Durante menos de tres minutos la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, se refirió al ítem de Cultura en la cuenta pública del 21 de mayo. Y no dijo mucho más de lo que ya conocíamos en sus promesas de campaña cuando era candidata. Más bien, simplemente fue un repaso de lo que pretenden como Gobierno emprender en el área cultural durante los próximos meses. Pero uno (y cuando digo uno, me refiero como actor activo de la cultura del país, en mi caso como escritor) hubiese esperado un poco más, profundizando en alguno de los anuncios.

Dentro de las 50 medidas anunciadas para los primeros 100 días de Gobierno, la “Medida 33”, dice relación con la creación del Ministerio de Cultura y Patrimonio. Nada nuevo. Es decir, se trata de un viejo anhelo de la misma administración Bachelet que en su periodo anterior se comprometió a concretar, pero que nunca envió el proyecto de ley al Congreso Nacional. El Gobierno de Piñera sí lo hizo en mayo de 2013, exactamente hace un año, pero la iniciativa gubernamental recibió un amplio rechazo por parte de los actores culturales chilenos, básicamente porque la propuesta tenía una orientación que dejaba de lado la participación tanto ciudadana como de los propios expertos, porque no presentaba una solución definitiva al desordenado diseño institucional que se viene experimentado desde que se creó el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Tampoco profundizaba en las definiciones en la propuesta y porque poseía un inherente ensalzamiento mercantil con que se estaba considerando a la cultura. Acaso el único que celebró la propuesta gubernamental fue el ex Ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke que, para ese entonces, se encontraba más preocupado de su carrera política más que sacar adelante el proyecto de la cartera cultural.

Hay que tener ojo, porque el proyecto de ley que creará el Ministerio de Cultura y Patrimonio y que actualmente se encuentra aún en la Cámara de Diputados, no es el mismo que envió Piñera hace un año. Si bien es cierto que la iniciativa es similar, no debemos olvidar la serie de indicaciones que se realizaron en marzo pasado a éste. Las críticas y el rechazo que despertaron en distintas organizaciones y actores culturales del país parecen haber quedado atrás tras estas observaciones que realizaron los parlamentarios, entre otras –y acaso la más importante– que la eventual cartera no tendrá como misión “la difusión de la cultura”, sino que de ser el “desarrollo cultural del país”. Además las indicaciones para este nuevo proyecto de ley –que fueron realizadas tras las denominadas “consultas ciudadanas”– apuntan a una definición más clara de cultura y patrimonio; mayor participación tanto de expertos, académicos, pero también de la ciudadanía; reformular el diseño institucional, y la modificación de la Ley 17.288 sobre Monumentos Nacionales.

He escuchado y leído durante las últimas horas a diferentes dirigentes culturales que participaron en el Gobierno de Piñera, defendiendo el legado y argumentando que el proyecto para un Ministerio de Cultura ya estaba presentado, pero insisto, no es el mismo; muy por el contrario, es bastante diferente al que mantuvo en enfrentamiento permanente al Gobierno con las organizaciones del país.

Se aplaude la confirmación que realizó la Presidenta en relación a que el proyecto tendrá que ser consultado con los pueblos originarios antes de enviarlo definitivamente al Congreso, acogiéndose al convenio 169, pues en la raíz del proyecto hay muchísimas temáticas inherentes al patrimonio intangible, aquel que ha estado tan desposeído y abandonado históricamente en el país. Es que una cultura sin reconocer nuestras raíces simplemente no podría ser cultura. Otro de los puntos positivos fue el anuncio de las bibliotecas regionales y la nueva política nacional de museos, de la cual aún no conocemos mayores detalles.

Se echó de menos, eso sí, que la Presidenta se comprometiera a la reposición de las horas artísticas en los colegios –que recordemos– fue disminuido en el Gobierno de Piñera, y que también nos detallara sobre el fomento y el desarrollo de la lectura y el Plan Nacional del Libro. En ese sentido, una vez más quedamos al debe sobre la disminución del IVA de 19% (sonará majadero, pero es la verdad, Chile es uno de los países con IVA a los libros más altos del mundo). La Jefa de Estado dijo que quería convertir a Chile en “un país de lectores”, pero difícilmente podremos posicionarnos al mismo nivel de Argentina, México y otras naciones, si mantenemos este maldito castigo que impera desde la dictadura.

Todos quienes nos dedicamos a la cultura y el arte nacional esperábamos más anuncios en esta cuenta pública, pero bueno, seguiremos soñando y luchando o bien, soñemos despiertos y creamos que todo lo que se nos prometió se va a hacer realidad.