Granola, Yogurt y Frutas

IMG_20140730_103633413Despiertas temprano, no tomas desayuno y sales corriendo para no llegar tarde al trabajo. Llegas a la esquina y lo primero que ves es una de estas publicidades de McDonald`s: los famosos pequeños precios. Para saciar esa hambre, está el infaltable carrito de sopaipillas, humeante, crocante. Ese carro, que ofrece café, sopaipillas o quizás un sandwich, es quizás el fiel compañero de los madrugadores capitalinos. Una opción fácil y barata, bien distinta a la granola con yogurt y frutas que señalaba mi dieta.

Salí de la casa, y el invierno me esperaba con su máximo exponente: el calzón roto. Una dulce tentación criolla y que tiene su versión peruana “los picorocos”. Sin embargo, la fuerza de voluntad fue más grande pero el viaje continuaba. Un poco de caminata y las tentaciones se sumaron, pero nada fuera de lo común, es entonces cuando llegas a una estación de metro o a un barrio de oficinas.

IMG_20140730_111330873 (1)Bajas del vagón del metro y ese olor a pan recién hecho, a berlín con manjar o a un conejito con crema pastelera que inunda los pasillos y definitivamente tu cuerpo y todos tus sentidos no pueden omitir la invitación a pasar. Es la estrategia del “Castaño”. El imperio de las masitas se hace presente y comienza su juego de seducción desde el interior de una estación y termina hasta la entrada del edificio en que trabajas. Se viene un arduo día de trabajo y nada mejor que empezarlo con un mendocino.

Al interior de la oficina el panorama no es tan oscuro, ya que puedes llevar tu colación o adquirir la colación del casino de turno, donde siempre hay opciones más saludables. La lucha contra los kilos pareciera ser más fácil, pero nunca falta el compañero poco empático que llega a tu mesa con un gran plato de pastas con queso, o un sandwich del Subway o algo por el estilo. Sin embargo las ganas de continuar con la lucha, persisten.

El “super combo”: un amigo en tu camino

imageAl salir tarde del trabajo, hay un mensaje clarito: $1.690 es la módica suma para acceder a Burger King . Es la competencia de los “pequeños precios” de la cadena de comida rápida del payaso Ronald Mcdonald. Es aquí cuando realmente comienza el calvario. Ese momento en que el estómago empieza a sonar pero prefieres caminar para hacer un poco de actividad física. El camino a casa es largo pero sanador. Sin embargo hay un par de amigos que tienen toda la intención de no dejarte solo, las cadenas de comida rápida.

En cada esquina, una publicidad. Cada publicidad se debe multiplicar por tres en cada esquina. Los módicos precios y el ataque de imágenes no cesan en todo el recorrido. Si pones atención, te llegaras a sorprender al cantidad de plata que deben gastar las grandes cadenas de comida rápida, un ejercicio de sugestión del hambre que a todas luces es efectivo.

Cuando comencé la dieta pensé que en general habría un problema propio de ansiedad o simplemente glotonería, pero el hecho de observar atentamente las calles, dan cuenta de que además de los problemas del hambre propios, se suma un bombardeo de imágenes y estímulos que sagradamente entran a la cabeza y aumentan los primeros indicios de gula.

SIMG_20140730_105951762_HDRiempre nos dicen que el problema de la obesidad y el sobrepeso debe abordarse desde el espacio privado, como un problema individual (cambio de hábitos, medicamentos, etc.) Sin embargo, la obesidad infantíl y adulta en Chile es de tal envergadura que se ha convertido en uno de las enfermedades más importantes y difíciles de atacar en los sistemas de salud, es casi en una pandemia.

Si bien el cambio de hábitos es una de las claves para evitar y erradicar el sobre peso/obesidad, los nuevos estudios hablan también de la relevancia de los “factores obesogénicos”, que son básicamente “la suma de las influencias que el entorno, las oportunidades o las condiciones de vida tienen en la promoción de la obesidad de los individuos o de las poblaciones”, según la investigadora británica, Amelia Lake.

Los ambientes obesogénicos juegan un papel fundamental en la creación de hábitos alimenticios y sin duda quienes vivimos en grandes urbes estamos más expuestos. El bombardeo publicitario, los tiempos cortos y la dificultad de acceso a una alimentación saludable deja de ser un problema personal y se convierte en un síntoma colectivo. La cultura de la comida basura.

El investigador Leung, asegura en su estudio “The Influence of Neighborhood Food Stores on Change inIMG_20140730_104917142 Young Girls’ Body”, que “el vivir a menos de 400 metros de una tienda de conveniencia aumenta el riesgo de sobrepeso/obesidad hasta 4 veces en niñas escolares”.

Hans-Rudolf Berthoud, investigó este problema en los adultos, aclarando que “nos encontramos cada vez más expuestos a oportunidades para comer. Comparada con los patrones relativamente rígidos del pasado, la disponibilidad de la comida ha aumentado drásticamente en casa, en los sitios de trabajo y entre la comunidad en general. Además de pasteles de cumpleaños y máquinas expendedoras de golosinas en oficinas y escuelas, así como la creciente cantidad de restaurantes de comida rápida, el refrigerador familiar también está retacado con productos listos para comer. Adicionalmente, las porciones han crecido dramáticamente y los buffets y restaurantes de “coma todo lo que pueda” son cada vez más comunes”.

IMG_20140730_105700965En Chile ya se ha puesto en el tapete el tema de la abundante publicidad y mala rotulación de los alimentos dirigidos a niños. La discusión de la “Ley Super 8” lo aborda, pero aún falta que como sociedad veamos a la comida chatarra no sólo como una “tentación”, sino también como una creación de deseo y adicción.

Hacer dieta es un tema difícil, sobre todo porque como latinoamericanos, la fritura y la chatarra es pan de cada día. Plátanos, masas, pollo, zapallo….todo a la olla con aceite. Lejos quedan los yogurts, la stevia y la granola. Podrá acabarse la publicidad, pero la sopaipilla y los calzones rotos jamás, está y estarán siempre en nuestros gordo ADN.