Mujeres creando comunidad 3Resulta innegable que tenemos una mentalidad gobernada por estereotipos occidentales con aspiraciones europeas. Y cómo no, si hemos sido educados toda la vida bajo esa visión, somos habitantes de Latinoamérica, un continente “descubierto y civilizado”, alimentando por una cultura traída desde afuera, completamente ajena a la realidad de quienes habitaban este pedazo de tierra desde sus orígenes; una cultura impuesta literalmente a la fuerza.

Desde esa postura es que en el imaginario colectivo Bolivia es para los más ignorantes sinónimo de pobreza, vacaciones baratas y una caricaturización de su gente, sobre todo de las mujeres, las cholitas.  Unir esta imagen de Bolivia a una lucha feminista resulta difícil para algunos, sobre todo porque el feminismo se entiende siempre desde una burbuja más bien academicista e ilustrada, encerrada en libros y teoría, cargada de prejuicios y estereotipos también alimentados por esta cultura colonizadora, pues el mismo término feminista proviene de ella.

Sin embargo en el hermoso país vecino un grupo de mujeres hace varios años que da clase en cuanto a organización, lucha, resistencia, trabajo y construcción haciendo del feminismo una práctica diaria, una acción que busca dar paso a una realidad pensada desde y por la historia que no nos ha sido enseñada.

Las mujeres somos la mitad de cada pueblo

Mujeres Creando en una organización que surge en 1992 como respuesta al modelo autoritario y patriarcal. Su sello más distintivo han sido los rayados en las calles de Bolivia que hicieron de las paredes su gran escenario visible de lucha con consignas como  “Mujer que se organiza no plancha más camisas”.

Mujeres Creando en una organización que surge en 1992 como respuesta al modelo autoritario y patriarcal. Su sello más distintivo han sido los rayados en las calles de Bolivia que hicieron de las paredes su gran escenario visible de lucha con consignas como  “Mujer que se organiza no plancha más camisas”.

En año 2002, durante la denominada “Guerra del Agua” esta organización se divide por diferencias políticas y parte de sus integrantes forman  Mujeres Creando Comunidad, las cuales toman el feminismo comunitario como una herramienta política en este proceso de cambios que se comenzaron a dar en Bolivia, pero con la claridad de ser un aporte para el cambio revolucionario, con horizontes de abrir espacios para pensar, sentir y hacer una propuesta de construcción de comunidad para y con todas y todos, considerando lo que una de sus consignas dice: “Las mujeres somos la mitad de cada pueblo”.

Julieta Paredes y Adriana Guzmán, dos de integrantes de la organización estuvieron en Chile para lanzar su último libro “El tejido de la Rebeldía ¿Qué es el feminismo comunitario? Bases para la despatriarcalización” el cual, según señala Julieta, “nace para autodefinir su lucha”, pues siempre se les ha clasificado desde fuera en una categoría de feminismo en la cuál ellas no se sienten cómodas, pues no las definen.

Mujeres creando comunidadDisputar el campo epistemológico y lograr una autonomía en ese aspecto usando la palabra como herramienta de lucha reconceptualizando ideas, es el fin que busca este libro según sus autoras. Esto, a pesar de que el español no es la lengua natural de su tierra, sino que el idioma con el que fueron colonizadas. Explican que siendo Aymaras han debido aprenderlo para poder defenderse, peleando desde ahí la capacidad de reconocerse y autodefinirse, librándose de las categorías que desde la cultura dominadora las han querido identificar.

Feminismo y patriarcado son algunos de los conceptos que Mujeres Creando Comunidad redefinen en este libro, tomándolos, desarmándolos y adecuándolos a su realidad. La lucha semántica de la conceptualización de estos términos también es parte de la lucha por la descolonización, la resistencia a seguir siendo hijas de Europa, según Paredes, pues según señala “desmitificar la palabra, la escritura; dejar de ser objeto de estudio y clasificación para ser una voz y una propuesta, es el primer elemento descolonizador”.

El libro fue escrito en comunidad, lo cual no resultó fácil: demoraron seis años en terminarlo. En el proceso comenzaron trabajando en la redacción cinco creadoras, quedando dos hasta el final, pues según Adriana para muchas fue complejo continuar en este proceso, hubo miedo a la escritura debido a que “se piensa que está todo dicho sobre las mujeres y que además escriben feo”. Explica que esta publicación “tiene la responsabilidad política de pasar de la resistencia a la propuesta, a la construcción de dónde se quiere vivir, a ponerle nombre a lo que queremos”, recalcando que no es un libro de teoría, pues para ellas teoría y práctica son una misma cosa: acción política.

Mujeres creando comunidad 1Guzmán cuenta que durante la Guerra del Agua, en Bolivia se volvió a algunas prácticas ancestrales, realizando comunidad  en muchos aspectos; “la comunidad es lo natural, no lo individual” agrega. Desde ahí que también ejecutan su lucha descolonizadora, pues constantemente se invisibilizaba la cultura propia, instalando modelos de organización externos; “en Bolivia también se vive el neoliberalismo, también se borró la memoria y enfrentarse a eso es una decisión política”.

Recuperar la memoria ancestral resulta uno de los puntos más importantes para esta organización, pues desde la llegada de los europeos que se ha instalado una constante eliminación de la historia de los pueblos latinoamericanos, educando por ejemplo bajo una temporalidad ajena, como si antes de 1942 no hubiera existido nada, obviando que al momento de arribar los colonizadores había ya una sociedad con historia. En ese sentido, disputar la temporalidad es, según Adriana, “descolonizar el tiempo, reconocer una contemporaneidad, dos historias paralelas”. Julieta agrega que para ellas la línea de tiempo no es plana, sino circular, ya que se pretende volver a las costumbres de las y los antepasados, “vamos a donde venimos”.

Un ejemplo de esto es la práctica de la maternidad colectiva la cual entienden como un golpe certero al patriarcado, pues cambia la perspectiva de una maternidad institucionalizada en la soledad y esclavitud, asumiendo en comunidad la crianza de las wawas (niñas y niños) pues es una “responsabilidad política con la vida” en donde se debe repensar un modelo educativo y desde ahí “construir un mundo sin patriarcado”.

Esta organización toma en sus manos la tarea de identificar, redefinir y proyectar la construcción de la sociedad que desean. Tejiendo rebeldía, como se teje un aguayo, dicen las autoras, luchando por la autonomía de la temporalidad, de la epistemología y de los cuerpos, pues “la utopía es la energía de realizar lo irrealizable, la utopía sirve para ser felices”.