1907661_802029933154050_8755997719214888398_nAhí en medio de los borrachos en los estadios, entre los voluntarios que limpian baños y sirven Coca-Cola y Brahma sin salario, por detrás de las brasileñas vueltas locas con cualquier rubio extranjero de más de 180 centímetros, ahí mismo se juega al fútbol y más precisamente el Mundial.

Ahí por detrás de las intragables olas del público, de las millones de fotos y grabaciones, escondida de los brasileños repletos de testosterona para buscar extranjeras, algo más allá del público que paga de 100 a 300 dólares por una entrada y se levanta mil veces a comprar cerveza y màs cerveza y popcorn y hamburguesas, Sudamérica y Latinoamérica le repiten a los europeos que sin nuestra materia prima son más pobres de lo que desearían en este deporte.

Brasil y México se deshicieron de Croacia, Chile mandó de regreso a España, Argentina se encargó de Bosnia, Uruguay y Costa Rica retornaron a Italia e Inglaterra. Hasta aquí sólo Colombia, Ecuador y Honduras no pudieron extraditar a nadie para el viejo continente.

En la Copa del Mundo 2014 otra vez se lucen las selecciones latinas, aunque los cruces de las fases venideras obligarán a que cuatro de ellas se eliminen entre sí para obtener un cupo entre los cuatro mejores equipos del torneo FIFA.

La Patria Grande clama, diría alguien. Y con justa razón, porque por segundo mundial consecutivo los combinados nacionales de esta parte del planeta Tierra suman el mayor número de clasificados a la ronda siguiente.

Aplaude Bolívar, comentaría alguno. Y mire que incluso se puede sumar a Estados Unidos como integrante de la gran América, y que retornó antes de lo previsto a Portugal.

Nuestra zona cuenta con ocho clasificados a octavos de final. Cinco sudamericanos (83% de efectividad) más tres de centro y norteamérica (75%). A la zaga están los europeos con seis (46%) y los africanos con dos (40%). Los asiáticos ahora miran el torneo por televisión (0%). ¿Los oceánicos? Ni siquiera se asomaron en la Copa.

Esta serie de aburridas cifras busca reiterar el valor de la diferencia que aportamos los Sudacas al fútbol, al mismo tiempo que fija el real valor que poseen en calidad los europeos, que siendo el continente que más cupos posee en el Mundial, no logra refrendar en el deporte mismo la posición de privilegio que se les concede.

Así como alguna vez las coronas británicas y española se repartían buena parte del mundo, y antes los italianos vía los Romanos, actualmente esos tres países poseen las ligas más caras, ricas y difundidas en el orbe. Las tres fueron despedidas por latinos. Y sin querer exponer una mirada simplista, buena parte de la causa de su eliminación está en que las estrellas de sus equipos son sudamericanos y sin ellos pierden la diferencia que los sostienen localmente.

Imagínese un Real Madrid sin Pepe (brasileño nacionalizado), sin Marcelo, sin Ángel Di María; o un Barcelona carente de Dani Alves, Alexis Sànchez, Neymar y Lionel Messi; un Atlético de Madrid sin Miranda y Diego Costa ( brasilero naturalizado). Piense en un Manchester City privado de Pablo Zabaleta, Fernandinho y Sergio Aguero; un Liverpool despojado de Luis Suárez, Lucas y Coutinho; un Manchester United carente de Luis Antonio Valencia y Rafael. Elabore una Juventus sin Arturo Vidal, Mauricio Isla y Carlos Tévez. Sólo esos como ejemplos, porque sobran.

Así como los grandes imperios y coronas europeas construyeron su riqueza saqueando a destajo los recursos naturales de Latonoamérica, África y Asia -algo no tan pasado de moda si lo llevamos a las transnacionales-, en el football la dinámica se reitera. Aparece un jugador sudaca de condiciones favorables y parte a Europa, pues el capital manda. Esa particularidad en la dinámica de las selecciones pierde su monopolio, aunque bien han sabido actuar paises como Alemania, Francia y Holanda, cada vez más compuestas por la herencia que les abonaron sus colonias, sumando también a los hijos y nietos de los inmigrantes, con representativos “nacionales” integrados por futbolistas de orígenes diversos y de patrias adoptadas.

10151853_798444590179251_1854053397056245359_nEntonces en el fútbol entre países la cancha tiende a emparejarse y a dar pautas de cierta democracia. Aunque bien sabemos que sin merecerlo deportivamente los europeos parten siempre con 13 equipos en cada Mundial de la FIFA, comenzando con el 41% de quienes compiten. Sólo África y Sudamérica logran aproximarse con 5 o 6 en el mejor caso, que nos es ni la mitad de ellos.

Así pasa entonces que quienes les nutren de diferencia y clase a sus ligas locales, se permiten el gusto de mirarlos a la cara y restregarles en su abundancia que tal privilegio es inexacto, también el que sin la sangre de la Patria Grande son bastante menos que lo que dicen, propagandean y venden ser. Es que la categoría no se compra ni con todo el oro. Sino pregúntenle a los chinos, que por más potencia que son no le pegan ni al quinto bote a la pelota.

Por todo eso es que uno espera que el Mundial siga plagado de latinos, aunque las llaves de eliminación nos obliguen a enfrentarnos entre nosotros. Es que hay que recordarles a los europeos -los ricos de este cuento- que acá mandamos los morenos. Ellos con su ostentación, nosotros con la materia prima. Y que de paso se jodan con esta Copa, que es cada vez más Sudaca.