Como un preámbulo a este ensayo, me gustaría mencionar algunas cuestiones de método que considero importantes en el análisis que presentaré. El texto discute implícitamente concepciones foucauldianas y marxistas, sobre el poder, la organización y las relaciones de fuerza sobre una política de vida, como es la sexualidad y su consiguiente gestión y producción como objeto que produce verdades desde un plano estatal hasta llegar a las políticas de conducción de conducta de los sujetos. Evidentemente estas concepciones están siempre en discusión. De allí, que se acepta la existencia de una estructura que resulta estructurante para los individuos, pero las distintas fuerzas que están en juego, y la capacidad de producción de los individuos, siempre remecen la estructura: son participantes aún cuando la acción sea siempre resultado de un producto histórico, social, cultural, con todas las particularidades que le componen. Una inquietud personal, es que pretendo aportar al debate de izquierda, sobre la configuración de ciertos bloques políticos, analizando el problema del conservadurismo en la sociedad chilena, pero al conservadurismo como política de ciertos sectores. Creo que hoy una postura anticlerical que responsabiliza directamente a la iglesia católica por el conservadurismo, no entiende la articulación de fuerzas que posibilitan una política conservadora con bloques, y sectores en pugna actualmente. Más bien, es la complejidad la que permite producir políticas concretas, que escapen a la propaganda, o más bien a entendimientos simples. Debemos argumentar por qué queremos una separación efectiva de la iglesia con el Estado, pero esta demanda puede ser corta, si no desarrollamos un mapeo efectivo de qué es lo que nos enfrentamos, sobretodo con un movimiento feminista emergente, que puede gozar de fuerza si es que se lo propone y proponerse objetivos claros frente al gobierno de la nueva mayoría y las derechas (hoy completamente divididas).

 

Introducción:

En el marco de las discusiones del proyecto de ley de identidad de género, lo cual facilitaría el cambio de género (y eventualmente de sexo para quien lo desee), y no solo de éste proyecto, sino de aquellos que “tocan” la igualdad civil de personas no-heterosexuales, han salido del clóset todos quienes pregonan una política contraria a los derechos de personas no-hetero y también de las mujeres. Contrarios a la idea de una diversidad sexual, sectores de la política, principalmente conservadores, dan una batalla desde muchos lugares para evitar la obtención de estos derechos. Desde evangélicos que predican del fin del mundo a Bachelet, a otros que montan verdaderas campañas de evangelización como “Vuélvete a Cristo”, o “CredoChile”, oponiéndose al proyecto de vida en pareja, y al  de interrupción temprana del embarazo (pues no es el aborto lo que se discutirá en el parlamento), empapelando de un verde intenso, y con la foto de una guagua perfecta y una familia blanca, las calles de Chile. También la protesta “lais” frente a la moneda, donde jóvenes y escolares de origen burgués protestaban a favor de la vida y de los “derechos del que está por nacer”.

 

La política medieval de prevención del pecado

Las campañas de este tipo son conocidas. Verónica Feliú, en un interesante artículo del año 2007 donde cuestionaba la idea de que Chile era feminista solo por tener una presidenta mujer, explica las maneras en cómo en la postdictadura, la política de género y los derechos civiles de mujeres y personas no-heterosexuales, fueron cercados por los sectores conservadores, y poco defendidos por la concertación. Entre las estrategias de oposición que nombra Feliú, recuerda la campaña para oponerse al divorcio durante los 90’s. A  años del nuevo milenio, en Chile se hablaba de temas medievales como el fin del mundo, y con una campaña tan potente por parte de la iglesia católica, iglesias evangélicas, las derechas de ese entonces y la democracia cristiana (integrante de la Concertación y actualmente de la Nueva Mayoría), orquestada por El Mercurio, alarmaban respecto a la caída del pilar fundamental de la sociedad: la familia.

Aún cuando estudios mostraran lo contrario, pues era sabido que ya a esa fecha, vivir en convivencia se establecía como una tendencia en las familias chilenas, la cantidad de familias re-compuestas no era nueva. Una ley de divorcio no apuraría lo que ya se apuraba en la realidad de la población. Uno de los últimos trabajos del sociólogo José Olavarría, presentado en una conferencia reciente de la IASCS (International Association for the Study of Sexuality, Culture and Society), problematizaba sobre unos resultados de encuestas, donde el diagnóstico profundizaba esta tendencia, daba a entender que el vínculo de la pareja conyugal como seno de la familia en Chile, también se caía a pedazos. Esta flexibilización de las relaciones al interior de la familia, se relaciona con el desarrollo del modelo neoliberal y por consiguiente, de la política neoliberal al interior de estas relaciones, las transformaciones actuales no tienen que ver con la caída de uno de los pilares fundamentales, sino de las posibilidades de las personas para establecer relaciones de este tipo en el sistema neoliberal. No es un tema valórico netamente, sino parte de un proceso histórico, cuya producción reside en la subjetividad que emana de la relación entre los individuos y el sistema social.

Volviendo: el asunto era insistente. Esta misma orquesta fue la que musicalizó durante la primera mitad de los 90’s la salida de un proyecto de educación sexual llamado JOCAS (Jornadas de Conversación en Afectividad y Sexualidad), el cual permitió una producción desde los jóvenes a construir formas cooperativas para la educación sexual. La orquesta musicalizaba que era escandaloso, pues jóvenes montaban obras de teatro para concientizar sobre el cuidado en la sexualidad: Incitaba al pecado y promovía la promiscuidad. Esta orquesta alcanza su sinfónica en el Chile del siglo XXI, pone en serios aprietos a Bachelet, su capacidad de gobierno sobre estos temas, era simplemente estéril, y esto se relacionaba con la desarticulación feminista de esos años, aún cuando grupos activistas se manifestaban, su capacidad de movilización en aturdida población chilena de la postdictadura, era menor a lo que es ahora (el 8 de marzo es un ejemplo de que el feminismo ha salido de los sótanos). Esto sumado a su incapacidad de llevar adelante una agenda de género con el sector de centroizquierda que le respaldara, sumado a los favores políticos de la concertación con la iglesia católica y evangélicas. La sinfónica tildaba de abortiva la píldora del día después, lo cual desata todo un conflicto entre el ministerio de salud, y las poderosas influencias de los sectores conservadores. Verónica Valdés, a lo largo de sus trabajos ha problematizado sobre este asunto, analizando cómo el discurso conservador gobernaba toda voluntad política: anulando la posibilidad de quienes necesitaban de la píldora del día después, accedieran a ella. La problemática se instala en un Chile que incrementaba sus cifras del embarazo juvenil, según encuestas de INJUV, una tendencia a que fueran a más temprana edad. José Olavarría, advierte, este es un riesgo en las mujeres más jóvenes y de sectores populares, pues incrementa la pobreza y por ende, estanca los proyectos individuales o grupales de los jóvenes entrando abruptamente al mundo del trabajo flexible, yo agrego: sin capacidad de surgir, con un entramado que somete a la clase obrera a la dictadura patronal sellada por Pinochet en su constitución del 81’ y el código del trabajo de los Chicago Boys.

Bonnie Scheppard, consultora de grupos activistas religiosos a favor de los derechos sexuales, el año 2004, publicaba un concepto novedoso acerca de lo que ocurre con la política conservadora de la sexualidad y su relación con las y los jóvenes, llega a la conclusión de que lo que se activa en Chile es una estrategia política de “Prevención del Pecado”. De esta manera, la política conservadora tendría un “reinado” que traspasaría incluso “las dos caras del Estado”: establecería un control y régimen sobre el cuerpo oficial del Estado, y además establecería este régimen de control en el campo de la “cultura legítima”, afectando los contenidos impartidos en educación sexual, y resguardando, siempre la autoridad de estos sectores, resguardando siempre su lugar de enunciación, convirtiéndole en una especie de “gran hermano”.

Un aspecto importante sobre esta política es su gradiente “biopolítico”, es decir de una política sobre la vida que traspasa el Estado para convertirse en guardiana de un orden que hace la siguiente asociación: sexualidad=reproducción, con la salvedad de que en el neoliberalismo, la sexualidad comienza a ser “asunto de cada uno”. Y no, no es así. Por ejemplo: El debate de la píldora del día después enciende una serie de posiciones con las que son definidas la vida y la muerte en la población chilena. Definiendo estos campos, entonces, la muerte significada en el aborto, anula la posibilidad de vida (y de calidad de vida) de las mujeres que deseen abortar, sea cual sea la razón, pero sobretodo: anula la capacidad de vida de mujeres que se encuentran con problemas de muerte en el embarazo. Asesina afectivamente la vida de mujeres que deben cargar con una masa de órganos que no podrá vivir luego del parto. Se defienden dos actos: el parto y la tortura de tener 9 meses un ser inerte en el vientre.  La decisión entre seguir con esa masa inerte y morirse simplemente no existe: No hay derecho a la vida para una mujer mientras esté embarazada, solo derecho a muerte, pues, al parecer una mujer deja su cuerpo cuando tiene otro cuerpo dentro.

Es así que podríamos decir que en los últimos 25 años, esta orquesta ha sido la misma de siempre y se trata de un sector político conservador, que resguarda entre otras cosas un orden específico de la heterosexualidad, un control político sobre el cuerpo y las decisiones de las mujeres, y mantienen un régimen de desconocimiento sobre la sexualidad, que entre otras cosas, sostienen la homolesbotransfobia, al mismo tiempo que anulan la posibilidad de igualdad civil de personas que no sean heterosexuales. Esto es la influencia del “bloque conservador”.

 

De la relación entre control, bloque conservador y los intereses de clase

Pero este bloque conservador no existe en tanto, configuración discursiva o lenguajeada del poder, existe en tanto, ligazón capital – grupo social – discurso. Mantener el orden heterosexista ¿qué significa?, ¿es simplemente un recubrimiento discursivo, o de tal potencia que es indisoluble?, por qué no se podría localizar los agentes de estos discursos, tienen vínculos: el capital. Las redes de poder, bien descritas por ejemplo, por la periodista María Olivia Monckeberg, que analiza los vínculos de negocios, de los sectores ultra católicos en Chile, las relaciones de influencia que tienen, dan cuenta de estas relaciones entre fuerza, política y poder. Últimamente quienes reclaman solo la soberanía del discurso, niegan la posibilidad que abre el entendimiento de estos vínculos con el control de la sexualidad. En algo estamos de acuerdo: no es lineal. Teóricos clásicos del marxismo [Lenin y Trotsky], hablaban de un problema que azotaba (y aún lo hace), la sociedad moderna: el de la marginalidad, por ellos descrito como esos grupos obreros que no accedían al trabajo y se mantenían en la máxima exclusión social. A estos sectores se les llamó “ejércitos de reserva”,  a los cuales la burguesía acudía toda vez que se agotaba la fuerza de trabajo. Es así que la acumulación de cuerpos, si está relacionada con la acumulación de capital, la acumulación de capital sería a la par con la acumulación de cuerpos (como afirmaría Foucault en la segunda mitad del siglo XX). Esta acumulación de cuerpos ¿qué la produce?, la reproducción, y qué produce la reproducción ¿por qué interesa tanto defender al bloque conservador un tipo de derecho soberano sobre “la vida”?. La defensa en tanto, es contradictoria, toda vez que no se cuestionan las formas en cómo las personas viven la vida a propósito de la riqueza y la buena vida de otras. Para eso entonces, existe la solidaridad, la adopción de otros cuerpos, la caridad, la beneficiencia de las fundaciones. Por tanto el interés sobre la vida, debe estar relacionado a la acumulación de cuerpos, que se traduce a su vez en acumulación de capital. Si eso no existiese ¿entonces por qué los valores del bloque conservador son resguardados con tanta fuerza?, ¿o son matrices que componen la sociedad de clases y mantienen la desigualdad? El gobierno de este bloque no es solo un efecto corrosivo del poder, sino de sus mismos intereses de clase, no es un fanatismo hetero, no es un machismo tal por cual: es la defensa de un tipo de vida que produce tales prácticas, de un sistema que se sostiene por tales prácticas.

Esto último tampoco quiere decir que ser de derecha es igual a ser conservador, Por ejemplo, Valentina Verbal de Evópoli ha hecho quizás, más lucha política contra los puntos más reaccionarios del proyecto de ley de identidad de género, que muchos en la izquierda. El partido comunista incluso aplaude este proyecto, no he conocido, yo al menos, algún pronunciamiento en contra de la base medicalizadora que argumentan los parlamentarios de derecha opositores a este proyecto (Jacqueline Van Rysselberghe (UDI) y Manuel José Ossandón (RN)) de la ley de identidad de género.  Valentina Verbal lo ha hecho, porque sabe. Por lo mismo no ocupa grupos conservadores, aún cuando esté en la derecha. El planteamiento ante este tema es esencialmente desde los derechos humanos: algo completamente nuevo en la derecha, por algo se fraccionaron. Claramente, atacar la mirada biomédica, o incluso psiquiátrica sobre la población transexual, no significa una defensa de clase. Yo me pregunto, si se está de acuerdo con la economía de mercado y con una regulación del sistema neoliberal, ¿qué pasará con las trans que viven la misma realidad de todxs lxs trabajadorxs chilenos?, ¿qué intereses defenderá Verbal y Evópoli cuando se toquen los bolsillos del empresariado? Tenemos que ver cómo actúa en ese límite la política de Verbal. Lo que no cuestiona Valentina Verbal, es el carácter de este tipo de leyes en el contexto actual: estamos en desventaja ¿cómo acatamos una ley tal sin antes exigir la igualdad civil?, ¿y los problemas de clase?, pues no es solo el problema acerca del acceso a la vía clínica para el cambio de sexo, también hay otros económicos, de derechos incluso, de cuestiones mínimas como el derecho a un trabajo acorde a las débiles protecciones que impone el código laboral chileno: lo que se conoce como discriminación negativa en sus amplios términos, son producidos también por condiciones materiales de existencia, por tanto un cambio profundo debe plantearse desde esta premisa.

Es violento que el Estado vigile sigilosamente la historia clínica de un/a sujetx, para tomar la determinación: este sí, este no. Tal posición es bien defendida por personeros de la derecha, las indicaciones al proyecto de ley hechos por Manuel José Ossandón de Renovación Nacional y Jacqueline Van Rysselberghe (UDI), son completamente reaccionarios, toman una lectura desde una lógica de separación sexo/género. Que estos proyectos se articulen en una relación de fuerzas donde claramente, estamos en desventaja, pues no tenemos igualdad civil, solo soluciona un problema cosmético, pues también desean anular el derecho a casarse de estas personas.

De todos modos, pienso que el problema de fondo con el proyecto de ley de identidad de género de la Nueva Mayoría, es que se iguale mientras se intente des diferenciar el sexo/género. Es decir la autonomía de la persona para decidir su género, tendrá que ir acompañada de un cambio radical en el cuerpo: la extirpación de genitales, el agregado de otros, y el juicio de un agente calificado para certificar la diferencia de una persona. Demuestra la violencia del género mismo, la imposición de una forma transexual médica, no basados en los derechos humanos. Derechos que no tenemos.

 

El bloque conservador y sus colaboradores políticos

Evidentemente este bloque conservador se sostiene y se legitima, pues ha existido otro bloque que le da oxígeno. Hablo de las responsabilidades políticas de los gobernantes luego de la dictadura, quienes mantuvieron, entre otras herencias de la dictadura, su herencia cultural institucionalizada. Mantuvieron esa “otra cara” del Estado: el de la cultura legítima que mantuvo esa visión biomédica, medicalizadora de la sexualidad, en sus instituciones “educando” con fotografías de genitales enfermos acerca de ETS, toda una terapia de shock. Solo Bachelet en las elecciones del 2013 se mostró “Gay friendly”, antes de eso su cara era lo mismo que un obispo evangélico cuando se le preguntaba acerca del matrimonio homosexual y su cara seca solo decía “no estoy de acuerdo”, sin más ni menos.  Si se hace hoy día “la mujer de las reformas”,  tal y como escribía una feminista boliviana hace unos meses, ella es la “mujer que no quiere cambiar nada”, no es nada más que una mujer de poncho de la ONU. Una gestionadora de conflictividad social: esto asegura el gobierno de la burguesía y los intereses imperialistas en la región.

 

¿Un matrimonio inestable?: ciencia y religión

Un aspecto importante a considerar, en la manera en cómo se ha ido configurando este bloque conservador tiene al menos dos aliados en su argumentación: la ciencia y la religión. Es así que los argumentos políticos de estos sectores, y en particular de los activistas católicos, utilizan una serie de recursos, que en el caso chileno, viene en particular de la bioética. Aunque parezca extraño, la religión recurre a la ciencia médica, así como parte de la ciencia médica recurre a la religión para explicar asuntos éticos: aquí se comienza a hablar sobre órganos, hormonas, y supuestos universales.

José Morán y Juan Vaggione en un artículo del 2012, analizan esta asociación en particular.

Ante cambios progresistas en temas de salud, sexualidad y derechos democráticos, la iglesia católica activa como recurso este debate de la vida/muerte, la diferencia que para ellxs atentar contra la diada sexualidad-reproducción, significa estar en contra de la vida. Bajo este razonamiento, también, la iglesia buscará establecer otro fundamento, dado que el fundamento religioso es insuficiente para convencer de posiciones, utiliza como recurso la ciencia. Dado que ya no es solo embate de Dios el misterio sobre la vida/muerte, es la ciencia la que ha establecido sobre ella, su más amplio conocimiento. Evidentemente la jerarquía católica, ha logrado colgarse muy bien de este discurso, Ratzinger, hizo lo suyo, mientras que el Papa Francisco, buscó ubicarse más progesista ante todos los cambios de la sociedad, y sobretodo de la paulatina pérdida de adherentes, pues la jerarquía sigue manteniendo poderosas influencias.

Por otra parte las resignificaciones. Tras el 17 de mayo, y con un “movimiento LGTBI” cada vez más político, distintas fuerzas se desplegaron: por una parte un acto en el frontis de La Moneda, donde “el pueblo evangélico”, exigía que no se legislara a favor de la diversidad sexual. El principal argumento: los homosexuales están enfermos. Carácter de tal manifestación, con escenarios de grandes pancartas impresas y ubicado espacialmente en el frontis de La Moneda. Son fuerzas en choque. El lugar desde el cual hablan, está legitimado, mientras el resto utiliza la calle para manifestarse.

Actualmente existe un enfrentamiento de fuerzas, son fuerzas opositoras, sin dudas que el gobierno se siente parte de una de estas fuerzas, pero a su vez, debe mediar ambas fuerzas: la fuerza de la calle, y la fuerza del sector conservador. Un sector pro aborto y derechos de la mujer y la diversidad sexual, y otro que se muestra totalmente contrario a estos proyectos. El éxito del bloque conservador ya se pone en cuestión con los grupos provida, este discurso, parece desvanecerse, de otra forma que en años anteriores, se piensa en el cuerpo de la mujer como agente de vida más que en el de “aquel que está por nacer”. Algo claro, el panorama del feminismo es diametralmente opuesto a décadas anteriores, aún así, se erigen desafíos que estos movimientos deberán tomar para vencer e imponer una agenda derechos sexuales completamente diferentes a las que ya existen.

 

Un Chile “no creyente” ¿posibilidades a nuestro favor?

Finalmente, resultados revelados en un reciente estudio dio cuenta de la baja de personas creyentes en las iglesias y las religiones, sube el número de agnósticos y ateos. Bajo una lectura de la fuerza, podría ser real que la religión esté descomponiéndose, pensándolo desde una óptica del poder como lo pensaba Foucault, podríamos decir que el poder de la religión sobre la población esté perdiendo fuerza. Pero el bloque conservador sigue articulando las redes que unen capital con intereses de clase, por lo cual una reforma por parte del oficialismo, solo será cosmética, su posibilidad es cosmética porque no lleva hasta la máxima el reconocimiento de la mujeres y personas con orientaciones sexuales distintas a la heterosexual, como sujetos de derecho. Podría ser una lectura errónea, pensar que solo por la desestimación de fuerzas dentro de la población, las demandas instaladas por las agrupaciones LGTBI y lxs feministas, y de mujeres, el parlamento introducirá reformas de ese tipo. Las reuniones sostenidas entre Ezzati con diversos personeros de la derecha, donde discuten de su preocupación por los cambios que pueden traer al país estas pequeñas reformas, la defensa de “su modo de vida”, el que les asegura estabilidad como clase, es el que se ve amenazado actualmente.

Hoy devienen entonces dos tareas para el movimiento feminista, LGTBI, en tanto cómo combate al bloque conservador y a la burguesía, para alcanzar derechos que no atenten contra la individualidad de la persona y su desarrollo, y no cosméticas como las que circulan hoy en el parlamento: el boicot está listo, entonces debemos adoptar otra estrategia que maniobre este boicot. La primera de esta puede ser, cómo nos articulamos en distintos espacios de organización entre agrupaciones y que éstas tengan un poder real de convocatoria, por otra abrir discusiones orientadas a cuestionar los proyectos de ley y realizar los análisis pertinentes, que tanto la teoría crítica feminista y la queer, podrían llegar a problematizar, a la vez que hacerlos orgánicos a las necesidades de nuestros sectores. La otra debe ser, instalar las banderas de la lucha por estos derechos, y cómo la movilización en las calles, y no otra cosa, no diálogos de gobierno, no confianza en la agenda bacheletista, el movimiento feminista, el movimiento LGTB, establezca los proyectos, los derechos que queremos. Para desarticular al bloque conservador, el movimiento feminista debe mostrarse como una fuerza en potencia, como otro protagonista, como actor social de peso capaz de enfrentar al bloque conservador. Y ante esto evidentemente deberá buscar aliados entre lxs oprimidxs y demás movimientos sociales. No solo somos hombres, mujeres, trans, colas, gays, lesbianas, también somos trabajadorxs, también podemos ser descendientes de pueblos originarios. Una política que transcienda los mismos espacios feministas que se despedazan discutiéndose entre “autónomxs” o “institucionalizadxs”, el debate debe ser político: con qué políticas, cómo avanzamos y cómo hacemos política frente a un gobierno que sostiene un régimen de vida contrario a los derechos sexuales. La herencia pinochetista en el gobierno de la población, es el que deberá ser derrocado, y con ello, cuestionar los cimientos de la sociedad de clase, a pensar otra sociedad.

¿Sino, cómo?