Kawaii-3Kawaii es una obra interesante porque apuesta por algo distinto. Desde ahí cualquier cosa es atractiva. Sin embargo en la traducción, digamos, en el traspaso hacia el público o en el diálogo, es una apuesta que requiere de mucha amabilidad a la hora de hacer un balance porque a ratos se pierde en la gritadera.

Las actuaciones me gustaron mucho, no así la dirección que, por abusar de una excesiva coloración terminó cayendo en la saturación que da como resultado el tono gris. La historia es llamativa, sin embargo si alguien lee la reseña que la misma obra ofrece se encontrará con la sorpresa de que la puesta en escena no dice lo mismo que la reseña, es decir, que cuenta una historia desde otra parte a lo que promete el comunicado de prensa (cosa muy habitual en algunas obras). Y digo esto porque me gustó más la obra viéndola que leyendo lo que se informaba de ella. Así que lejos de ser un punto negativo creo que es algo que menciono nada más para reforzar mi idea de que la dirección no estuvo a la altura de una propuesta distinta como pudo ser Kawaii.

La historia es sencilla. Dos minas que viven el proceso final de una relación con la cultura japonesa y que están esperando el turno para bailar en una competencia. Ahí el espectador pasa por una sucesión de imágenes y canciones que en un primer momento son atractivas, pero que después de un rato terminan por saturar. Luego se entrelaza un juego de roles entre la vida personal de las niñas y el mundo configurado por la cultura japonesa y oriental. Es cierto, soy pésimo explicando obras y me carga hacerlo, pero el asunto es que Kawaii es una obra que Kawaiitoma una moda, una cultura en sí misma, y la adapta a un escenario chilensis. Algo que un lector medio despistado podría confundir con la cultura Pokemona y que uno menos despistado anclaría a la cultura Otaku. Pero más allá del punto específico en términos de moda digamos que Kawaii es una obra que relata la relación de dos amigas que juegan el papel de estar dentro de una tendencia, una moda, como tantos de nosotros.

Kawaii es una obra distinta y eso es lo más importante. Las actrices hacen más de lo que deberían y lo hacen muy bien. Son secas en su trabajo a pesar de que la idea les quedó grande ya que lo Kawaii es harto más que una versión remasterizada u orientalizada de Cabra Chica Gritona.

 

Actuaciones y propuesta

Carolina Díaz y Constanza Blanco tuvieron la idea original y se hacen cargo de la actuación. Blanco además es la encargada de la dramaturgia, lo que le da el peso de interpretar un papel que diseñó a medida. Carolina Díaz me pareció una actriz rápida, amable con el personaje y tremendamente generosa con un guión que no tenía mucha expresividad pero sí mucho diálogo. Blanco por su parte me pareció correctísima, a pesar de que la sobrevaloración de algunos gestos de su personaje fueron siempre un pelitín subidos en intensidad cayendo a veces en la caricatura. Sin embargo ambas logran mantener el ritmo de una obra que requiere de demasiados elementos para llegar a decir lo que pretende decir y no lo consigue al final por la saturación de la que hablaba más arriba.

Al llegar a ver la obra me pidieron mi Whatsapp, cosa que me pareció maravillosa, ya que comprendí que era del tipo de obras en los que uno interactúa de manera distinta como espectador. Y así fue. Me llegaron monitos y mensajes durante la función, pero lamentablemente en lugar de ampliar la experiencia terminaron por ser completamente innecesarios ya que, disparatadamente, la obra no logró nunca hablar claro o decir las cosas por su nombre. Ergo me podrían haber mandado fotos de Pamela Díaz y habría sido igual de determinante con la obra. Cero aporte el Whatsapp, aunque me parece una idea brillante.

La dirección me pareció espantosa, sobre todo cuando el director salió, al final de la obra, a putear a la sala y al espacio CEAT por problemas técnicos en la iluminación. Me van a perdonar pero esas cosas no se dicen. El teatro se juega hasta el final y con la boca cerrada del director quien, si no tiene elementos para solucionar un foco menos, entonces que haga televisión o que escriba tarjetas de cumpleaños, pero achacarle culpa a la sala por una obra que él llenó de florituras innecesarias me parece impertinente y falso. Nota roja para el dire. Malo malo, feo feo, eso no se le hace ni a los actores ni a los espacios. E-li-mi-na-do!

Kawaii-2Si alguien es fanático de la cultura japonesa puede ser que se ría y hasta le guste, aunque me cabe la duda si no verá más pifias que las que vi yo al respecto (no siendo un entendido en el tema, me topé con varias salpicaduras). Ahora si el espectador no entiende mucho creo que al ver Kawaii va a comprender menos, ya que jamás logra resolver lo discursivo y se tiende a desordenar todo en la gritadera visual que lo llena todo (muy ad-hok, por cierto) pero que no hace más que bulto. Estar en la obra es como estar en un supermercado de Patronato donde uno conoce la mitad de los productos y, aunque intuye que algo embotellado se bebe, no lo compra al tiro porque no hay nadie que te diga si efectivamente es bebida de uva o salsa picante. Hay un problema serio de comunicación y no hay jugo de naranjas como para, por último, salir con algo en la mano, entonces la propuesta termina encubriendo en lugar de ir develando y eso, por mucha razón que tenga o por mucha información que ponga en frente, es tan poco estimulante como el epígrafe de Kenzaburo Oe que puse al principio.

Mis felicitaciones a las actrices por el riesgo y por la apuesta, me encantaría volver a verlas en algo menos estridente. Al director mis más sinceras y fuertes chuchadas por ponerle la guinda a la torta con su comentario final y por su mala interpretación de un meme.

Kawaii Kawaii

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