olga ulianova-¿Cómo observa los resultados de las elecciones en el Parlamento Europeo donde los análisis muestran un avance de la ultraderecha acompañado de un retroceso de la socialdemocracia?

“En primer lugar son resultados de la crisis económica y social que se vive en Europa en los últimos años, y también es el resultado de la situación que se dio en las últimas décadas, cuando, tanto la centro derecha europea, que era el Partido Popular de Europa, como la socialdemocracia, abrazaron el mismo proyecto socioeconómico y político; el proyecto neoliberal. La socialdemocracia lo hizo bajo el nombre de la Tercera Vía, y en definitiva se llegó a una situación en la que se hacía muy difícil encontrar la diferencia entre la derecha y la socialdemocracia. Eso ocurrió entre los 90 y el 2000”.

“Este bipartidismo que existía en las décadas anteriores ya dejó de funcionar porque en verdad no había diferencia entre unas y otras. Por otro lado, como la crisis ya estaba prolongándose por mucho tiempo, esto desbancó a unos primeros y después a otros. Tenemos el caso de Francia, que es el más notorio, con el triunfo de Marine Le Pen en las elecciones y de la ultra derecha xenófoba. Claro, el primero que cayó en Europa hace algunos años atrás fue la centroderecha con el gobierno de Sarkozy, porque los socialistas ganaron las elecciones. Pero a pesar de ciertos intentos de paliar los efectos de la crisis, los socialistas no pudieron cambiar mucho dentro del mundo actual, y la crisis hoy día sumó una nueva víctima que son los socialistas. Y en España pasó al revés. Primero cayó el gobierno de Zapatero, el de la socialdemocracia que también estaba aplicando las políticas de ajustes neoliberales. El PSOE no logró recuperar las confianzas y vemos que el Partido Popular tampoco satisface”.

“En España lo que vemos es otra tendencia que va junto con el crecimiento de la ultra derecha, que también se ve en Grecia, con el avance de una izquierda nueva y distinta. En el caso español es el Podemos, que es heredero del movimiento social de 2011, del 15M, y en Grecia, con el hundimiento formal de la centro derecha y centro izquierda tradicional, vemos en primer lugar el triunfo de Syriza, la nueva izquierda que viene de las protestas de 2011, y por otro lado el crecimiento de la Flecha Dorada, que es el fascismo abiertamente”.

“En todos estos casos, las fuerzas moderadas democráticas que formaban parte de la institucionalidad, eran parte de un duopolio aunque allá no lo digan así, son las que de una u otra forma administraron el modelo del Estado de Bienestar y sufrieron los embates de ciertas instituciones neoliberales entre los 90 y el 2000 que lo llevaron a la crisis. Y como víctimas de esta crisis caen”.

“Respecto del avance de la izquierda, lo que se demuestra es la enfermedad tradicional en sus divisiones. En el caso de España, Podemos e Izquierda Unida van por separado, que son las fuerzas a la izquierda del PSOE. Si hubiesen ido juntos, otros habrían sido los resultados. En el caso de Grecia, si Syriza y el PC griego hubiesen ido juntos, también habrían tenido resultados importantes”.

–  ¿Cuál es la diferencia entre la ultraderecha y la izquierda a la hora de enfrentar la situación de Europa?

“Ambas son muy críticas, pero desde la izquierda se cuestionan los procesos europeos más bien por la forma como se llevan. En el momento de la crisis, el sentimiento común era buscar el culpable afuera, y creo que la situación europea presenta excelente posibilidades para esto, porque en vez de cuestionar cuáles fueron los problemas al interior de cada país, la misma construcción de la Unión Europea presenta este caldo de cultivo perfecto para achacarle a los procesos de integración la culpa de la crisis. Como una búsqueda de chivo expiatorio, y creo que se da tanto por la derecha como por la izquierda. Mientras del derecha va con las banderas del nacionalismo, la izquierda pone sus banderas contra el monstruo del neoliberalismo que destruyó las economías débiles. Esto se entiende casi como un proceso colectivo psicológico”.

“No necesariamente estas elecciones reflejan cambios en el conjunto de la ciudadanía europea, porque son las elecciones europeas. No son las elecciones de los órganos de poder nacional ni local. Son esas elecciones donde tradicionalmente vota poca gente y vota más por los partidos, en general gente más politizada, los más enojados. Son votos de protesta. No estoy segura que los grupos que votaron por la ultra derecha o por la izquierda radical votarían por ellos mismos en las elecciones nacionales, porque en ellas lo harían de todas maneras por las fuerzas más moderadas”.

-¿Se puede tildar este resultado como un fracaso histórico de la socialdemocracia?

“No, no. Primero, en historia no hay nada definitivo; los procesos son evolutivos y las cosas van y vienen. La socialdemocracia europea tiene 150 años de vida, ya la habían enterrado muchas veces y después reaparece. Europa no llegó a una situación de crisis tan aguda para que las formas de salida sean tan radicales ni violentas, o armadas. Europa no está en eso. Pero de todas maneras, es necesario que alguien exprese las demandas sociales. La social democracia ha tenido que resurgir de múltiples formas, y yo creo que tendrá que repensarse, precisamente después del planteamiento de la tercera vía que se hizo en los 90. Pero la socialdemocracia puede buscar en su propia historia y etapas de dónde sacar ejemplos para resurgir a partir de ellos”.