mov socialesLos datos

Desde hace un tiempo he venido siguiendo la situación de la desigualdad en Chile, examinando la distribución funcional del ingreso en nuestro país. Esta es la forma en que estadísticamente en las llamadas cuentas nacionales, el Banco Central analiza cómo se distribuye el P I B, entre las remuneraciones de todos los chilenos, el excedente de la explotación y los impuestos. Dicho de una forma sencilla, es como se reparte la torta que representa la riqueza del país en forma anual y que revela en términos generales la enorme injusticia que existe en la distribución de los ingresos en Chile, considerando además que dentro de las remuneraciones se encuentran todas sin distinción, es decir desde las más altas, hasta las de cientos de miles de chilenos con muy bajos salarios.

Es necesario para la idea que plantearé más adelante, detallar la forma de esta distribución en los ingresos de los chilenos en los últimos años del siguiente modo: enumeraremos primero algunos años, luego la cantidad que corresponden a remuneraciones y en segundo lugar el excedente o utilidad, por cada $ 1.000.- pesos de la riqueza, entendiendo que el resto corresponde a impuestos:

Es así como al final de la década de los noventa, en el año 1999 las remuneraciones representaban $ 415 pesos, los excedentes $ 455 pesos, iniciándose desde el año 2000 una baja respecto de las remuneraciones, que para el año 2004 estas, solo alcanzarán a $ 391 pesos y los excedentes $ 492; confirmando esta tendencia; el año 2007, las remuneraciones capturaban del PIB solo $ 352 pesos, en cambio los excedentes del capital $ 540 pesos de cada $ 1000. Desde el 2007 hasta el 2011 esta distribución que ya había tendido a la baja se conservó más o menos estable, sin embargo los $ 372 pesos de las remuneraciones de cada mil pesos del año 2011, dan un salto considerable hacia arriba, que representa más de un punto del PIB el año 2012, elevándose a $389 pesos provocando una disminución de los excedentes de $ 522 pesos del año 2011 a $ 501 pesos en el 2012.

 

La hipótesis

Efectivamente, esta injusta distribución de la riqueza que afecta fundamentalmente a la clase que vive de su trabajo, nos puede orientar a las siguientes consideraciones:

i. La mayor disminución y la tendencia a la baja de las remuneraciones se produce en los años del gobierno de Lagos, precisamente cuando la expectativa de un gobierno encabezado por un socialista luego de décadas, abría esperanzas en los trabajadores, sin embargo en esos años se produjeron diálogos con las organizaciones sindicales, actualizando el llamado acuerdos marco, encaminados a promover la gobernabilidad con la colaboración de los dirigentes y realizar cambios desde arriba, que finalmente dieron como resultado la neutralización de las aspiraciones de los trabajadores, que combinadas con medidas administrativas desde hacienda, implicaron los resultados que hicieron disminuir la captura por parte de los salarios de la torta nacional.

ii. Si bien es cierto, la tendencia a mantener la baja participación del trabajo en la riqueza del país, se conserva durante el primer gobierno de Bachelett, por las mismas razones invocadas en el gobierno anterior, ocurre por primera vez un incremento que supera levemente un punto del PIB el 2008 y el 2009. Nuestra mirada es que no cabe duda, que influye en forma decisiva la inédita movilización después del fin de la dictadura de los trabajadores contratistas del cobre que logran paralizar las faenas en las minas de cobre con la participación da casi treinta mil trabajadores en pie de lucha. A la que se suman movilizaciones en la industria salmonera y forestal.

iii. Lo ocurrido respecto al incremento de la tajada de la torta de la riqueza nacional por parte de las remuneraciones el año 2012, durante la administración de Piñera, no tiene precedentes en los últimos años y alcanza a un 1.7 puntos del PIB y coincide con la mayor movilización social que se haya registrado en todo el país, desde el término de la dictadura militar, que si bien es cierto fue gatillada por los estudiantes, alcanzó todos los rincones del territorio con una amplia variedad de demandas, dirigidas hacia el poder.

iiii. Se agrega durante todo este período una institucionalidad laboral, que restringe al trabajo, provocando una bajísimo porcentaje de trabajadores que negocian colectivamente, la posibilidad prácticamente inexistente en todo el planeta de poder reemplazar a los trabajadores en huelga. Y por último una baja tasa de sindicalización, provocada como muy pocas veces se dice, por el temor por parte de los trabajadores a participar en el sindicato, como lo señala la propia Dirección del Trabajo en su encuesta ENCLA.

De lo anterior se deduce la hipótesis, respecto de la importancia fundamental que tiene el movimiento social en la conquista de mejores condiciones que impliquen dignidad y reconocimiento al valor del trabajo en todas sus expresiones.

 

Los Movimientos Sociales

En el transcurso de las tres últimas décadas, la inspiración producida por elementos como la “caída del muro”, el “fin de la historia”, entre otros, ha significado en el mundo académico abarrotar de páginas y páginas sobre el tema, y la difusión de las mismas con el desplazamiento de autores especialistas en los movimientos sociales, por todos los países que han aplicado la fase neoliberal del capitalismo, especialmente el nuestro.

Desarrollando conceptos para el estudio de dichos movimientos, que se califican como “nuevos movimientos sociales”. Las nuevas nociones que se han puesto de moda son entre otras: las formas contenciosas de las acciones – las oportunidades políticas en que se desenvuelven – el repertorio utilizado por los movimientos – las demandas específicas y el alejamiento de la política de los movimientos, etc.

Sin embargo, dado los hechos descritos más arriba, la idea de este pequeño artículo es reflexionar respecto de la incidencia que han tenido las movilizaciones de quienes viven de su trabajo y sus familias en nuestra historia. Considerando los datos expresados en esta columna podemos relacionar las acciones de los movimientos sociales recientes con aquellos iniciados a principio del siglo veinte y que provocaron respuestas desde la institucionalidad con leyes de carácter social en las primeras décadas, hasta por ejemplo el código del trabajo de 1931 con un marcado acento tuitivo hacia el trabajo. Este tinte tuitivo corresponde al mismo olfato que los dueños del capital hoy a través del Estado emplean, cuando siente la mínima sensación de que los movimientos pueden rescatar algo de simetría en el poder a través de la distribución de la torta y ceden algunos puntos, como ocurrió en el gobierno de Piñera.

La relación de los movimientos actuales y aquellos de principios del siglo pasado, examinando sus resultados permiten advertir que más allá de los análisis científicos de las ciencias sociales sobre el tema, vale la pena rescatar la idea de que aquellos protagonistas de las movilizaciones están unidos por un hilo, que representa una actitud permanente de los que son postergados en el proceso de creación de valor, esa actitud corresponde a la que realizan los topos bajo la tierra, y que los representantes del capital parecen percibir en mejor forma que quienes dicen representar a los trabajadores.

Efectivamente el movimiento que se profundiza en al año 2011, produce una leve fisura en el sistema, desde nuestra mirada, suficiente para que reflexionemos respecto del camino que deben transitar los que viven de su trabajo produciendo riqueza y se encuentran privados de derechos como la salud, la seguridad social, la vivienda, la educación entre otros. Ese camino significa correr el cerco en forma colectiva y se encuentra lejos de acuerdos cupulares, espurios y estériles para los trabajadores como los promovidos por personajes como Osvaldo Andrade, que pueden implicar nuevamente hacer retroceder la participación de los trabajadores en la torta que representa la riqueza del país.