andréAndré Joachim Jarlán Pourcel nació en Francia y nunca imaginó que moriría en Chile en medio de una dictadura militar. Este joven católico llegó a nuestro país para ayudar a Pierre Dubois, párroco de la iglesia “Nuestra señora de La Victoria”.

Junto con su llegada al país, comenzaron también las protestas. El padre Pierre sin dudarlo asumió un rol importante en medio de las movilizaciones, y André lo apoyaba. Ambos sacerdotes estaban profundamente en contra de la violencia por esos días, la represión y las torturas los envalentonaron.

Pierre y André se destacaron por su relación comprometida con los pobladores de La Victoria, la comunidad lo acogió como parte de ellos, en un momento difícil en que la iglesia no tomaba posturas abiertas.

El 4 y 5 de septiembre de 1984 eran los días fijados para una gran protesta. En la víspera, Pierre advirtió a Jarlán: “Mañana cualquier cosa puede pasar”.

El 4, temprano, avisaron a la Parroquia que habían baleado a Miguel, un joven amigo de Jarlán, quien murió antes de llegar al hospital.
André había conquistado la confianza de los jóvenes de la población. Por la tarde, Pierre volvía de la calle y buscó a André. Lo encontró en su pieza, sentado a la mesa con la cabeza descansando sobre su Biblia abierta. Pierre lo remeció por el hombro. “¡André!”. Estaba muerto. Una bala le había perforado el cuello y salido detrás de la oreja. En la pared de madera había dos agujeros de bala.

El Salmo que estaba leyendo André al recibir el impacto era “De Profundis”: “Desde el abismo, clamo a ti Señor / escucha mi clamor!”, que terminan con la promesa del Señor: “El Señor dejará libre a Israel / de todos sus males”

Se comprobó que el autor del asesinato había sido un carabinero de Chile. Era parte de una estrategia usada para atemorizar a la población. Fuera de los muertos en la calle, se contaron unos diez muertos en las poblaciones, casi todos dueñas de casa y niños, como resultado de esta estrategia.