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Lugar límite, fin del tiempo. El retrato de un vacío ominoso que no queremos ver. En fin, la muerte. Una de las representaciones más persistentes de la humanidad en su deriva. La tumba, la Gran Pirámide, el túmulo, la fosa común, la lápida sencilla, el mausoleo fastuoso, todo ello la representa, nos la devuelve viva, presta al tacto. Las fotos de Freddy Briones acarician con cuidada ternura las superficies que habitan del Cementerio general de Santiago, el óxido de las cadenas, el ruinoso barniz de los santos, el rostro accidentado de las estatuas prisioneras, en definitiva, las huellas del tiempo allí donde no pasa el tiempo.

Con Freddy Briones nos une, hay que decirlo, una entrañable amistad. Él fue el primer diseñador de El Desconcierto en los inicios como una revista impresa mensual. Allí tuvimos las primeras noticias de sus incursiones, cualquier sábado en la mañana, a un punto de la ciudad cualquiera como explorador de ojo atento que quiere capturar lo que el mirar común tan frecuentemente olvida.