nuevo ciclo políticoLos primeros días de Michelle evidenciaron con fuerza el ímpetu de toda una coalición por instalar en la opinión pública, el relato de la Nueva Mayoría, y el cambio de ciclo político, que significaba su segunda venida a La Moneda. En ese tránsito, ella misma se encargó, a pesar de todos los conflictos, de imponer los tiempos y delinear el camino para ejecutar las reformas comprometidas en su programa.

A cuatro meses de su administración, la calculada tesis refundacional, trabajada desde la derrota del 2009 por los mismos ideólogos de la vieja Concertación, se deforma hasta llevarnos  al oscuro patrimonio político de los 90. La antítesis de lo que Michelle bautizara como “la buena política”, reapareció sin pudor con el acuerdo Awad-Gobierno-Derecha. Fruto de esa partuza ideológica, se engendró una reforma mutante, con el corazón trasplantado al lado derecho, y que con cientos de indicaciones al tibio proyecto original, aun sigue enfriando los desafíos de transformación.

A pesar de que muchos incautos se convencieron que las prácticas en la medida de lo posible, eran parte de otra dimensión y otros personajes, la vieja guardia que se había escondido con una habilidad roedora detrás de Michelle en su primer gobierno, lo hacía de nuevo. Zaldivar, Escalona y el Gute, están lejos de ser parte de la paleontología concertacionista, nunca se fueron, y están siendo muy efectivos en sepultar las aspiraciones reformistas de la Nueva Mayoría, pese a su relato y las buenas intenciones.

A pesar de que muchos incautos se convencieron que las prácticas en la medida de lo posible, eran parte de otra dimensión y otros personajes, la vieja guardia que se había escondido con una habilidad roedora detrás de Michelle en su primer gobierno, lo hacía de nuevo. Zaldivar, Escalona y el Gute, están lejos de ser parte de la paleontología concertacionista, nunca se fueron.

La movida tributaria automáticamente puso en la cuerda floja al resto del pliego reformista. Reactivó la guerrilla interna entre los socios controladores y accionistas menores del neo-mayorismo y por supuesto, dio razones suficientes para la entrada al galope de la desconfianza del movimiento social con el gobierno y su poco elegante entreguismo con las élites económicas.

Pero ¿De quién es la responsabilidad de la muerte temprana de la tesis reformista y el relato que levantó y construyó el Michellismo para su segunda llegada al poder? La respuesta fácil de los autocomplacientes apuntará como culpables al veto de la derecha, la DC y la iglesia, los medios y por supuesto la antojada construcción de realidad de la última CEP. Esta respuesta es la más común en el Michellismo, ya que mantiene a la presidenta en una posición cómoda, con su capital asegurado, flotando por sobre cualquier crítica y foco de conflicto.

Quienes observamos lejos del acomodo, podemos ver con claridad que la Michelle electoral y la de los primeros cien días, está sufriendo una regresión hacia una Bachelet ya conocida,  entregada a la tecnocracia de las “comisiones de expertos” y la  “democracia de los acuerdos” de manos alzadas con la derecha. La responsable entonces, lejos de ser víctima de los partidos y sus máquinas, es la propia presidenta, quien ejerciendo su liderazgo y su potestad sobre un Ministro que no se manda solo, visa el acuerdo y propicia la muerte del relato del Nuevo Ciclo Político y de la Nueva Mayoría, reforzando la vieja Concertación y todas sus mañas que aún gozan de buena salud.

Mientras en la ciudad amurallada de la alta política nacional transitan en fila india por el sendero claroscuro de la transición noventera, quienes estamos extramuros, ya escogimos la calle por la que nos dirigimos al real nuevo ciclo político… con un cuarto de siglo de retraso. Es así como la calle, donde los comunes y corrientes hemos podido construir un espacio de influencia colectiva, se perfila como el único camino posible en esta encrucijada. La última marcha estudiantil afirmó esto que más allá del natural reflujo post 2011, el movimiento social mantiene intacto su poder de convocatoria, el cual vislumbrando en lo venidero se intensificará indudablemente.

El 2015 ya asoma en el horizonte y el debate para la reforma constitucional debe estar a la cabeza de nuestras ocupaciones para sortear la cocina y los recovecos del laberinto binominal. Nuestro desafío es construir una agenda y proyecto propio que nos encamine hacia las reivindicaciones impulsadas por la calle, hoy retrasadas y deformadas por el famoso programa. La calle y los que desde ahí construimos vamos a promover la conformación de un bloque constituyente y la movilización social, así podremos convencer que sin Asamblea Constituyente no puede haber nueva Constitución ni nuevo ciclo político, mucho menos las transformaciones profundas que podrían parir un Chile de todos.