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La falla que provocó la suspensión de servicio más larga en la historia del Metro de Santiago, generó estragos y fuertes muestras de molestia en la población afectada, que tuvo que soportar largas esperas y aglomeraciones tanto en el horario punta de la mañana como en el de la tarde.

Los trabajos de reparación obligaron a adelantar la vuelta a los hogares, y desde temprano se pudo observar una alta congestión, sobre todo en la Línea 5 que tuvo que absorber gran parte de la demanda.

El colpaso evidenció problemas para poner en marcha las medidas de emergencia, como la implementación de buses por parte de Metro que cubrieran el tramo entre las estaciones Grecia y Vicente Valdés, en la Línea 4. Largas filas de hasta 200 metros se produjeron ante la incapacidad de los buses del Transantiago de reaccionar ante la emergencia. Los planes de contingencia mostraron quedaron en tela de juicio, y las autoridades de transporte anunciaron una revisión de los procedimientos adoptados.