guendelmanNo es la primera que Rodrigo Guendelman pone a prueba la paciencia de quienes, por alguna razón, han tenido que leerlo o escucharlo. El asunto es que, en pleno desarrollo del conflicto entre Israel y Palestina, y cuando las cifras oficiales certifican el asesinato de más de un centenar de niños y familias, la tolerancia con las transmisiones del canal estatal fueron llevadas al límite.

Durante el pasado martes, en un capítulo dedicado al análisis del escenario que conmueve a todo el mundo, el programa de TVN excluyó inexplicablemente de su panel a la Federación Palestina de Chile, voceros democráticos de la comunidad. A cambio, sólo estuvo presente el escritor Jorge Baradit, quien al menos, desde un comienzo, se excusó por referirse al tema sin pertenecer a ninguno de los pueblos en cuestión. Sin embargo, pese a su postura crítica de las acciones del ejército israelí, quedó en claro la ausencia de voces autorizadas desde el mundo palestino para hablar al respecto.

Desde esta ventaja, Guendelman comenzó a lanzar sus dardos en contra del movimiento islamista Hamás, enfocándose en ellos durante todo el capítulo y rechazando las teorías sobre la resistencia ante uno de los ejércitos más poderosos del mundo.

“Hoy día la Unión Europea a quien fustigó fue a Hamas, a quien exigió el cese del fuego fue a ellos”, argumentó, señalando éstos no son proclives a apoyar a Israel. Pese a que Baradit le recordó el dispar número de víctimas judías y palestinas, el periodista hizo caso omiso de la simetría en el uso de la fuerza y apuntó, nuevamente, a los fundamentos de Hamás como parte protagónica del conflicto.

“Hoy día la Unión Europea a quien fustigó fue a Hamas, a quien exigió el cese del fuego fue a ellos”, argumentó, señalando éstos no son proclives a apoyar a Israel”.

Desde su tribuna, además, Guendelman señaló que “acá hay muchos judíos que sentimos mucho dolor con lo que está pasando con los palestinos”, pero aseguró estar preocupado por la postura de la Federación Palestina –ausente en el debate- por no tener una visión crítica ante el movimiento islamista.

Durante todo el capítulo, ni el filósofo Max Colodro ni el doctor en ciencia política, Mladen Yopo, ofrecieron un punto de vista que problematizara el tema más allá de los discursos televisivos tradicionales, que apuntan a la paz y hacen caso omiso del genocidio que ya ni los medios han podido acallar, dada la rápida transmisión de información de las redes sociales. Ante los ojos de Chile, a través de su única señal estatal, se exhibió un programa que no contribuyó a ampliar las perspectivas y, de manera soslayada y a veces directa, presentó discursos que excusaron la muerte de miles de civiles.

Mención aparte merecen los testimonios de chilenos que viven en Israel y se declararon “orgulloso del ejército israelí que los defiende”. Dichas visiones fueron contrastadas con tibios mensajes de palestinos en la Franja de Gaza, con un saldo claro a favor de un lado y con una evidente línea editorial que desconoció, por ejemplo, las manifestaciones de judíos en todo el mundo en contra de las acciones de su ejército y los cruentos relatos, fotografías y videos de la muerte y el abuso en la zona.

Al finalizar el capítulo, al analizar soluciones para el conflicto, Guendelman apuntó a la coexistencia, pero sosteniendo un discurso contradictorio. Por un lado, señaló que Israel podría haber logrado sus objetivos “matando demasiado menos gente”, y por lo mismo, admitió ser crítico del método, aunque no completamente “del origen del problema”. Inexplicable. Para terminar, el periodista recalcó que el escenario podría inclinarse a favor de la paz si se determina una frontera, aunque reconoció no saber “exactamente con cuál frontera”.

 

guendelmanMención a su prontuario columnista

Rodrigo Guendelman escribe columnas. Quizás demasiadas. Su fama en las redes sociales ha crecido exponencialmente al alero de algunas opiniones polémicas que tienen habilidad enfureciendo a la gente, especialmente a las mujeres. Durante el desarrollo del movimiento estudiantil, de hecho, escribió sobre la entonces dirigenta de la FECh, Camila Vallejo, asegurando que ésta tenía “a medio Chile caliente” y apuntándola como una bomba sexy por ser comunista, usar un piercing y pensar, al mismo tiempo.

En otra ocasión, defendió a Claudio Spiniak ante la crítica social que produjo la rebaja de su condena por buena conducta, señalando que éste no era pedófilo –cosa explícitamente comprobada en las investigaciones al respecto, dada sus relaciones íntimas con un menor de edad- y apuntando a la responsabilidad de los prostitutos asegurando que “ninguno era niño, ninguno fue forzado y ninguno era un inocente muchachito”. Para el recuerdo.

En otra ocasión, Guendelman le discutió a Pamela Jiles sobre el poder económico de la comunidad judía en Chile, relativizando su importancia, para, más tarde, ofrecer un extraño capítulo de reconciliación con el humorista Murdock, a causa de su broma a los judíos. En fin. Nos quedamos con su humor, al finalizar aquel memorable capítulo en El Informante: “Si yo viviera en Israel, seria un judío israelí más de izquierda y no uno que apoye al 100 por ciento a su gobierno”.