La búsqueda de la igualdad es lo básico en ser de izquierda. No se es de izquierda sí no se tiene a la igualdad como objetivo y se parte, además, de la constatación que hasta hoy la sociedad humana no es igualitaria, lo que resulta de su desarrollo a través de la historia. Es decir, hay una explicación histórica de la desigualdad ya que ésta que no está en la naturaleza de la condición humana, sino que es un producto de su evolución.

hernan-sandovalSin embargo, tener como objetivo conseguir la igualdad de las condiciones de vida de la gente, referida a la satisfacción de sus necesidades básicas, es un territorio de limites inciertos por varias razones;

– Al priorizar las necesidades básicas estamos confinando la desigualdad a la pobreza, porque sólo los muy pobres no pueden satisfacerlas. Es muy difícil establecer las necesidades básicas yaque éstas no se pueden definir sólo por indicadores biológicos o materiales, también intervienen otros elementos que son culturales y coyunturales. Ello obliga a relativizar el tema de la igualdad de las condiciones de vida de la gente, porque cada época y cada sociedad tiene sus pobres, aunque ellos sean mucho más ricos que sus antepasados.

La sociedad actual posee la capacidad técnica para producir los bienes para satisfacer las necesidades básicas de todas las personas, en nuestro país y en cualquier país del mundo, por muy pobre que sea. Es decir, las sociedades actuales poseen la capacidad para producir lo suficiente para que todos coman 2000 calorías diarias, tengan un lugar donde residir y puedan vestirse. Digo esto, no porque no existan en nuestro país diferencias abismales que ofenden a la equidad, sobretodo cuando el crecimiento económico de las últimas dos décadas se acompañó de índices crecientes de desigualdad, sino porque la igualdad de las condiciones de vida de la gente necesita definiciones más precisas (¿canasta básica?).

– Plantear el ser de izquierda en relación con mejorar la suerte de los más necesitados reduce el horizonte del cambio social a un cambio material y no a un cambio principalmente cultural y de sentido del orden social imperante, con su rígida estratificación y la perpetuación de estructuras sociales autoritarias y excluyentes.

Sostener que la búsqueda de la igualdad de las condiciones de vida de la gentesería el atributo más importante de ser de izquierda nos podría llevar a aceptar que finalmente es el productivismo de la sociedad industrial, que ha sido exitosa en aumentar la cantidad y calidad de los bienes disponibles, la manera de enfrentar satisfactoriamente las necesidades de la gente. Los últimos 200 años, si bien han traído un enorme incremento de la riqueza de las naciones, no han disminuido la desigualdad material, lo que en nuestro país tiene su expresión más dolorosa en la extrema pobreza. En ese contexto no habría diferencia entre derecha e izquierda porque todo sería reducido a un problema técnico de gestión de los bienes de la sociedad.

Hay otros dominios de la igualdad que son tanto o más importantes que la igualdad de las condiciones de vida de la gente. En nuestro país, por ejemplo, es la desigualdad ante la ley uno de los aspectos que más discriminan a un número considerable de personas, principalmente a los jóvenes. Así es como en estos días hemos visto que un mismo delito tiene distinto trato según quienes lo perpetran: la obstrucción al libre tránsito de las personas por los caminos nacionales fue severamente reprimida en el caso de los pehuenches de Ralco y no fue sancionada en el caso de los pinochetistas cuando obstruyeron el camino a San Antonio o la ruta 5.

En tiempos de confusión, de derrumbes de los viejos paradigmas, es pertinente interrogarse sobre el significado de ser de izquierda y buscar las distinciones que nos permitan construir nuevos paradigmas en la permanente búsqueda de la igualdad y la justicia social. Es evidente que las simplificaciones tienden a ser pedagógicas y generan ideas fuerza, sin embargo el desarrollo de nuestra cultura y la insuficiencia de las respuestas para enfrentar muchos de los problemas que el propio desarrollo cultural devela, nos obliga a asumir la complejidad de las relaciones sociales para generar modelos que permitan perfeccionar la sociedad humana y superen las carencias de los enfoques simplistas que la misma izquierda produjo.

Considero que hay otros atributos del ser de izquierda que son tan importantes cómo la búsqueda de la igualdad:

– Proponer y luchar por la extensión y profundización de la democracia, generando instancias permanentes de participación ciudadana. En los tiempos que corren, con una gran desvalorización de la política, recuperar para el ciudadano su plena expresión y acción, es un desafío que sólo la izquierda puede asumir, porque en el fondo representa acabar con las estructuras autoritarias de la sociedad que en nuestro país son la trinchera más importante del poder conservador. Ello conlleva recuperar la soberanía nacional, cautiva de una institucionalidad que distorsiona la representatividad de los ciudadanos en los órganos de elección popular. No podemos olvidar lo que hemos aprendido en el siglo XX; al dejar los ciudadanos de participar en política y entregarse en manos de líderes carismáticos del partido de vanguardia o de la tecnocracia, o al ser sometidos por crueles dictaduras, se ha llegado a los momentos cumbres de la barbarie humana: el holocausto y los campos de concentración nazis, el gulag estaliniano, las bombas sobre Hiroshima y Vietnam y, en nuestro país, la cruel e irracional represión durante la dictadura.

– Revalorizar la política como la ética de lo colectivo. La ética en la política exige que el gobierno de la sociedad sea prescindente de los intereses de los gobernantes y sus seguidores, que habitualmente confiscan el poder para beneficio propio. Las actitudes partidistas o corporativas toman en la sociedad actual múltiples formas: desde la obstrucción de la justicia hasta la defensa cínica de la corrupción de los amigos del cuerpo o del partido, como fue practicado en la dictadura que protegió a los criminales que prohijó. Además cuando se reclama por la recuperación de los valores y cuando surgen ETICAS particulares para todo lo imaginable, la política pasa a ser la forma de darle un marco social y de bien común a esas ETICAS particulares, que al final pretenden imponer como norma de conducta social lo que representa la visión o los intereses de grupos de especialistas, pero cuyo dominio no es el bien común. Reclamar la ética en política es perturbadorpara el realismo político dominante, porque la intromisión de la moral es vista como un idealismo negativo. Ser de izquierda es renovar la ética en la política, para restituir la política a su verdadero sitial, el arte de gobernar para, por y con todos.

– Renovar el pensamiento y acción de las relaciones del hombre y la naturaleza. La civilización industrial, por su manera de depredar la naturaleza y de esquilmar los recursos naturales, tiene un límite fundamental: la base natural de mantenimiento de la vida sobre el planeta Tierra. Este no puede soportar por mucho más tiempo la sobrecarga a la que se halla sometido por el actual ritmo del crecimiento industrial, y más concretamente no es posible universalizar el modo de vida característico de las sociedades avanzadas como los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea. Tal constatación obliga a interrelacionar crisis ecológica y desigualdad social en el plano mundial y a abandonar el paradigma del crecimiento económico constante como resolución definitiva de las carencias de la sociedad actual. Ser de izquierda es hoy día recuperar la mesura en las metas de crecimiento y generar mejores mecanismos distributivos, para preservar la naturaleza y al mismo tiempo conseguir mayor igualdad.

– Generar una cultura de respeto a la persona, que posibilite que cada cual exprese su individualidad sin riesgo de ser postergado o excluido socialmente. En una sociedad profundamente clasista y racista, como la chilena, el irrespeto a las personas es un elemento de la cultura cotidiana y que se expresa en múltiples manifestaciones de marginalización social. La lucha por el derecho a los espacios propios de las personas así como el derecho a la diferencia, debe ser otro de los atributos del ser de izquierda.

Afirmar la primacía de lo colectivo sobre lo particular, como vía preferencial para alcanzar la igualdad y resolver otros problemas sociales. Por ejemplo, es más equitativo resolver los problemas del transporte colectivo que plantear que todo el mundo tenga un vehículo personal, así como en materias de salud generan más igualdad y más salud las vacunas y el agua potable, que el acceso a la atención médica. Es siempre mejor no enfermarse que tener acceso a la curación.

– Recrear la utopía. La sociedad moderna ha creado las bases técnicas que permiten la realización de acciones en la vida cotidiana las que sólo imaginarlas –hace algunos años- habrían sido motejadas de utópicas, en un sentido peyorativo. En todos los dominios del quehacer humano hay avances, que a nosotros mismos, testigos de su aparición, nos sorprenden. Es decir hay una “utopía material” realizada y todo es hoy imaginable (clonación de mamíferos, vegetales transgénicos, viajes interestelares, entre otras muchos avances que podrían señalarse). Sin embargo, en la sociedad industrial, los principales representantes de la clase social hegemónica han considerado “utópicas” (en el sentido de irrealizables y de no convenientes) todas las propuestas de sociedad buena, libre y materialmente igualitaria. En el plano material, lo utópico de ayer, hoy es una realidad, recordemos con Víctor Hugo que la “utopía de hoy es la verdad de mañana”. Es precisamente la existencia de esa base tecnológica y material lo que nos debe impulsar a replantear la “utopía social” de una sociedad más igualitaria, más solidaria y menos autoritaria, como fue pensada por Tomás Moro.

El gran cisma de la izquierda durante el siglo XX fue producido por las diferencias en los métodos para alcanzar objetivos que eran compartidos. En vísperas de un nuevo siglo es importante debatir el ser de izquierda, para lograr acuerdos substanciales que permitan avanzar hacia una refundación de la izquierda y superar los fantasmas de un pasado aun oscurecido por las pasiones de los vitalicios protagonistas de antaño que aún perduran.

Santiago, 7/3/99