nelson-mandelaDesde que falleciera el pasado 5 de diciembre, el nombre de Nelson Mandela no ha dejado de ser recordado a la hora de hablar de procesos de reconciliación. Alabado por aquellos sectores políticos de los cuales “Madiba” fue adversario, sus frases hoy parecen ser más útiles para enarbolar las banderas de la inacción que las de la lucha política, que eran por las que realmente luchó y lideró el movimiento de resistencia contra el apartheid.

Por ello conviene recordar los episodios claves que erigen a Mandela como uno de los grandes líderes de la humanidad, ése que incomodó al poder antes de que fuera la figura desprovista de la dimensión política que hoy, tan acomodadamente, pretenden algunos que perdure.

Si bien había adscrito a la corriente pacifista que encarnó Mahatma Gandhi en su lucha contra la discriminación racial, bastó que el régimen que había instaurado el apartheid desatara su furia contra el Congreso Nacional Africano (CNA), en la masacre de Sharpville de 1960, para que decidiera fundar el brazo armado del movimiento, transformándose en el comandante en jefe de “La Lanza de la Nación”, la cual inició la oposición violenta contra el régimen.

La matanza que dejó 69 personas muertas, incluidos mujeres y niños, provocó la tenaz respuesta  durante los años posteriores por medio de atentados con minas antipersonales, coches bombas, y atentados directos contra personas, en medio de la cruel represión, tortura y asesinato hacia la población negra que resistió contra la discriminación institucional. Para ello, Madiba, junto a otros líderes juveniles de su partido, desplazó a los antiguos líderes que se oponían a la rebelión y a la lucha armada.

Mandela, detenido posteriormente como terrorista, no era considerado en ese entonces un prisionero político por el mundo, que celebraría en 1990 su liberación. Antes, ni la ONU, Amnistía Internacional ni mucho menos Estados Unidos, hicieron tal consideración de su figura.

Madiba mismo justificó la creación de Unkhonto we Sizwe, nombre original de la organización gerrillera y brazo armado del CNA, años más tarde, cuando enfrentó los juicios en su contra. “Llegué a la conclusión de que, puesto que la violencia en este país era inevitable, sería poco realista seguir predicando la paz y la no violencia”, comentó tras la prohibición y persecución del gobierno de Petroria, que le había dejado sin más opciones que responder a la violencia con la misma moneda. “No me fue fácil llegar a esta conclusión. Sólo cuando todo lo demás había fracasado, cuando todas las vías de protesta pacífica se nos habían cerrado, tomamos la decisión de recurrir a formas violentas de lucha política. Lo único que puedo decir es que me sentía moralmente obligado a hacer lo que hice”, agregó.

mandela CNANo sólo había abandonado sus convicciones pacíficas, pues llegó incluso a declarar que por su ideal estaba dispuesto a dar la vida. “Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”, dijo en 1961, en su alegato frente a la justicia, tras haber sido detenido junto a otros líderes del movimiento de resistencia contra el apartheid, y cuando enfrentaba la posibilidad de ser condenado a muerte.

Dicho juicio concluyó al año siguiente con la pena de presidio perpetuo, y fue trasladado a Robben Island. Allí permaneció los siguientes 27 años de su vida, en una pequeña isla rocosa ubicada a quince kilómetros del extremo sur del continente africano.

En todos esos años, Mandela no se retractó. Muy por el contrario, cuando en 1985 le ofrecieron la libertad a cambio de renunciar a la vía armada, rechazó la posibilidad mediante un comunicado que leyó su hija, desafiando abiertamente la ley al leer el escrito que su padre enviaba desde prisión. “Mi padre les envía el siguiente mensaje: ‘Yo no puedo y no quiero llegar a ningún compromiso con el gobierno, mientras ni yo ni ustedes, el pueblo, vivamos en libertad. La libertad de ustedes y la mía no pueden separarse’“, pronunció ante una enardecida multitud en Soweto, y agregó después, “¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la organización de la gente? Sólo los hombres libres pueden negociar. Un preso no puede entrar en los contratos”.

mandela puño en altoIncluso al momento de su liberación, Mandela mantuvo la coherencia que lo caracterizó y al enfrentar las cámaras, alzó su puño y declaró: “Aún existen razones para la lucha armada en Sudáfrica”.

En medio de todo esto, surge la pregunta por la inclinación ideológica de Mandela. Si bien abiertamente nunca se reconoció como marxista, sí agradeció el aporte de grupos de izquierda en la política africana, y declaró sentirse atraído por la idea de una sociedad sin clases. “Es una atracción que proviene en parte de las lecturas marxistas y, en parte, de mi admiración por la estructura de las primeras sociedades africanas. La tierra pertenecía a la tribu. No había ricos ni pobres y no había explotación. Todos aceptamos la necesidad de que exista una cierta forma de socialismo para permitir que nuestro pueblo alcance a los países avanzados de este mundo y supere su legado de extrema pobreza. Pero esto no significa que seamos marxistas”, explicó al respecto en su momento.

Pero la estrecha cercanía con líderes como Fidel Castro, sugerían más que una simple atracción. Sabido es que la política internacionalista impulsada por los caribeños los llevó a liberar mediante el traslado de miles de combatientes a Angola y el Congo, y en esa lucha incluso se enfrentaron a las tropas pretorianas y racistas de Sudáfica, lo que afianzó los vínculos entre ambos. Por ello, Mandela no dudó en invitar al líder cubano a su ceremonia de toma de posesión.

Sin embargo, cabe señalar que la continuidad de una economía de mercado en su mandato permitió que la concentración de la riqueza se mantuviera principalmente en mano de los antiguos opresores, con lo cual los enormes niveles de desigualdad y violencia siguen siendo parte del paisaje en país más austral de África. Pero, de Mandela al menos se puede decir que su proceso de reconciliación se hizo vía asamblea constituyente.

Al decidir retirarse de la vida política al cabo de su único periodo presidencial,  se apartó de los grupos de poder para dejar que las nuevas generaciones tuvieran en sus manos la capacidad de tomar sus propias decisiones. Algo que seguramente tampoco alentarán los mismos que hoy siguen usando sus frases de lucha contra el racismo, como si alguien pudiera respetar verdaderamente la memoria de Nelson Mandela.