Se invoca al bien común cuando los bienes particulares corren riesgos.

Es el bien común una premisa conforme a la cual se han racionalizado crímenes famosos.

Se pretende – me parece que es Alberto Camus – que hay crímenes de pasión, y crímenes de lógica, y que la realidad de nuestra época es la del crimen lógico; es la del crimen argumentado.

Está equivocado el malogrado escritor. Justificar crímenes tiene ya un largo historial. En aquel tiempo, dijeron los príncipes de los sacerdotes: ¿Qué hacemos, pues este hombre hace muchos milagros? Si le dejamos así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y a nuestra nación.

Uno de esos príncipes, Caifás, sumo sacerdote, les dijo: “Vosotros no sabéis nada; ¿No comprendéis que conviene que muera un hombre por todo el pueblo, y no que perezca todo el pueblo?”

Tal es la racionalización, la justificación lógica, de un antiguo y famosísimo crimen.

El bien común es también la premisa con la que la culta Atenas racionaliza la cicuta para Sócrates

La Inquisición – las diversas inquisiciones – también proceden racionalmente cuando los canonistas invocan razones de orden social: los herejes turban la tranquilidad pública; atentan contra el bien común.

Todavía en el siglo XVIII se justifican las violencias a partir del bien común. ¿Cuál es el bien común ahora, en 1789? ¿Cuál es el bien común que invoca una inquisición laica e ilustrada?

“La Revolución es la igualdad, y no habrá igualdad mientras subsistan los privilegios entre el Estado y los individuos. La Asamblea se pronuncia por la nacionalización” (A.Dansette. Histoire Religieuse de la France Contemporaine).

En tres años, las propiedades eclesiásticas son puestas en subasta. Los abogados, los notarios, los médicos, los comerciantes, los capataces, los funcionarios, dueños ahora de esos bienes, redactan su bien común que será la premisa para el Terror que está por venir.

Rápidamente, el Papa aprueba al nuevo bien común así habido. E Iglesia y burguesía defenderán su bien común frente al socialismo incipiente. Las represiones a la insurrección lionesa, y a la Comuna de París están inscritas en este último bien común.

No hace mucho, aquí en Chile, la Junta de Gobierno necesitó declarar sus intenciones. Hizo una Declaración de Principios: el fin del Estado es el bien común general. El bien común exige respetar el principio de subsidiariedad del Estado.

No cuesta advertir que el principio de subsidiariedad supone el derecho a la libre iniciativa en el campo económico.

Dijimos al comienzo que se invoca al bien común cuando el bien de unos pocos está en riesgo. Esto que en un momento percibimos más o menos confusamente, lo dijo con claridad en un libro valiente y contundente la periodista María Olivia Monckeberg: El saqueo de los grupos económicos al Estado de Chile.

Se lo seguimos agradeciendo.