La temporada de inter-pelaciones en la Cámara comenzó. La primera en asistir al hemiciclo fue la Ministra de Vivienda y Urbanismo, Paulina Saball, quien tuvo que responder el cuestionario liderado por el Diputado de Amplitud, Joaquín Godoy, el pasado 19 de junio. No fue mucho lo que se sacó en limpio. No al menos en términos mediáticos, dado que a la mayoría de los medios tradicionales parece importarle más el desarrollo del fútbol en Brasil, que estos verdaderos circos romanos. En la UDI y RN justificaron la interpelación argumentando “el poco avance” que se ha conseguido en la tarea de reconstrucción en Iquique y en Valparaíso, tras las dos tragedias que afectaron a ambas ciudades en abril pasado. En agenda ya se encuentran las interpelaciones a los Ministros del Interior por la situación en la Región de la Araucanía y aguardan su turno, los Ministros de Educación, Salud y Hacienda. Nutrida y agitada agenda.

El actual Gobierno lleva tres meses de Gobierno, por lo que parece, al menos, sospechosa la cantidad de interpelaciones inventadas por la derecha. Porque si lo que realmente se quiere conseguir es ejercer el rol de oposición, el camino de la interpelación no sólo es una pérdida de tiempo (y de recursos públicos), sino que también alimenta la alicaída imagen de los parlamentarios ante la ciudadanía. Uno esperaría al menos que las discusiones o interrogatorios en este tipo de acciones se sustentaran en preguntas de fondo para obtener respuestas concretas, pero nada.

El nuevo presidente de RN, Diputado Cristián Monckeberg, enfatizó que “no tenemos una cartilla de interpelaciones, pero haremos todas las necesarias”. En otras palabras, el parlamentario se dijo y se desdijo, dado que en sus palabras insinúa que en su sector continuarán con el festival de citaciones a la Cámara, pasando por alto los riesgos políticos a los que se exponen, porque querámoslo o no, Bachelet ha entregado señales claras que cumplirá su programa a cómo dé lugar, cuyas políticas públicas gozan en estos momentos de una favorable aceptación de los chilenos.

La herramienta constitucional de la interpelación, cuyo objetivo es que un Ministro de Estado responda ante los diputados preguntas de interés público en relación a su gestión, fue instaurado en la reforma constitucional de 2005 ante las dificultades con que se topaban los legisladores para lograr respuestas efectivas por parte de los Ministros. En el primer Gobierno de Bachelet, hubo siete interpelaciones –por cierto, todas lideradas por la Alianza– de las cuales la mayoría resultó ser un simple espectáculo, mientras que la Concertación, durante la administración de Piñera, sólo encabezó dos, sin que tampoco se consiguieran muchos resultados.

Si se supone que las preguntas que se realizan en estos actos republicanos representan el interés público de la gente, entonces estamos ante malos interpeladores, pues los cuestionarios que han elaborado, no han apuntado a su objetivo principal que es conseguir respuestas ante la falta de resultados. La cantidad de interpelaciones protagonizadas por los Gobiernos lo único que han conseguido han sido irrelevantes conclusiones. Aunque en verdad habría que plantear un escepticismo en cuanto a que la comunidad realmente se interese por este tipo de acciones parlamentarias, porque lo que a la ciudadanía le preocupa es que las soluciones se concreten (vivienda, menos desigualdad, salarios más justos, más seguridad, entre otros) y no que se pierda el tiempo en discusiones sin rumbo, que ni siquiera concita cobertura periodística. Es que hemos perdido el asombro frente a las interpelaciones y en eso la derecha tiene muchísima responsabilidad. Es que la Alianza parece desesperada y mal asesorada, demostrando con este tipo de acciones la falta de ideas y propuestas para ejercer un rol efectivo de oposición. Ante la cantidad de interpelaciones anunciadas no nos queda más que pensar que en la Alianza necesitan obstruir de cualquier manera las reformas profundas que se están debatiendo en el Congreso. El fin justifica los medios.

Si recién se han cumplido 100 días de Gobierno y ya se encuentran en agenda cuatro interpelaciones más, qué nos quedará para los 1.360 días restantes… mejor ahorrarnos el trámite e interpelar al Gabinete completo de una buena vez. Se ahorraría tiempo y recursos. Si estamos con esas, también habría que aconsejarle a la derecha que pongan en carpeta la interpelación a los dirigentes de la FIFA… por todos los penales que no se les ha cobrado a la selección en los distintos partidos.