Parece cuento viejo. El mundo está viviendo una de las mayores transformaciones climáticas en su historia y los seres humanos somos la causa. Pero, para fortuna de todos, existe luz y claridad allí donde sólo abunda un paisaje gris. Son ideas y personas que sobresalen al conjunto y que han impulsado una nueva generación de inventos tecnológicos. Al proyecto de Scott y Julie Brusaw sobre Solar Roadways”, se le suman una serie de novedosos inventos, entre los que destacan un avión que funciona con energía solar y un cargador de celulares que se conecta a una planta. El mundo, a diferencia del nombre original dado a la industria de los transgénicos en 1940, está viviendo una verdadera “revolución verde”.

Solar Impulse 2 

solar impulseBertrand Piccard es la típica encarnación de magnate aventurero. Ya en el 1999, el aeronauta suizo se había hecho famoso por ser el primero en dar la vuelta al mundo en un globo aerostático sin escalas. La travesía, que duró 19 días y fracción, llevó a Piccard por 46.759 kilómetros, batiendo el record de permanencia en el aire y consagrándolo como un hombre de retos.

Su nuevo desafío, el Solar Impulse 2, es un avión que funciona a través de energía solar con el cual pretende dar la vuelta al mundo durante el próximo año. El invento, que tienen la envergadura de un avión comercial y el peso de un auto, funciona con 100 por ciento con energía limpia, y puede operar también durante la noche gracias a baterías que acumulan la energía solar del día. Durante el año pasado, el proyecto recorrió exitosamente Estados Unidos, en una versión más pequeña del avión. El Solar Impulse 2 tiene una capa hecha de fibra de carbono que posee 17.248 celdas solares, posee una envergadura de 72 metros, pesa 2,4 toneladas y tiene una capacidad para dos pasajeros. Al contrario de lo que se podría pensar, la idea de Bertrand no es sólo dar la vuelta al mundo como un nuevo hito aventurero, sino que posicionar a esta tecnología como una posibilidad real para el vuelo de una aeronave. Al respecto, Piccard señala que “un avión de este tipo es absolutamente único y, por primera vez en la historia, tenemos un avión que está volando sin combustible día y noche, mostrando el increíble potencial de las tecnologías limpias”.

Bertrand viene de una larga y conocida familia de aventureros. Aguste, su abuelo paterno, alcanzó los 3.150 metros de profundidad con un batiscafo, con los que fue pionero en su diseño y fabricación. Años más tarde, llegó a ser el primer ser humano en observar la curvatura de la Tierra, al alcanzar los 16.201 metros de altitud con un balón estratosférico en 1932. Su padre, por otra parte, alcanzó el récord de profundidad en 1990, llegando a los 10.911 metros en la fosa de las Marinas, el que se mantuvo hasta el 2012.

El proyecto tuvo que lidiar con muchos detractores, quienes intentaron aplastar el sueño del Solar Impulse, pero el equipo no se dio por vencido. El proyecto, en el cual también participa André Borschberg, ingeniero y co-fundador del proyecto, ya está viendo la luz. Durante el día de ayer, el avión logró realizar un vuelo inaugural de dos horas, dando el puntapié inicial a una serie de otras pruebas para concretar la hazaña final durante el 2015.

UpaChalupa 

Carola Teixidó y Victor Millán son una pareja de chilenos que decidieron emprender un nuevo rumbo en sus vidas. Provistos de una casa rodante y un sueño por delante, están tratando de recorrer la Panamericana desde Alaska hasta la Patagonia chilena, manejando más de 40 mil kilómetros y recorriendo 17 países. ¿La gracia? Pretenden hacerlo con aceite usado de frituras. El proyecto se llama UpaChalupa y consiste en una casa rodante montada sobre una camioneta, la cual se encuentra modificada para funcionar en base a aceite quemado.

Actualmente los jóvenes aventureros se encuentran en Chiapas, México, yupa chalupa a pesar de que la travesía original contemplada para un año se extenderá por seis meses más, continúan persiguiendo su sueño. Según relatan, la primera parte del viaje fue más fácil, ya que recibieron una donación de 1.400 litros de aceite vegetal quemado. Esto les permitió llegar hasta Alaska y volver a Canadá, aunque al llegar a Estados Unidos la historia fue distinta. En el país de la fritura, hace mucho tiempo que reciclan el aceite quemado para producir biodiesel, por lo que casi todos los restaurantes poseen contratos con empresas que retiran y transforman este desecho. De este modo, el panorama fue más complejo de lo que pensaron. Según relatan Carola y Víctor, “nosotros pensábamos que en Estados Unidos iba a ser muy fácil encontrar aceite de cocina usado, ya que es famoso por ser el país de la fritanga, pero después de golpear varias puertas y recibir una respuesta negativa fue bastante frustrante y desalentador”. Sin embargo, finalmente consiguieron tres donantes de aceite, gracias a la ayuda de un sitio web que los ayudó a promocionar su viaje. Esto les permitió cruzar hasta México, donde nuevamente se enfrentaron al mismo problema. Al parecer, allí no se acumula el aceite, por lo que cada vez que intentaron buscar ayuda en negocios y lugares de comida no encontraron nada, pues todo es enviado directamente a la basura.

Victor y Carola llevan más de 300 días en ruta y 26.934 kilómetros recorridos, de los cuales 20.792 los han realizado con aceite quemado, equivalentes a 3.780 litros de aceite reciclado. La iniciativa cuenta actualmente con el patrocinio de algunas empresas y con el apoyo de cientos de seguidores. El plan es finalizar su recorrido a mediados del próximo año.

E-Kaia 

E-KeiaProbablemente todos hemos pensado en algún momento en lo genial que sería enchufar algo en la tierra. Al parecer, en el futuro esto no será imposible. E-Kaia, o “energía de la tierra” en griego, es una revolucionaria tecnología inventada por tres ingenieras chilenas que permite cargar dispositivos electrónicos con la energía provenientes de una planta, la tierra y el sol. El invento, creado por Evelyn Aravena, Camila Rupcich y Carolina Guerrero pretende ser el futuro de la electricidad doméstica.

Tuvieron que pasar tres años de investigación para que la idea se pudiera materializar. E-Kaia, consiste en un circuito biológico que canaliza la energía natural y permite que equipos electrónicos, principalmente celulares, se puedan cargar sin depender de una red eléctrica. La iniciativa, que ha sido probada principalmente con planta de la moneda o crásula como fuente energética, permite generar cinco voltios y 600 miliamperios de energía y cargar un celular en aproximadamente una hora. Según ha señalado Evelyn, “es una planta energética que está sobre un macetero común, con tierra normal, pero que en su interior dispone de un circuito con algunas salidas a la superficie. Las cualidades del circuito son el gran secreto de todo”. Esto debido a que aún están tramitando la patente comercial, lo que les permitirá buscar interesados en el producto.

Para que E-Kaia viera la luz se necesitó mucho trabajo e investigación, el cual nunca contó con apoyo externo. Según relata Carolina, “en un principio nos desmotivó mucho que nos menospreciaran e incluso se rieran de nosotras por creer en algo que no existía ”. Por este motivo, al igual que en el caso de Solar Impulse, las amigas tuvieron que remar contra la corriente, salvo que esta vez con mucho menos presupuesto.

La tecnología ha sido probada en diversos árboles, y según señalan sus creadoras no afecta el proceso natural de la planta. La idea es que el prototipo siga avanzando para poder genera más energía, así en un futuro podría ser usado para conectar un notebook o un televisor. Este invento puede revolucionar la industria eléctrica, por lo que esperemos que sea el primer paso hacia el ahorro energético y la conservación del medio ambiente.

Video del Solar Impulse