abortolibreLínea Aborto Libre nace con la pretensión de dar ayuda a mujeres, mayores de 18 años, que han decidido abortar. Feministas y lesbianas reciben llamados telefónicos y entregan información para realizar un aborto con misopostrol de manera segura, hasta las 12 semanas de gestación.

En entrevista con ElDesconcierto.cl, la médica lesbo-feminista Viviana Díaz y la activista Marjoreyn Barrientos, cuentan más sobre los alcances de la iniciativa y el escenario actual  que enfrentan las mujeres.

 

¿Cuándo y cómo dieron con la idea de levantar una línea telefónica que diera asesoría a las mujeres que deseen realizar un aborto clandestino?

Las líneas telefónicas tienen una historia larga en el mundo como estrategia de acción directa. En Latinoamérica existen líneas en varios países (Argentina, Ecuador, Perú, Venezuela, Uruguay y próximamente Bolivia) con diferentes énfasis según la situación legal de cada región. La estrategia en Chile nació el 2009 cuando una colectiva de feministas en Concepción, “Feministas Bío Bío”, conoció la experiencia de la Línea de Ecuador y quiso replicarla en Chile, previo a una capacitación que tuvo el apoyo de la organización holandesa “Mujeres sobre las Olas”.

Luego, en el tiempo, muchas compañeras feministas se han ido haciendo parte del proyecto, contestando llamadas o apoyando con talleres, difusión, etcétera, en distintos momentos a lo largo de todo Chile. Actualmente existen dos líneas funcionando una en Concepción (88918590) y otra que es Línea Aborto Libre (75307461) en Santiago e Iquique.

 

aborto¿En qué consiste el apoyo telefónico de Línea Aborto Libre y cuáles son los objetivos de los manuales?

El apoyo telefónico consiste en entregar información sobre cómo realizar un aborto usando misoprostol, de manera segura y en casa, hasta las 12 semanas de gestación. Entregamos información sólo a mujeres mayores de 18 años. El procedimiento se realiza usando 12 comprimidos de misoprostol de 200mg (marcas disponibles en latinoamerica son citotec/oxaprost y misotrol, en Chile está prohibida su venta), que se usan en 3 dosis de 4 comprimidos cada una, cada 3 horas, debajo de la lengua. Es decir, por ejemplo, si la primera dosis es a las 12 del día, se ponen 4 comprimidos debajo de la lengua, se dejan ahí por media hora, luego se puede tragar o escupir. Tres horas después, osea a las 3 de la tarde se repite el proceso y la última dosis sería a las 6 de la tarde. El sangrado puede comenzar inmediatamente después de la primera dosis o hasta tres horas después de la última. Como sea, es importante que se completen las tres dosis para asegurarse de que el aborto sea completo.

El protocolo de atención telefónica es muy estricto y lamentablemente no nos permite realizar una atención tan personalizada como quisiéramos porque hasta ahora se han interpuesto 4 querellas criminales en nuestra contra, por asociación ilícita e inducción al delito. Sabemos que nuestro teléfono está intervenido y por eso debemos cuidar tanto lo que decimos por ese medio.

“Las mujeres que llaman a la línea ya han decidido abortar. Una mujer que decide abortar lo hace de todas maneras. A nosotras nos interesa que esa mujer no se muera o se complique por un procedimiento mal realizado y que ojalá no tenga que acudir a un servicio de urgencia”.

No pedimos datos personales ni entregamos información de cómo obtener el medicamento, como una forma de protegernos como activistas y proteger a las mujeres que llaman y mantener el proyecto andando. Las mujeres que llaman a la línea ya han decidido abortar. Una mujer que decide abortar lo hace de todas maneras. A nosotras nos interesa que esa mujer no se muera o se complique por un procedimiento mal realizado y que ojalá no tenga que acudir a un servicio de urgencia, donde corre riesgo de ser interrogada, maltratada y criminalizada, como ha ocurrido en tantas ocasiones.

En Chile, el misoprostol no se vende en farmacias, su venta se prohibió durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, pero se consigue por mercado ilegal a un precio muy alto. Las personas que lo venden, generalmente hombres, entregan información errónea sobre cómo usarlo. Hemos escuchado muchos relatos de ese tipo, dosis incompletas, vías y tiempos de administración no adecuados, etcétera. Ellos, como tantos otros, lucran con el cuerpo de las mujeres. Por eso nos interesa entregar esta información y que ésta se transmita entre mujeres. Uno de los sustentos del sistema patriarcal es mantenernos desinformadas y desconfiando de nosotras. Actualmente en Chile ni los médicos saben cómo utilizar el misoprostol para abortar de manera segura, eso no se enseña en las universidades.

Nosotras entregamos información validada por la OMS y otros organismos, que se usa en todo el mundo, para que las mujeres podamos abortar en casa de manera segura y ojalá no tengamos que acudir al sistema de salud, pues conocemos las múltiples violencias a las que somos sometidas por la institución patriarcal, occidental y androcéntrica de la medicina.

10154964_437422299722613_614138619_nEl Manual impreso tiene el mismo objetivo: entregar información, pero además ahí se incluye un poco de la nuestra posición como colectiva de lesbianas feministas, que es la crítica a la heterosexualidad. Eso es más difìcil de hacer en la línea telefónica pero de todas maneras lo intentamos, promovemos las prácticas sexuales no reproductivas y el sexo lésbico como método anticonceptivo, por ejemplo. Además el Manual permite transmitir información a mujeres que no tienen acceso a Internet (también se puede descargar de nuestro sitio web www.infoabortochile.org, donde está el manual en pdf y el protocolo en audio) o a hacer una llamada telefónica. Lo distribuimos en bibliotecas populares, centros culturales autogestionados, colectivos de mujeres, etcétera y su venta es también una manera de financiar nuestro trabajo.

 

La última encuesta Adimark señaló que existe un 71 por ciento de apoyo a la despenalización del aborto. ¿Por qué creen ustedes que persiste la censura y el temor de las autoridades a avanzar?

Las autoridades no tienen temor, su estrategia es que el temor lo tengamos nosotras. Temor a morir, temor a la sanción social, temor a ir a la cárcel. La prohibición del aborto no tiene que ver con proteger la vida ni la salud. Existe una gran cantidad de evidencia científica que indica que la penalización del aborto no disminuye la tasa de aborto en ningún país, sólo los hace más inseguros, que no disminuye la tasa de embarazos adolescentes ni tiene impacto sobre la mortalidad materna. Hace más de 20 años que se conoce el uso ginecológico del misoprostol, que es un medicamento de bajo costo, como método abortivo seguro, o sea, hace tiempo que la tecnología permite garantizar un aborto sin complicaciones y prevenir las muertes por procedimientos mal realizados.

“El sistema capitalista heteropatriarcal, que es el que ordena las cosas en Chile, necesita apropiarse del cuerpo de las mujeres para justificarse”.

Por lo tanto, el que se mantenga prohibido solamente es un tema moral, no es médico ni político, porque como tú señalas, más del 70% de la población aprueba la despenalización. Y tiene que ver con la no secularización efectiva en Chile y con la herencia de la dictadura. No olvidemos que el derogar el aborto terapéutico que existía hasta 1989 fue la última acción de Pinochet. Nada de eso es casual. El sistema capitalista heteropatriarcal, que es el que ordena las cosas en Chile, necesita apropiarse del cuerpo de las mujeres para justificarse.

 

unoUno de los miedos de las mujeres que se realizan abortos clandestinos es a sufrir complicaciones que luego no puedan solucionar en su casas. ¿Cómo prevenir estas situaciones?

El aborto realizado con misoprostol, con las dosis y por la vía adecuadas tiene muy baja tasa de complicaciones, la más frecuente es la hemorragia. En la línea telefónica entregamos información sobre cómo reconocer estas complicaciones y también, sobre cuándo acudir a un servicio de urgencia y sobretodo cómo acudir, qué decir, cómo decirlo para no ser criminalizada. Insistimos en los derechos de las pacientes pues sabemos que la medicina, especialmente la práctica gineco-obstétrica maltrata a las mujeres de muchas formas: por ejemplo, asumiendo a priori la heterosexualidad, asumiendo a priori que la maternidad es deseada, castigando “las sospechas” de aborto, no respetando el dolor, la intimidad de las usuarias, entregando poca o nula información sobre el efecto adverso de los anticonceptivos hormonales, etcétera.

El miedo tiene que ver con la censura sobre el tema. La mujer que aborta lo hace en condiciones de clandestinidad, sintiéndose que la única en el mundo, y en su imaginario están imágenes de mujeres muertas solas en un charco de sangre, canciones como cuando agosto era 21, etc. Por eso nuestro trabajo apunta a “sacar el aborto del clóset”, reconocer que es un práctica a la que las mujeres hemos recurrido siempre y que se puede hacer tranquila, segura y acompañada de nuestros afectos.

 

Ustedes han declarado ser un colectivo de lesbianas y feministas. ¿Cúales son los principios que motivan a las lesbianas a ejercer la solidaridad con sus compañeras en este tipo de situaciones provocadas por el sexo heterosexual?

“Las lesbianas también abortamos. Primero, porque nuestra biología nos clasifica como mujeres y por lo tanto somos también objeto de violaciones. Segundo, porque las lesbianas feministas abortamos la heterosexualidad”.

Las lesbianas también abortamos. Primero, porque nuestra biología nos clasifica como mujeres y por lo tanto somos también objeto de violaciones. Segundo, porque las lesbianas feministas abortamos la heterosexualidad. Ponemos el acento en cómo la heterosexualidad está en el cimiento del sistema patriarcal, como la maternidad obligatoria. El ser lesbiana es un acto de liberación del cuerpo, de recuperación de autonomía, como lo es abortar sin culpa. Las lesbianas queremos quitarle el cuerpo de las mujeres a la heterosexualidad y recuperar nuestra capacidad de goce.

Por lo tanto, como colectivo de lesbianas y feministas no nos interesa sólo el procedimiento médico, nos interesa que la mujer en situación de aborto se cuestione el régimen heteorsexualidad que decide sobre su cuerpo y pone en riesgo su vida.

 

aviso_2¿Qué les parece que los médicos sigan denunciando a las chicas que llegan a los hospitales por abortos clandestinos? Ellos aseguran que de no hacerlo, ponen en peligro su trabajo.

Primero que nada no nos sorprende. La medicina es servicial al patriarcado capitalista y por ende no se puede esperar de esta institución una respuesta distinta. Sin embargo, una puede apelar a la ética profesional, donde el acento debería estar en el beneficio de la paciente. ¿Usted como médico trabaja para conservar la salud de esa mujer que llega desangrándose o para el Estado patriarcal? Un médico que denuncia deja claro cuál es su posición. Además esa supuesta obligatoriedad de denuncia no es tal.

Existe normas del Ministerio de salud que indican no denunciar. Existe el secreto médico, la confidencialidad médico-paciente. Como medida de salud pública además es contraproducente porque si una mujer es denunciada ese lugar será conocido por sus denuncias y las mujeres tendrán temor de llegar ahí, corriendo el riesgo de morir en casa. El médico que denuncia lo hace porque no le interesa la salud de las mujeres. Por lo demás no he visto la misma premura en denunciar cuando llegan a las urgencias mujeres maltratadas, golpeadas o abusadas sexualmente.

En Uruguay se aprobó la ley de aborto y un gran porcentaje de ginecólogos se negó a practicarlo por objeción de conciencia, obligando a mujeres de algunas provincias a trasladarse hacia otras donde sí existan profesionales que lo realicen. En Chile el rector de la Universidad Católica, que recibe financiamiento estatal, se da el lujo de decir que en su universidad no se enseñará a realizar abortos. Eso es una muestra de que no se puede confiar en el gremio médico para garantizar cosas tan básicas como los derechos humanos de las mujeres.

 

Siempre que se habla de aborto en Chile, se diferencia entre clases sociales. Se dice que las mujeres ricas abortan tranquilamente en clínicas privadas, ¿qué tan real es eso desde su experiencia?.

En Chile, los casos de encarcelamiento y procesos judiciales por aborto sólo han sido contra mujeres pobres. Lo mismo los casos de muertes y complicaciones que salen en la prensa, pues en Chile la crónica roja y el sensacionalismo es el único lugar que hace “famosa” la vida de las mujeres pobres.

Las mujeres hemos abortado siempre y lo seguiremos haciendo, la diferencia es que sólo las de menores recursos lo hacen de manera clandestina y precaria. Ya el mismo acceso al misoprostol es limitante. Una dosis completa en el mercado ilegal vale entre 150 mil y 200 mil pesos. Estos datos son de libre acceso por Internet, pones en Google y te salen avisos con cuentas corrientes donde depositar, todo. Sin embargo, no hay inversión en detener este tráfico y en investigar clínicas clandestinas o abortos diagnosticados como apendicitis. Eso porque, tanto quienes venden el misoprostol sin información y a precios exorbitantes como los ginecólogos que realizan abortos en sus clínicas privadas, lo hacen para lucrar con el cuerpo de las mujeres, no les interesa que nosotras recuperemos nuestra autonomía. Seguimos siendo objeto de tráfico y moneda de cambio. Las únicas criminalizadas son las mujeres que abortan y quienes entregamos información.

“Línea aborto ha recibido hasta ahora 4 querellas, porque lo que se castiga en Chile no es hacer abortos ilegales, siempre que sean bien caros, para que las pobres sigan pariendo, lo que se castiga es generar un discurso no asistencialista que apele a la autonomía del cuerpo de las mujeres”.

Línea aborto ha recibido hasta ahora 4 querellas, porque lo que se castiga en Chile no es hacer abortos ilegales, siempre que sean bien caros, para que las pobres sigan pariendo, lo que se castiga es generar un discurso no asistencialista que apele a la autonomía del cuerpo de las mujeres.

 

¿Cómo ven el panorama político en cuanto a la fuerza que ha retomado el feminismo con debates como el aborto? Las feministas parecen más organizadas hoy en Chile.

Creemos que las feministas siempre hemos estado ligadas a los temas que tienen que ver con nuestras realidades, con las violaciones que hemos sufrido históricamente, luchando incansablemente por visibilizar los dispositivos de control sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras sexualidades y las imposiciones que desde la heteronorma, desde el Estado, desde las religiones se nos ha impuesto.

Lo anterior ha sido invisibilizado en el escenario público, cooptando muchas veces la fuerza feminista desde sus instituciones, intentando doblegarnos en pro de su orden social. Las feministas siempre hemos estado presente en los temas vinculados con las violencias que cotidianamente nos afectan, sólo que esto no aparece en la agenda pública muchas veces por el manejo que se desarrolla desde los grupos de poder. Nos hemos organizado siempre, estamos organizadas y nos seguiremos organizando, en el debate actual la voz feminista se ha logrado instalar a fuerza de resistencias y de décadas de lucha y trabajo desde las bases.

feministasEl escenario actual chileno ha favorecido que nuestras voces se unan en pro del desmantelamiento del sistema tutelar impuesto desde el capitalismo y la misoginia sobre nuestros cuerpos, sobre los cuerpos violados de niñas pobres, obligadas a ser madres, por ejemplo, lo cual se constituye en un detonador en la articulación de nuestras luchas, que tiene una de sus expresiones en la marcha del pasado 25 de julio del 2013, donde miles de personas gritamos por las calles de Santiago exigiendo la descriminalización del aborto, conjuntamente en la “toma” de la catedral como símbolo de la expresión patriarcal impuesta  a nosotras las mujeres, en calidad de objetos y subalternas de “ellos” los otros.

En este escenario surge en el año 2013, La Coordinadora de Feministas en Lucha, como instancia que aglutina a distintas agrupaciones, colectivas y agrupaciones feministas, a fin de instalar en el escenario público la realidad que afecta a mujeres y niñas pobres en nuestro país respecto a la imposibilidad de abortar, visibilizando las diferencias de clase, la criminalización de un derecho humano básico en uno de los cinco países del mundo que lo penaliza en todas sus formas.

Creemos que el aborto siendo un tema de salud pública, es un tema relegado en los avances que se han propuesto desde la política pública en materias de “género”, por la carga valórica y moral que se ha impuesto desde los grupos de poder (político y económico), desde el conservadurismo, instalando en el inconsciente colectivo-amparado por la criminalización del aborto en todas sus formas- la satanización de elegir voluntaria, responsable y libremente nuestras maternidades.

 

¿Qué opinan del proyecto de aborto impulsado por Bachelet y cómo ven el cambio a futuro? ¿Hay esperanzas?

Como se decía anteriormente, Chile es uno de los 5 países en el mundo que penaliza el aborto en todas sus formas. Ciertamente hay una necesidad si se quiere dar el “salto” hacia el desarrollo, que tanto les interesa. Creemos que es importante participar en el debate desde una perspectiva no asistencialista ni victimizante, por eso es necesario el trabajo desde las bases, para hacer del aborto una bandera de lucha por la recuperación de la autonomía.

“El legislar sobre tres causales no basta porque sigue penalizando el aborto como una decisión libre de la mujer, es decir, las mujeres seguimos siendo objeto y no sujetas de derecho”.

El legislar sobre tres causales no basta porque sigue penalizando el aborto como una decisión libre de la mujer, es decir, las mujeres seguimos siendo objeto y no sujetas de derecho. Además pone en manos de la instituciones históricamente misóginas y patriarcales como la medicina y los sistemas de justicia la decisión, pues los proyectos propuestos siempre incluyen la opinión de un juez o de un médico, dejando en “su” discrecionalidad nuestras vidas y cuerpos, como si las mujeres no fuéramos capaces de decidir.

El escenario actual en Chile, centra el énfasis en la legalización del aborto terapéutico, que es una expresión mínima de la decisión total que debemos tener sobre nuestros cuerpos como territorios, actualmente trincheras del capitalismo.