El pasado fin deimages semana la zona norte de nuestro país fue azotada por un frente de mal tiempo que dejó cortes de caminos interurbanos, cortes en pasos fronterizos y daños a la población local. La zona afectada comprendió las regiones de Tarapacá, Antofagasta y Atacama, tras lo cual la ONEMI decretó una Alerta Roja que duró hasta ayer. La inusual situación trajo consigo precipitaciones en forma de nieve en diferentes sectores cordilleranos, incluyendo a San Pedro de Atacama.
En el sector de San Pedro, y particularmente en ciertas áreas cordilleranas de la zona norte, las precipitaciones tienden a concentrarse históricamente durante los meses estivales, debido al llamado “invierno Boliviano” que se manifiesta año a año en el altiplano de Perú, Bolivia y Chile. No obstante, durante el invierno del año pasado, se registró una situación similar en la localidad con precipitaciones en forma de nieve.

¿Cómo es posible entonces que en el marco de un déficit hídrico existan episodios extremos? Al analizar la información disponible nos encontramos con un patrón común, el cambio climático. Diversos expertos, incluyendo un estudio de modelación climática de la Universidad de Chile, aseguran que uno de los efectos que tendrá el cambio climático sobre nuestro país será “correr” hacia el sur la línea de las precipitaciones. Es decir, zonas que antes tenían un régimen semi árido pasarán a ser zonas áridas. Estos efectos, sin embargo no necesariamente han traído consigo una disminución total de las precipitaciones anualmente. Hay quienes coinciden en la idea de que no es que necesariamente llueva menos, sino que lo que las precipitaciones son más concentradas, tal como lo ha señado Reinaldo Ruiz, Delegado Presidencial para los Recursos hídricos. Un claro ejemplo de esto fue el frente de mal tiempo que se vivió el fin de semana en la zona norte, en donde una gran cantidad de precipitaciones se concentró en 48 horas, lo que generó daños y más de dos mil seiscientos afectados. Las consecuencias de esta variación climática pueden ser graves, especialmente en la zona norte. Debido a la escasa vegetación presente, no existe suelo capaz de retener tal cantidad de agua en cortos períodos de tiempo, lo que puede ocasionar aludes y transformar en verdaderos ríos quebradas que antes permanecían secas. Ejemplo de ello es la situación que se vivió durante el año 2013, donde sólo durante el mes de febrero se registraron 80,1 milímetros de agua en la estación ubicada en San Pedro de Atacama, siendo que durante todo el 2011 cayeron apenas 7,2 milímetros. Esto situación ocasionó anegamientos e inclusive un aluvión en Toconao.

Este nuevo escenario, que poco a poco irá cambiando las condiciones climáticas de diversos territorios de nuestro país, ha generado un gran perjuicio al desarrollo de la agricultura local de micro y pequeña escala y está repercutiendo sobre el medio ambiente en su conjunto. Diversos actores han manifestado la aparición de eventos climáticos críticos como una de las principales consecuencias “visibles” del cambio climático.

Por este motivo, la sequía en nuestro país no parece estar determinada necesariamente por la cantidad de agua que precipita, sino por la estacionalidad y distribución de esta agua. Por ende, sólo sabremos si Chile superó la emergencia en el mediano plazo.

Nuestro país está sometido a constantes desastres naturales, y todo parece indicar que con el pasar de los años los efectos del cambio climático se dejaran sentir de forma más aguda sobre la población y el medio ambiente. Es aquí donde vale hacerse la pregunta si estamos preparados para enfrentar los desastres naturales que serán cada vez más continuos. La solución al problema puede estar en una planificación territorial adecuada, pero para eso debemos debatir con directrices a largo plazo y apoyados fuertemente en la investigación científica. Por el momento, todo parece indicar que eventos como el del norte dejarán de ser hechos aislados y pasaran a ser parte de las condiciones climáticas propias del sector.