Manuel-Gutiérrez-ReinosoTres años atrás, la noche del 25 de agosto, Manuel Gutiérrez Reinoso fue asesinado en la población Jaime Eyzaguirre. En la segunda jornada del paro nacional convocado por la CUT los hermanos Gersón y Manuel, al igual que muchas personas esa noche, decidieron salir a la calle. Recorrieron Olga Poblete, pasaron por Ramón Cruz y entraron por Amanda Labarca pasando una plaza; se detuvieron casi al llegar a la pasarela que cruza Américo Vespucio, que une a la Población con Lo Hermida. Una de las balas disparada por la UZI de Miguel Millacura, carabinero en servicio esa noche, llegó directo al tórax de Manuel. “Me dieron” alcanzó a decirle a su hermano.

 

La culpa de Manuel

El Manolito -como lo llama Mireya, su mamá- tenía 16 años, venía de una familia evangélica, no era un joven con actividad política activa ni un rollo ideológico claro, no salió a la calle a alimentar las fogatas de esa noche, decidió salir a mirar lo que pasaba cuando su hermano le pidió que lo acompañara. Pero también hay que considerar que no quiso quedarse ajeno a lo que estaba sucediendo en la calle en este instante, sobre todo en el año en que la movilización social se desataba con una fuerza inimaginable.

Ninguno de los dos imaginó al salir de su casa que la plaza por la que pasaron y  en la que tantas veces estuvieron antes llevaría hoy el nombre de Manuel, que las murallas de la Jaime Eyzaguirre llevarían la cara de Manuel, que en las masivas marchas estudiantiles cientos de personas llevarían con los brazos en alto afiches con la imagen de Manuel, que una gigantografía de cinco metros colgaría de la Iglesia San Francisco con Manuel como protagonista.

Quien fue asesinado fue un joven de una población en una noche en la que en muchas poblaciones se vivían escenarios similares. Pudo haber sido Manuel o cualquier otra persona esa noche. La única culpa que tuvo Manuel fue ser pobre, porque cuando Carabineros va a los barrios acomodados no porta armas personales ni va con cargamento de guerra. Tampoco va a disparar a mansalva, a matar a cualquiera. A tres años del  asesinato de Gutiérrez, a tres años de impunidad, el 25 de agosto se está instalando como una fecha más en la memoria colectiva, como un motivo más para luchar.

 

El descaro judicial

Cuesta creer el descaro con el que funcionan los sistemas judiciales en este país. En el caso de Manuel las agravantes son muchas, tantas como las faltas de explicación para los familiares ante las sentencias.

Esa noche de agosto Millacura cargaba un arma que no era de servicio, la ametralladora UZI con la que mató a Manuel era un arma personal. Inmediatamente su institución lo respaldó, lo encubrió, inventó en primera instancia un enfrentamiento entre pobladores intentando desmarcar al uniformado en este crimen.  El caso fue derivado a la Justicia Militar, pese a que el uso de un arma personal y no de servicio convierte este crimen en un asesinato común.

Esa noche de agosto Millacura cargaba un arma que no era de servicio, la ametralladora UZI con la que mató a Manuel era un arma personal. Inmediatamente su institución lo respaldó, lo encubrió, inventó en primera instancia un enfrentamiento entre pobladores intentando desmarcar al uniformado en este crimen.  El caso fue derivado a la Justicia Militar, pese a que el uso de un arma personal y no de servicio convierte este crimen en un asesinato común. Sumemos a esto que los disparos se ejecutaron de noche, motivo que judicialmente agrava el hecho, junto que la víctima era menor de edad.

Miguel Millacura no sólo cuenta con el respaldo de su institución, sino también de todas las autoridades al avalar que existan legislaciones dedicadas a que la impunidad sea la sentencia en estos crímenes -que dicho sea de paso siempre intentarán justificar revirtiendo las culpas, dando la espalda a los muertos y la mano a los uniformados- y en estos casos en que la víctima no cumple con su perfil de sujeto a reprimir, no hacen más que cerrar la boca y lavarse las manos.

“No hay justicia para los pobres”, piensa Gerson Gutiérrez, quien tampoco se resigna a que los culpables sigan gozando de impunidad. Él sabe que si no hubiese sido un Manuel Gutiérrez de la Población Jaime Eyzaguirre, sino una persona con apellido difícil de pronunciar y del barrio alto, o si el muerto hubiese llevado un uniforme, otro gallo cantaría. Por esto es que no se ha cansado de exigir  que al menos este Estado que sustenta al carabineros sea menos cínico y lo someta al mismo proceso que a cualquier otro asesino.

Manuel no va a volver, a pesar de todo lo que se pueda pelear. Ni ganando un juicio, ni recibiendo una indemnización millonaria, ni terminando con la Justicia Militar,  pero sí se podría marcar un precedente y que no sea completamente en vano.

Hoy se cumplen tres años de este crimen. Miguel Millacura no ha pagado culpa alguna, en su rostro no hay arrepentimiento, mientras en las calles de la Jaime Eyzaguirre a Manuel sólo se le puede ver sobre los murales que recuerdan lo que ahí pasó.