En San Pablo habitan en su municipio central cerca de 12 millones de personas y en su cono urbano unos 21 millones, en un área de 1.523 kilómetros cuadrados, lo que significa 2,5 veces el territorio del Gran Santiago.

Los datos aportan en algo la mirada de cómo uno debe moverse en esta ciudad. Todo queda a una o dos horas de viaje y más cuando vives en los municipios aledaños al central. Intentar ir a dos lugares en un mismo dia le ocupa a cualquiera media jornada y a veces el dia completo si lo trapa un taco gigante en kilómetros o si el servicio de metro y/o buses metropolitano se encuentran con huelga o movilización de sus trabajadores.
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Eso lo vivieron Michel Platini (el presidente del fútbol europeo) y algunos dirigentes de la FIFA al llegar a la capital del estado paulista, en una jornada con el transporte subterráneo en paro y las calles repletas de autos porque suspendieron la restricción vehicular para enfrentar la manifestación. Un par de horas estuvieron atrapados, en una ciudad que cuenta con unos siete millones de automóviles. Quizás debieron utilizar alguno de los cerca de 500 helicópteros de la flota urbana y uno de los 272 helipuertos.

La urbe, fundada el 25 de enero de 1554, se desarrolló a 760 metros sobre el nivel del mar y gracias a una misión jesuita que creó la Villa de San Pablo de Piratininga, especialmente pensada para establecer un colegio entre dos ríos.

Su arquitectura posee un desarrollo sin planificación -acrecentado por la creatividad de particulares y empresas-, por lo que confluyen estilos diversos, tanto como un desorden. Un condominio de lujo junto a un centro de acopio de reciclaje, al lado de un conventillo, frente a una calle con sus dos sentidos separados por un bandejón arbolado en altura, muy cerca de un paso nível con túnel, que algo más allá posee un paradero de micros junto a la vereda y que está frente a un hospital, a pocas calles de un parque que contiene el Centro Cultural de San Pablo y una estación del metro.

Acá tomar una micro hacia una zona obliga a saber de antemano la forma de regreso, pues a excepción de limitadas vías, el bus no tendrá un retorno a su base en sentido contrario. No es cosa de bajarse y volver en el mismo recorrido, porque se puede terminar en otra zona. La ausencia de un trazado en damero contribuye a este formato, que incluye un aeropuerto de vuelos nacionales casi en el centro de la ciudad, en un entramado difícil de resolver de avenidas, viaductos, túneles, puentes y autopistas de alta velocidad.

La rodovía más particular es la llamada Ayrton Senna o SP-070 (ex vía Leste), en honor al fallecido piloto de fórmula uno brasileño y sanpaulista, que se extiende por 48,3 kilómetros y en determinadas zonas posee un límite de velocidad de hasta 120 kilómetros por hora, y solamente de 100 kilómetros por hora en el eje interior de la capital estadual. Es un homenaje de riesgo pleno.

San Pablo se desarrolla entre grandes y pequeños cerros. Su punto más alto cuenta 804 metros sobre el nivel de mar y en sus puntos más bajos convive con los ríos Pinheiros y Tiete, alrededor de los cuales se desarrollaron circunvalaciones que sirven de zonas de descongestión para los vehículos.

En los barrios ricos las murallas no permiten rejas y uno debe intuir el tamaño enorme y a veces desmedido de las mansiones. Todas cuentan con guardias privados que se ubican en casetas con vidrios antibalas y polarizados. Ver hacia el interior de una vivienda depende de la suerte de pasar por ahí cuando alguien abandona el lugar y se abre el portón automático. Los adinerados incluso suelen viajar en automóviles blindados y con guardaespaldas.

En las favelas los pobres a veces no tienen muros ni en las casas, ni tampoco espacio para algo más que las camas y los baños. En Sao Paulo la desigualdad a veces campea en distancias tan breves como un par de calles, aunque sea la urbe latinoamericana con mayor PIB -más todos esos índices macroeconómicos- y que tiene la reputación de centro de turismo financiero.

Es la ciudad que el viernes 12 vivirá la inauguración de la Copa del Mundo con Brasil y Croacia abriendo las disputas en la cancha del Itaquerao, un estadio sin terminación fina, cuya obra costó 500 millones de dólares y se ubica en una de las zonas más humildes. Otra muestra de su inconmensurable complejidad.