periodistas-rueda-prensaDurante los últimos días la prensa chilena nuevamente ha reforzado el prejuicio que buena parte de la población tiene sobre los periodistas. Primero, la agencia UPI elaboró una nota sobre una menor de edad que se mantenía grave debido a un aborto en el que incluyo su nombre y su dirección, siendo publicada en Publimetro y The Clinic sin mayor reparo. Después, varios medios de prensa publicaron sin empacho la noticia de la detención de Bryan Seguel dándolo como culpable. Finaliza esta seguidilla de errores La Segunda del sábado 24 de mayo, con una portada que recoge orgullosamente la herencia del tristemente célebre “exterminados como ratas” de la dictadura.

De estas anécdotas podemos desprender dos conclusiones lamentables. La primera, es que el ejercicio profesional de los periodistas es extremadamente precario. No solamente no pareciera existir conciencia respecto a los efectos negativos que tienen sobre las personas las noticias que se publican, sino que la vulneración de la ley de prensa y el Código de Ética del Colegio de Periodistas pareciera ser una costumbre. La rigurosidad periodística, pilar básico de nuestra profesión, ha dejado de ser una preocupación para los medios junto con el contraste de fuentes y el respeto básico a las personas, a un nivel que sería impensable en cualquier escuela de periodismo que se precie por sacar adelante buenos periodistas.

La segunda conclusión, es que los mismos periodistas hemos permitido que nuestra profesión sea denostada de manera cotidiana. No solo somos protagonistas de este tipo de situaciones sino que la precariedad es una constante en nuestro ejercicio profesional, junto con bajos salarios, falta total de horarios y otras problemáticas cotidianas. El Colegio de Periodistas, una organización gremial que fuera protagonista de la recuperación de la democracia y la lucha por la libertad de expresión –y que tiene a su haber numerosos mártires de esas luchas-, hoy se encuentra falta de actividad y de capa caída, incapaz por dejación de todos nosotros, de ser una herramienta activa en la defensa de nuestra dignidad como trabajadores y como profesionales.

No estoy diciendo que debemos terminar con la libertad de la línea editorial, o que debemos luchar por instalar una abstracta “objetividad” en los medios de comunicación. Nada más ridículo e irreal. Lo que estoy diciendo es que la información que los profesionales de la comunicación debemos transmitir en nuestro ejercicio profesional debe ser veraz, tal como me lo recalcaron en mi primera clase de periodismo en la Universidad de Chile, cuando me explicaron que la objetividad no existía, pero que la veracidad y el contraste de fuentes eran indispensable para ser un medio de comunicación, y no un panfleto propagandístico.

Hace unas semanas atrás, nuestros colegas de Copesa agrupados en el sindicato N2 votaron la huelga durante el proceso de negociación colectiva que les correspondía. Más allá de los resultados de ese proceso en particular, que les corresponde a ellos evaluar, se realizó una inusitada agitación en torno a la huelga en las redes sociales justo antes de la tradicional marcha del Primero de Mayo, dia del Trabajador, en donde se hizo un llamado a marchar juntos como colegas profesionales durante la convocatoria realizada por la CUT. Valga decir que quienes respondimos al llamado fuimos pocos, extremadamente pocos.

Son muchas las burlas o el desprecio con el que muchas veces se refieren a nuestra profesión y razones parecieran no faltar. Entre la farándula y el afán de impactar sin mayor respeto, hay poco espacio para ese periodismo audaz, veraz, valiente, con el que se construyó la profesión en su momento. Hoy los diarios y la televisión parecieran solo una ventana más en la que se ven plasmados diariamente las diferencias sociales y las injusticias, no como una denuncia, sino como una realidad avalada.

Solo daré dos ejemplos entre muchos para ilustrar este punto: El primero es el contraste brutal y violento entre la cobertura que se le entregó a la atroz tragedia de la muerte de las jóvenes estudiantes del Colegio Cumbres en el norte, y la entregada a la terrible muerte de 81 personas en la Cárcel de San Miguel. El respeto que se vio en el primer caso por el dolor de los familiares fue muy diferente a la actitud que pudimos ver por parte de los medios de comunicación en el segundo caso, que terminó con una colega siendo golpeada en las afueras de la cárcel.

El segundo caso, es el tratamiento que Informe Especial en particular, y la prensa en general, le otorgaron a la noticia de la muerte de Mauricio Morales. Para las peores páginas de la historia del gremio en el país quedará la imagen de los restos humeantes del fallecido transmitida por las pantallas de TVN sin ningún respeto por los familiares y amigos de él. No cabe duda de que es la clase social, el factor central en la diferencia en el trato que los medios otorgaron en estos ejemplos lamentables de falta de profesionalismo en el periodismo nacional.

Es hora de que los periodistas le demos nuevo impulso a nuestra organización gremial, de transformarla en una herramienta verdaderamente útil al servicio de la dignidad de nuestro trabajo, y en defensa de nuestros derechos como trabajadores. Debemos poner en discusión cual es el rol que como comunicadores cumplimos en la sociedad, y por sobre todo, recuperar el profesionalismo como carta de presentación de nuestro gremio. No sirve de nada la trayectoria personal cuando es nuestra profesión la que está cuestionada.

 

*Felipe Ramírez es Periodista de la Universidad de Chile. Fue presidente del Centro de Estudiantes de Comunicaciones 2011 y Secretario General de la Fech 2012.