los primeros proyectos sustantivos para la reforma educacional. Pareciera ser el momento propicio para que el movimiento estudiantil adquiera una voz protagónica. Interpelar a la Presidenta por una definición clara respecto de si el objetivo de la Reforma será terminar de una vez por todas con el mercado en la educación, o su simplemente regulará sus excesos. Asimismo, denunciar los intentos de pasar gato por liebre y mostrar así cuales proyectos apuntan a que la educación sea un derecho social y cuáles son medidas que intentan tapar una grieta enorme de agua con un parche curita.

Se esperaría que una nueva coalición cambiase sus formas de operar los conflictos sociales, y por lo tanto que involucrara activamente a los actores sociales en la elaboración de esta importante reforma. O al menos, que enfrentara abiertamente el debate para que las legítimas diferencias puedan ser parte de la discusión pública. Pero lamentablemente, hemos visto que se repiten las peores prácticas de la Concertación de los años ’90: cooptación de dirigentes para buscar quebrar al movimiento estudiantil, criminalización de los sectores asociados a su conducción y una discusión política restringida a la política tradicional y al empresariado.

Lo primero ocurre tras el CONFECh del pasado domingo. Tras legítimas discusiones que siempre han sido parte del movimiento estudiantil, dirigentes y ex dirigentes cercanos al oficialismo ni siquiera esperaron que los propios involucradas explicaran lo sucedido. Anunciaron que ahora sí que sí el CONFECh se quebró (quiebre que, por cierto, ha sido tantas veces anunciado por la prensa como las veces que Twitter ha proclamado muertes que han resultado ser falsas), en un intento de profecía autocumplida que en vez de fomentar la necesaria unidad, extrema las diferencias. Y dado que no hay diferencias en torno a las reivindicaciones de fondo -que son justamente donde se explicita la disputa política con el gobierno-, el supuesto quiebre se construye en torno a inventar diferencias donde no las hay, pues el CONFECh siempre ha respaldado a sus dirigentes frente a amedrantamientos, y esta vez no fue la excepción. Que no nos distraiga la alegría con que algunos sectores leen las noticias sobre tensiones internas.

Lo segundo es aún más grave. Para la marcha del primero de mayo, el país se conmocionó por la violencia con la que fue atacado un Carabinero que perdió sus dientes. Justo antes del 21 de mayo, y en base a un montaje tan burdo como son pruebas encontradas en Facebook, se acusa de haber protagonizado el cruento hecho a Bryan, quien milita en el FEL junto a la Presidenta de la FECh, ¡y que ni siquiera había asistido a esa marcha!. Se le allanan sus libros y su computador, se le toma detenido sorpresivamente y de inmediato los principales medios de prensa del país comienzan a acusarlo con el dedo.

Lo último es más típico pero no por ello menos decepcionante. Pese a la enorme cantidad de reuniones con distintos actores que tuvo el ministro de educación, pareciera ser que finalmente las únicas que realmente fueron parte de la discusión y no solamente espectáculos protocolares fueron las sostenidas con los sostenedores de los colegios que lucran y con los partidos políticos del oficialismo y de la derecha. Si no, no se entiende que los únicos matices con los discursos iniciales sean dos: las indemnizaciones que se aseguraron tales sostenedores, y que el fin a la selección dejó de ser tal para los colegios que más seleccionan.

Todo lo anterior decepciona, y hace más que legítima la pregunta de si acaso no son nuevas muestras de que en el corazón de la Nueva Mayoría sigue habitando la Vieja Concertación. Pero la buena noticia es que si bien las prácticas vistas estas semanas son noventeras, el país no es el mismo de los ’90. Así, el CONFECh rápidamente dio señales de fortaleza frente a los rumores que buscaban resquebrajarlo, demostrando que los elementos unificadores siguen siendo mucho más fuertes que las discusiones internas. En la misma línea, Bryan fue rápidamente puesto en libertad, y el Fiscal quedó en ridículo cuando el juez le exigió más seriedad a la hora de levantar acusaciones. Quisiera aprovechar esta tribuna para emplazar directamente al ministro del Interior, ¿qué tiene que decir Rodrigo Peñailillo frente a un abuso tan evidente de la fuerza policial y al claro sesgo político de esta detención?.

La tentación de construir una reforma en forma excluyente no ha sido tan rápidamente doblegada. Pero cuando decimos que el país no es el mismo de los ’90, es justamente en la fuerza y organización del mundo estudiantil donde residen las mayores diferencias. Hoy día los estudiantes son un actor ineludible en la discusión educacional, y la reforma que todos queremos que exista no podrá avanzar si no es en sintonía con las organizaciones estudiantil y con el sueño que ha movilizado a cientos de miles por los últimos años: que la educación se convierta en un derecho social, para lo que es condición necesaria eliminar por completo el mercado en la educación.

Los intentos fallidos de replicar las lógicas noventeras nos muestran un movimiento estudiantil más maduro y un país más despierto frente a algunos abusos. Pero en ningún caso constituyen un triunfo en sí mismo. Ad portas del 21 de mayo, vuelven a estar las condiciones para aclarar que donde hay derechos no hay mercado, que no bastan una sumatoria de reformas parches, y que los lineamientos generales de la reforma educacional deben ser definidos en forma democrática para no terminar con engendros que busquen dejar bien a todo el mundo y simplemente terminen haciendo grandes anuncios para dejar todo prácticamente igual.