vicente valleDesde comienzo de año se sabía que el movimiento estudiantil enfrentaba un escenario incierto. Un gobierno que se esforzaba por bullar aires reformistas buscaría paliar los efectos más aberrantes del mercado, para así desactivar la conflictividad social desatada por un mercantilizado sistema educacional. Se abría así la posibilidad de invisibilizar al único actor social con capacidad, como no se ha visto en 20 años de “democracia”, de amenazar los enclaves autoritarios heredados de la dictadura.

En este contexto, como estudiantes no podíamos negarnos a ocupar esta coyuntura para generar avances en la consecución de nuestras demandas – como lo fue la derogación de los DFL 2 -. Sin embargo, tampoco podíamos dejarnos adormecer por los cantos de sirena del gobierno y desarticularnos en tanto actor en lucha. Sucumbir ante un discurso reformista confuso, que ha buscado disipar el conflicto educacional más que hacer la reforma necesaria, significarían años de retrocesos para los avances del movimiento social y sus demandas por mejorar la vida de las mayorías del país.

Dado este contexto ¿Qué posibilidades posee el movimiento estudiantil para triunfar en sus objetivos? Consideramos que la movilización es la única herramienta que posibilita cumplir nuestros fines, pero sólo si se la usa correctamente.

El contradictorio devenir de un ministro que parece más un improvisador que un político con convicciones, tanteando terreno entre los diferentes actores, no han permitido saber en un primer momento hacia dónde se dirigía el buque el oficialismo. Así, fue el pacto de la reforma tributaria con el empresariado el que dio luces en torno a las intenciones del gobierno para este año y, tal vez, para todo su mandato. Frente a las indefiniciones del ministro, el único criterio de definición que nos queda es juzgar las acciones que ha tomado el gobierno en otros espacios.

No obstante lo anterior, debemos saber guardar la calma. No es posible generar un conflicto allí donde el adversario no es susceptible de tomar posición.Cualquier demanda que el movimiento estudiantil hubiese querido instalar, se habría empantanado en las constantes (y quizá planificadas) indefiniciones del ministerio. Nuestra fuerza es la movilización, y nuestra inteligencia reside en encontrar el momento adecuado para avanzar, de forma tal que cumplamos nuestros objetivos. La radicalidad estética y la movilización sin horizontes no encuentran aquí cabida, sobre todo frente a actores que poseen una amplia ventaja de visibilización mediática.

Los malabares del Ministerio de Educación, siempre se realizaron con miras a incluir al movimiento estudiantil dentro de la reforma educacional vacía que pretendía impulsar, para así hacerse del capital político de éste a la hora de elaborar la misma. Así surge el controvertido Plan de Participación Ciudadano, que como hemos venido a constatar, no es más que un buen simulacro de diálogo con el movimiento social, cuando realmente lo que existe es una avanzada negociación hacia las posiciones de mercado de sectores de la Nueva Mayoría y la derecha.

Bajo esta lectura es que hoy exigimos una mesa de negociación directa y vinculante con el ministro Eyzaguirre, en la que podamos participar por medio de nuestras propuestas concretas y capacidad de movilización, para así poder instalar nuestras posiciones y medir fuerzas contra el bloque neoliberal que busca detener nuestros avances.

Sólo así el movimiento estudiantil se situará en un escenario favorable para la consecución de sus objetivos, obteniendo avances con miras al establecimiento de un sistema nacional de educación pública por un lado, y demostrando la incapacidad estructural de la Nueva Mayoría de impulsar las demandas que el pueblo ha enarbolado.

No hay avance posible para el pueblo mientras se repitan las recetas de cocina de la reforma tributaria, y eso es lo que nuestra movilización, presionando una mesa de negociación directa con el ejecutivo acabará por demostrar. El conflicto no se cerrará de la mano de los empresarios; sólo de la mano del pueblo se podrán concretar sus demandas.