karen_Hermosilla-15102013Gabriel Zaliasnik como representante de la Comunidad Judía en Chile, frente a la cruenta política genocida del gobierno de Israel contra Palestina, ha apelado al cumplimiento de los tratados de paz, que buscan cohabitar la región ocupada desde 1948, con  la creación discrecional de un Estado-Nación, que atiende a una referencia geográfica aparecida en la Biblia; para muchos, una fábula de varios autores.

El concepto de “paz”,  es entonces el de aceptación, no sólo de la irrupción de un nuevo contexto geopolítico de ocupación, sino también de la construcción de un muro segregacional, el avance de campamentos israelíes en la Franja de Gaza y la deportación como hábito de limpieza racial, en un territorio que es parte de la autonomía palestina, según esos mismos tratados firmados por ambos estados.

No existe nada más convocante que la paz. Nadie podría estar en desacuerdo. Sin embargo, cuando la paz que se busca es la de la subyugación, y si eso no funciona, producto de la legítima resistencia, es la paz de los cementerios; la petición de paz, no es más que un acomodo para permitir el sionismo.

No existe nada más convocante que la paz. Nadie podría estar en desacuerdo. Sin embargo, cuando la paz que se busca es la de la subyugación, y si eso no funciona, producto de la legítima resistencia, es la paz de los cementerios; la petición de paz, no es más que un acomodo para permitir el sionismo.

En efecto, la paz aludida por la Comunidad Judía en Chile, es la que se obtiene cuando se va ganando la guerra, en donde el territorio enajenado es cada vez más amplio, provocando un verdadero apartheid. Esta situación fue justamente la que permitió Al-Fatah, como gobierno palestino “moderado”, originando que el grupo islámico fundamentalista Hamas irrumpiera en legitima defensa, desatendiendo la “paz” pactada para cogobernar respetando las negociaciones, siempre convenientes al estado de Israel.

El argumento “Ad-HAMASum”, que pretende generar artificialmente la dialéctica moderado-extremistas, fija en el “terrorismo” la causa plausible del ataque que ya lleva 1.800 muertos civiles, muchos de ellos niños, que según otro de los interlocutores validados por la Comunidad Judío-Chilena, Rodrigo Guendelman, se justifica con que son “soldados” entrenados por las mismas madres para combatir.

Además, la Comunidad Judía se ha declarado en favor del ya ex-embajador de Israel en Chile, David Dannon, frente al llamado a revisión del gobierno por sus airadas declaraciones justificando la masacre palestina. No obstante, su cese de funciones responde a que su periodo como autoridad –cinco años- terminó en el mes de junio, cuestión que se confirma con la carta de despedida que la página Web de la Embajada de Israel en Chile tiene publicada con data del 16 de junio de 2014, echando por tierra la teoría de que la “presión” habría hecho caer a la autoridad.

Que hoy haga un llamado a una Comunidad Judía en Chile a dejar de justificar, callar u omitirse, o peor aun, alentar la política sionista con acciones como la de enviar a sus hijos a realizar el servicio militar a Israel, no me hace antisemita.  Hoy se habla mucho de tener cuidado con no caer en el antisemitismo. Pero si atendemos que en rigor el origen semita no se remite exclusivamente al pueblo judío, veremos que Israel, el estado de ese pueblo, ha cumplido la misión de ser, como ha dicho el intelectual esloveno Slavoj Zizek: “la primera línea de defensa contra el expansionismo musulmán”, y por lo tanto, antisemita en su utilización aliada con el occidentalismo yanqui. Es más, la política utilizada por Netanyahu, ha volcado su odio contra los judíos que no se identifican con el proyecto de Israel, consiguiendo el control de sus opiniones, invisibilizadas y silenciadas, dando cuerpo al binomio sionista-antisemita.

Muchos chilenos, a pesar de tener en su país la comunidad de refugiados palestinos más grande del mundo, se sienten absolutamente  apáticos. Tomar palco apelando a la supuesta distancia, o desafectándose porque es un problema de “otra” cultura, es una lectura cómoda y equivocada que evita comprender una realidad que se comparte en toda la tierra: propiedad privada vs pertenencia. Este conflicto es una disputa política en el mundo entero en la dialéctica opresor-oprimido.

Gaza nos duele, no desde un multiculturalismo progre que nos pone de moda, sino porque nos duele el sionismo como hegemonía, que avanza más que el desierto, con una idea de Estado- Nación Capitalista que se sufre en cada pueblo. Por ejemplo en el mapuche frente al estado chileno. Lejos de “pacificar” la Araucanía, o la Franja de Gaza, debemos pedir justicia, porque la paz muchas veces no es otra cosa que el silencio de los oprimidos.