Fotografía: zdella ho

Fotografía: zdella ho

Hasta hace no mucho tiempo, se entendía como una acción de filantropía a la “Responsabilidad social de la empresa”, es decir, como una ayuda asistencial a los distintos actores de la sociedad, algo muy parecido a la caridad del rico hacia el pobre. Hoy en día en cambio, se refiere más bien a una forma de hacer negocios que toma en cuenta los efectos sociales, ambientales y económicos de la acción empresarial, integrando en ella el respeto por los valores éticos, las personas, las comunidades y el medio ambiente.

Ahora bien, cabe señalar que no existe una definición única o totalmente aceptada de la RSE. Sin embargo, por lo general las distintas interpretaciones confluyen en torno a la importancia en la gestión de los efectos, es decir, identificar y asumir las responsabilidades sobre el espectro total de los efectos que genera su cadena de valor. Asimismo, también se señala la necesidad de consulta y comunicación con los públicos interesados, es decir, vincularse y comprometerse activamente con los diversos actores del mercado, consultando a éstos acerca del comportamiento que esperan de ella.

Si bien la RSE, nace como disciplina con la publicación del libro de H. Bowen Social Responsibilities of the Businessman (1953), desde esa época, muchos estudiosos han venido desarrollando el tema, lo cual ha permitido generar avances y nuevas propuestas que la han situado en un lugar destacado dentro de la discusión del ámbito empresarial y social en la actualidad.

En este contexto, cabe preguntarse, qué está pasando hoy en día con la Industria del Vino en Chile, una actividad cada vez más relevante para nuestra economía y para la imagen del país en el extranjero, cuya capacidad de generar empleos y aumentar la riqueza nacional la sitúa dentro de las cinco más importantes.

Hace poco más de un año, el presidente de la Asociación Gremial de Vinos de Chile, señaló a diversos medios: “Para nosotros, la RSE es una visión de negocios que incorpora el respeto por los valores éticos, las personas, las comunidades y el medio ambiente”.

No obstante, pareciera ser que aún para muchas viñas, esta temática no pasa de ser un conjunto de teorías que visualizan a la empresa exclusivamente como un instrumento para la creación de riqueza personal, y sus actividades sociales, como un medio para alcanzar mejores resultados económicos.

En años recientes, algunas de las más importantes viñas del país han tenido que afrontar importantes conflictos laborales, donde, por primera vez en décadas, ha comenzado a oírse la voz de los sindicatos de trabajadores, los que han denunciado, entre otras cosas, la existencia de prácticas antisindicales, bajos salarios, inexistencia de reajustes anuales y atrasos en los pagos previsionales, así como el nulo pago de gratificaciones, en empresas que declaran tener pérdidas, mientras sus dueños son cada vez más ricos.

Hoy en día, no se entiende la RSE fuera del concepto de sustentabilidad en los negocios, entendida como el equilibrio entre las expectativas económicas de las empresas, en congruencia con el respeto al medio ambiente y a la sociedad.

Es por este motivo que algunos autores señalan que los temas clave a la hora de definir, promover y evaluar la estrategia de RSE de una compañía, debiesen ser, además de la sostenibilidad financiera, la relación positiva con los colaboradores, el respeto a los derechos de los proveedores, clientes y la comunidad, la relación sinérgica con el Estado y sociedad, el respeto irrestricto a los derechos humanos y al medio ambiente, la promoción de la ciencia y tecnología, el respeto por la transparencia y los valores sociales, el combate permanente a la corrupción, y en definitiva, la implementación de sistemas y prácticas gerenciales de RSE, transversales a toda la compañía.

¿Estará la industria chilena del vino preparada para afrontar tales desafíos?

Pocos meses atrás, altos ejecutivos de la asociación que reúne a los viñateros, señalaron: “Nuestro sector fue uno de los primeros en trabajar de forma seria y cohesionada la sustentabilidad, por lo que para nosotros no se trata de un tema exclusivamente de marketing, sino que de fondo, pues entrega viabilidad y compromiso en el tiempo”. Asimismo, recientemente, en un seminario académico sobre esta materia, el gerente general dela asociación señaló: “Es importante que veamos la sustentabilidad como un camino y no un fin en sí mismo, pues permite la convergencia de una producción amigable con el medio ambiente, viable económicamente y socialmente equitativa, que es permanente en el tiempo”.

Hoy en día, en pleno combate ideológico, gatillado por la reforma tributaria, cabe señalar la responsabilidad que le cabe a la industria de los alcoholes en general, respecto a su contribución al desarrollo del país.

Más allá de una eventual responsabilidad “intensiva”, que se refiere a la responsabilidad primaria de la empresa con sus accionistas, es posible que haya llegado el momento de que la industria del vino deba plantearse una mayor responsabilidad “extensiva”, fuera de sus propias fronteras empresariales, y comience pensar más estratégicamente su relación con la sociedad y el medio ambiente, entendiendo que es, en definitiva, el propio mercado el que avanza y se complejiza, con clientes ciudadanos, cada vez mejor informados, exigentes y responsables de sus propios actos.

Por lo pronto, Vinos de Chile A.G. avanza hacia una certificación de sustentabilidad de sus empresas socias (alrededor de un centenar), la que ha permitido que desde el año 2010, alrededor del 40% de ellas han ido cumpliendo con los estándares que exige su propia asociación. Ahora bien, dichos estándares, hay que decirlo, no van muy lejos del cumplimiento de la legislación vigente, en materias como derechos y seguridad laboral, relación con el medio ambiente y prácticas productivas acordes con las exigencias de los mercados de destino de los vinos chilenos.

¿No se puede ir más allá? Quizás esta sea la oportunidad que la propia industria estaba esperando, para innovar, para atreverse a hacer cosas distintas, para plantearse desafíos que van mucho más allá de la venta de vinos, y comience a despercudirse de su imagen oligárquica, hacendal y muchas veces retrógrada, y para hacer lo que esté a su alcance por contribuir al país del que tanto se ha beneficiado, de su gente, su paisaje y sus recursos.