De vez en cuando, la CEPAL –Comisión Económica para América Latina– cuenta el número de miserables que hay en nuestra América morena que cree en Jesucristo y habla malamente el español.

Abrumados sus funcionarios de planta piden auxilio a inteligencias superiores. Éstas son los

Think tanks; pesos pesados de la inteligencia; generadores de soluciones. Así reza un artículo especializado que tengo a la vista.

Ni cortos ni perezosos activan sus influencias y hacen su aparición los filósofos latinoamericanos, los teóricos de América Latina

Así tenemos a una caterva de chapulines atropellándose, hablando en difícil a más no poder, para diagnosticar nuestra miseria. El gran público los escucha embobados e intenta descifrar esa fraseología hueca, hipócrita y adormecedora.

Uno de estos think tank ha escrito un libro que cuenta lo que acabo de decir: Pobreza y Cultura. (Pontificia Universidad Católica del Perú. 1985). Es Alberto Wagner de Reyna.

A juicio del indiecito servil que comenta el libro es el aporte más original de Wagner al mundo de las ideas (Ideas tanques). Propone según el comentarista, “un replanteo de la consideración cuantitativa del problema de la pobreza, haciendo la defensa de la pobreza como valor”.

¿Qué dice don Alberto Wagner?

“Salir de la crisis por la pobreza. Alcanzar desde y gracias a ella el concierto – reconciliación de todas las dimensiones – por la cultura. Quien se acomoda a la pobreza es rico … es más rico el que menos necesita … no es pobre quien tiene poco sino el que desea más de lo que tiene.”

Y mientras los pobres cholitos se acomodan a la pobreza, él, don Alberto Wagner de Reyna, se dedica a su urgente tarea de diplomático. Recita una cháchara medio aristotélica en la UNESCO. Va y vuelve a costas del trabajo de esos compatriotas suyos, cholitos, que se acomodan a la pobreza.

Y aquí termina esta breve nota acerca del “establishment”.