hidroaysenHace ya cuatro años, allá por 2010, recurrí a un título homónimo para ahondar en un tema que, luego del anuncio de campaña de la hoy Presidenta Michelle Bachelet, está más que vigente por estos pagos al sur del sur. En tal crónica incluso recordaba que uno de los primeros artículos en profundidad que elaboré llegado a la Patagonia en 1995 fue precisamente sobre tal aspiración.

Recojo tales reseñas para dar cuenta que la demanda de contar con un centro de estudios superiores netamente regional no es nueva. Por lo bajo lleva dos décadas, aunque estoy seguro viene de mucho antes. La idea de una universidad de Aysén para Aysén no partió ayer.

Por diversas vías hemos sabido de la discusión que se ha generado sobre su eventual implementación. Dirigentes políticos, consejeros regionales, alcaldes y concejales, autoridades administrativas forman parte de un debate que ha permitido todo tipo de planteamientos, si acogemos las palabras de la intendenta regional al señalar que la idea es generar un centro de educación superior desde sus cimientos. Esta frase es la que nos llama a moldear, desde las distintas miradas vigentes en la región, ese espacio aún no nato que, creo no equivocarme, somos una mayoría los que esperamos nazca sin contratiempos.

Durante el trabajo del Consejo Consultivo para el Plan Especial de Desarrollo de Zonas Extremas de Aysén, con participación de funcionarios públicos, dirigentes sociales y gremiales, y sociedad civil, se aportaron algunas nociones sobre su conformación. Para muchos de nosotros, la oportunidad para innovar en sus distintos niveles.

Porque en el debate sobre una universidad para Aysén son diversas las expectativas que se generan. Es posible discutir sobre sus objetivos, el paradigma que involucrará, la orgánica de gestión, las carreras en detalle, los mecanismos de incorporación estudiantil, los procesos educativos. Todos ellos son parte de un diálogo abierto en el cual, como habitantes de este territorio, nos interesa participar, con el aporte que los técnicos del área puedan hacer para que sea la sociedad local la que delinee sus fines.

Porque, y lo reiteramos, existimos quienes creemos que una universidad regional “no solo sería el lugar donde aprender una profesión… sería un espacio de diálogo y debate, podría ser el semillero local de los dirigentes del mañana, dando cabida al intercambio de ideas y conocimientos de nuestro Aysén”. Tal es uno de los desafíos que la nueva institucionalidad debe considerar.

Y no solo ello. Que destaque en docencia e investigación basada en las ventajas comparativas de la región de Aysén. Ciencia sobre agua, glaciares, geología. Especialización en áreas vinculadas al turismo, el medioambiente, el desarrollo económico local, las energías renovables no convencionales. Un lugar donde no solo se generen conocimiento y títulos, sino que sea el espacio donde se viva el cuidado y respeto por nuestros ecosistemas y cultura de manera especial. Acorde a las fuerzas del nuevo siglo, no del que ya pasó.

Una universidad donde incorporemos, también, el otro paradigma. Una que impulse que los futuros profesionales “varíen la mirada individualista, de exitismo económico, desarrollista y desvinculada del conocimiento que nace del respeto por los ciclos naturales y el pasado original, que domina los campus”. Donde el sentido de lo público y lo colectivo impregne no solo sus mallas curriculares, también su gestión, su consejo directivo, su inserción en la comunidad.

Para muchos, esto es soñar. ¿Pero no es aquella la invitación que se nos hace, recogiendo el guante de años de aspiración regional? Esperamos que así lo entienda la Presidenta, que se ha informado por estos días llega a la zona para abordar, precisamente, esta crucial materia.

Es esta una gran oportunidad, donde los centros de educación superior presentes se sumen en alianzas a lo que desde Aysén se demanda y que hoy el centro recoge. Un espacio interconectado, también, con los niveles educativos previos, porque la enseñanza que impartimos a los hijos de esta tierra debiera ser parte de esta discusión.

Es la ocasión para que los ciudadanos, de a pie y organizados, participemos en este debate. Que no todos lo días se tiene la oportunidad de dibujar las bases de lo que será parte de la historia de Aysén.