Jeronimo VerdugoDisculpen que lo plantee así, pero creo que nuestro alcalde se ha vuelto loco. El señor Sabat ha propuesto una ordenanza municipal que regula el ruido en nuestros barrios… no es mala idea. El problema es que este hombre quiere prohibirlo todo, incluyendo “el funcionamiento de bandas en la vía pública, salvo que se trate de las Fuerzas Armadas y de Orden”. También quedaría prohibida la producción de “música de cualquier naturaleza” e incluso “a los vendedores ambulantes o estacionados, proferir gritos o pregones, usar pitos o campañillas”.

En resumidas cuentas, Sabat quiere barrios silenciosos, donde no se vendan “escobas, escobillones y escobas”, ni “humitas, frescas las humitas”, donde no se afilen los cuchillos al ritmo del pitillo tradicional o donde uno deba adivinar que el camión del gas va pasando. Pareciera que al alcalde le incomodan los ruidos que nos identifican como vecinos de Ñuñoa, ruidos “molestos” que hemos escuchado desde pequeños y que en más de alguna ocasión nos han salvado un almuerzo o una ida a la ruidosa feria.

O será que le molestan esos cabros jóvenes que tienen la mala costumbre de hacer cultura en la plaza, los que hacen batucada en el Juan XXIII, o la murga Ñuñoa Splendid de Plaza Ñuñoa, o los talleres del Centro Comunitario en Villa Olímpica. Quizás al alcalde en el fondo le resulte desagradable la alegría de los vecinos, en los carnavales del Parque Gorostiaga o el Festival Victor Jara de la Salvador Cruz Gana.

Quizás para nuestro alcalde, una comuna ideal sería aquella en que el silencio reine y en que éste solo pueda ser interrumpido por alguna banda militar para marchar uniformados con robótico paso marcial.

Porque en el fondo a esta municipalidad le molesta que nos comuniquemos, que participemos, y hasta que existamos. Por eso lo prohibe todo. Por eso le cuestiona la personalidad jurídica al Comité de Vivienda en la Exequiel en vez de tratar de resolver la dificil situación de hacinamiento en nuestras poblaciones. Por eso trata a los cabros de Villa Olímpica de delincuentes, en vez de escuchar su planteamiento por una salud integral, por eso prefiere dejar hablando solos a los cien vecinos y dirigentes del sector norte reunidos en audiencia pública que intentan salvar a nuestra comuna de la ya avanzada masacre urbana.

Para el alcalde, el ruido es molesto porque viene con personas, y las personas vienen con opinión, y lamentablemente a las opiniones hay que escucharlas, evaluarlas y eventualmente considerarlas. Todo eso es muy incómodo, es más facil decidir solo, en silencio, por la vía del decreto y la fuerza policial.

Queridos vecinos, el alcalde se ha vuelto loco… no sabe en qué mundo vive, perdió la noción del tiempo, simplemente quiere prohibir el ruido de la democracia.

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Jerónimo Verdugo es Dirigente Social de Cultura del Sur de Ñuñoa