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Fotografía: Daniel Gil Rodrigo

La tecnología nos gobierna. Aquella herramienta que se suponía estar al servicio de las personas, hoy rige nuestras vidas, nuestros horarios. Esclavos de correos electrónicos y mensajes, de videos y programas de televisión, el tiempo parece correr cada vez más rápido. Sin embargo, pocos se reflexionan en cómo hemos aceptado -sin objeciones- ser vasallos de una corona que no es más que una mera ilusión humana. Peter Mettler, destacado documentalista canadiense-suizo, es uno de los invitados de Fidocs. Su trabajo -una ingeniosa y profunda narrativa que aborda temas tan complejos como el Tiempo y la Trascendencia- es una invitación a parar los relojes, ponerse a un lado del camino y observar.

Mettler es un hombre sencillo. En medio de una fría tarde, espera a que decidamos el mejor lugar en el Centro Cultural Gabriela Mistral para realizar esta entrevista. Lo suyo al parecer es dejarse llevar, ver las opciones que depara el destino en búsqueda del mejor resultado posible. Esto es algo que distingue su trabajo, que aborda temas relacionados con las preguntas esenciales como el origen del tiempo y la percepción humana. Su estrategia es única, intrigante, en donde se permite al espectador generar asociaciones libres en una narrativa que asemeja más al proceso de percepción o “a la meditación” como él mismo comenta. El resultado es una obra reflexiva, que no sólo muestra al espectador diversas realidades, sino que le indica que todo lo que está viendo en pantalla no es más que una creación humana, en una sala de montaje, que juega con el tiempo y el espacio, algo de lo que muchas veces no estamos conscientes.

Su último trabajo, “El Origen del Tiempo” (que será exhibido este domingo a las 20:30 hrs. en la sala de cine UC) nos lleva a conclusiones que pueden resultar asombrosas. “El tiempo -nos dice-puede ser sólo una ilusión”. Tal como nos comenta, la idea de este documental nace de su constante proceso de observación de la naturaleza. “Comencé este film con un par de ideas, investigando, filmando, editando, y filmando nuevamente. En este caso, el foco principal eran las nubes, la meteorología. Me interesaba la relación entre ambas cosas, aguas y nubes (…) Pero en un punto me interesé más por el concepto de transformación. Ahí empecé a medir el cambio y el tiempo. En la película, hay un físico que dice que en muchas lenguas “tiempo” y “clima” son la misma palabra. No sé si en español es así. Eso es lo que me pasó. La obsesión se volvió hacia cómo nosotros, los seres humanos, percibimos el cambio y cómo organizamos eso en un concepto, que es el tiempo”.

Para cualquier persona cercana al cine, abordar este tema puede ser algo totalmente inabarcable. ¿Cómo llevar una idea así a la pantalla? “El tópico acerca del tiempo es inmenso, y todo el mundo ha tratado este tema antes, en poesía, en ciencia y en el cine, porque el cine es el arte del tiempo, tú trabajas con el tiempo. Entonces era un gran desafío resumirlo en un film de dos horas. Decidí filmar cosas que pensé eran de interés, en relación con el tema”.

Mettler eligió diversas locaciones que pudiesen contrastar esta idea. Visitó así el Laboratorio Europeo de Partículas (CERN) -el mayor laboratorio de investigación en física de partículas del mundo donde se estudia el origen del tiempo. Su experiencia fue todo un descubrimiento. “Lo que muestra el documental es esta empresa del conocimiento, donde la comunidad científica ha creado esta máquina increíble que recrea las condiciones del Big Bang. Una de las grandes cosas que se explica es, por ejemplo, el hecho de que la física es teoría, que ellos saben eso, que es un modelo de la forma en que ellos entienden las cosas ahora, lo que me sorprendió, porque siempre consideré la física más rígida. Pero ellos te dicen que todo es teoría y pueden descubrir algo nuevo que cambie las cosas, porque eso ha pasado muchas veces en el pasado. Eso fue una gran revelación para mí”.

Mettler salta de suiza para luego visitar Hawaii. “Mi búsqueda fue por el tema geológico y planetario del tiempo, porque ahí puedes ver un volcán activo, la tierra siendo formada, la vegetación empezando de cero en un paisaje que se vuelve un bosque”. Es decir, el tiempo y su milenario devenir.

Otro de los lugares seleccionados fue Detroit. “Fui porque es una ciudad donde puedes ver una Era que ha sucumbido, lo puedes ver en la decadencia de las casas, en la ausencia de la industria, que en una época fue la gloria de los Estados Unidos, pero ahora es en una de las peores formas de todas las ciudades, con la mayor parte de la población que se ha ido, pero a la vez tienes nueva gente mudándose allí y nuevos acercamientos para vivir un nuevo modelo de sociedad en pequeñas formas. Entonces eso fue mirar el tiempo en la forma de nuestra civilización, supongo, diferentes épocas de nuestra civilización”.

En contraste a este lugar, Mettler decidió visitar también la india, donde Buda tuvo su iluminación. “Para mí es muy representativo de estar en el momento, ir más allá del tiempo, es decir, más allá del pasado y el presente”. Una de las grandes revelaciones de esta secuencia es el dicho de un Lama. “Para él, el Tiempo es una ilusión, es algo que nosotros creamos, lo que no es muy escuchado en la sociedad occidental. Tendemos a seguir el tiempo como una regla, mientras que los budistas tratan de ponerse a un lado. En Detroit estaba la idea común de que el tiempo corre muy rápido y que no hay mucho, por ejemplo. Pero los físicos lo entienden también como una percepción, pero lo miden, desde cómo empezó en el Big Bang”.

El Documental como generador de conciencia

Uno de los grandes logros de Mettler ha sido no sólo llevar preguntas filosóficas a la pantalla, sino también invitar al espectador a reflexionar a partir de las herramientas que otorga el documental, como una creación humana. “Hay una sección dentro del documental que llamamos “El film del futuro” porque comprime muchas cosas que has visto durante la proyección, pero en un tiempo muy corto, en diferentes capas, y hay muy poca información, la que se transmite muy rápidamente. Puede ser interpretado como lo que pasa con nuestra percepción en relación a la tecnología que usamos. Porque estamos entendiendo las cosas más y más rápido, el ritmo en el que captamos la información es en distintas capas, simultánea y en diferentes canales. Pero eso no es realmente el punto que quise hacer. No sé si quise sólo enfocarme en una sola cosa. Es más una meditación sobre la conciencia sobre el cambio, sobre el tiempo y cómo construimos estructuras que nos controlan. La tecnología comienza a decirnos que es lo que tenemos que hacer en vez de nosotros usarla”.

“Mis otros trabajos, como Luces del Norte,” explica acerca de su método “también cuestionan nuestra percepción, de dónde nace, cómo está influenciada por las imágenes que vemos cada día y cómo entendemos el resto del mundo a través de la tecnología, como si fuese una experiencia de primera mano. En cada film que he hecho siempre hay una referencia a que estás mirando una película, estás mirando una construcción, y en “El Fin del Tiempo”, en una secuencia temprana, estás en una sala de edición mirando clips de edición en el monitor que luego verás en la película, recordándote que estás mirando una construcción, en este caso una construcción del tiempo”.

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Fotografía: Daniel Gil Rodrigo

Guzmán y Nostalgia de la Luz

Sin duda, hay una cercanía entre el trabajo de Mettler y el documental de Patricio Guzmán, Nostalgia de la Luz, que aborda la búsqueda del pasado, una metáfora que mezcla el concepto de memoria con el trabajo de los astrónomos, que buscan en un cielo infinito el origen del Universo.

“Me gustó mucho el film nostalgia de la Luz. Lo vi cuando estaba editando mi propia película. Estaba en shock porque había más de alguna similitud, y lo conocí recién anoche y fue muy bueno, estamos en temas similares respecto del lenguaje que estamos explorando. Fue muy emocionante”.

Respecto de la relación entre ambas obras, Mettler hace un análisis “El trata un tema que yo no tengo, y que respeto mucho, que está basado en hechos políticos e históricos de este lugar y esta cultura, y pienso que eso fue una pincelada maestra. En mis películas, en cambio, la relación es más oscura, ya que en mi contexto cultural, la historia es más bien nebulosa, no tenemos eventos que estén pasando, como lo que pasa aquí. No hay una circunstancia colectiva”.

En ambas obras, existe además un relato documental que se relaciona con un tema identitario, capaz de conectar a las personas con la concepción de su propia realidad, generando así una conciencia. “No sé cuan consciente está la gente de cómo los está afectando la tecnología y estos cambios. Pero obviamente está ocurriendo. La simultaneidad de la información está ahí. Es mucho más radical ahora ir más despacio, cosa que antes era mucho más común. Ahora ir despacio, mantener una toma por más tiempo sin cortar, sin procesarla es mucho más radical de lo que solía ser. El espectador lo nota y reacciona ante eso”.

La ironía de un hombre moderno

Mettler es una amante de la observación de la naturaleza, fuente de inspiración, lo que se puede apreciar en gran parte de su obra (algunas de estas películas están siendo proyectadas). Su estrategia para abordar estos temas tiene que ver con la observación, con la percepción. Sin embargo hay una paradoja. “En mis películas presento la idea de estar conectado con la naturaleza, pero estoy usando una cámara para hacerlo. Estoy completamente atrapado en eso. En el momento estoy filmando la naturaleza, pero no estoy conectado con la naturaleza y entonces, hago una impresión que está grabada en el pasado, que mostraré en el futuro, que nuevamente reflejará el pasado. Entonces es una máquina del tiempo tecnológica en la cual quedas envuelto. Pero es innegablemente una parte de nuestra cultura y de nuestra conciencia, entonces pienso que lo que hago es usar la tecnología para entender cómo somos en cada momento, viviendo con esta tecnología”.