Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

Hoy una calle lleva su nombre. Antes lo hizo un preuniversitario popular creado en 1991. Pero quizás con eso no baste. Con ello quizás no se hace honor suficiente a la memoria de José Humberto Carrasco Tapia, periodista y ser humano comprometido, militante.

Asesinado brutalmente hace 29 años por la dictadura, combatió desde su puesto de trabajo, denunciando la censura que imperaba bajo el régimen de Pinochet, pero no se quedó solo en la defensa a la libertad de prensa.

Carrasco Tapia, además de periodista y editor internacional de la invaluable Revista Análisis, asumió un compromiso político y gremial que superaban la tarea periodística. Consejero del Colegio  de Periodistas, pero al mismo tiempo miembro del Comité Central del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

Ingresó muy joven a la agrupación política ganándose el respeto por su profesionalismo y calidad humana, y como representante del MIR, formó parte del Movimiento Democrático Popular (MDP), uno de los pocos espacios que en plena dictadura había podido conseguir la oposición. Era una articulación muy grande de gremios y partidos políticos opositores, y cuya prospección entusiasmaba a Carrasco.

Su vida política siempre fue arriesgada en dictadura. El 6 de diciembre de 1974 fue detenido y estuvo en distintos campos de concentración, entre ellos Cuatro Álamos y Puchuncaví, hasta marzo de 1976. Salió al exilio junto a su esposa, la también periodista Olivia Mora. Con ella tuvo dos hijos, Iván y Luciano. Estuvo en México pero regresó en el 84.

Un día antes de ser asesinado, alcanzó a dar una entrevista al periodista Nicolás Lucar, de Pensa Latina, donde demostró que no se sentía amedrentado por las amenazas de muerte que le habían llegado hace un mes, por medio de un panfleto que mostraba una supuesta pugna interna en el MIR. Eso lo hizo partir a Buenos Aires, pero decidió regresar a los pocos días.

Amamos la paz y amamos la vida, pero más que nada amamos la justicia y amamos la libertad. Y por la justicia y la libertad estamos dispuestos a dar la vida si es necesario“, dijo en su entrevista a la agencia extranjera.

Un 8 de septiembre de 1986, el comando autodenominado “11 de septiembre”, irrumpió a las 5 de la madrugada en su hogar, rompiendo la puerta con hachazos, para llevarse a Carrasco ante el horror de su familia.

La violencia de los asesinos se hizo notar de inmediato. Carrasco apenas pudo vestirse. Cuando intentó ponerse sus zapatos, uno de ellos le aseguró: “no los vas a necesitar”.

Pocas horas antes, Augusto Pinochet había sido emboscado en el camino al Cajón del Maipo, y el periodista formaría parte de las cuatro víctimas que la dictadura había elegido como parte de la dura represalia.

Un electricista, un artista, un periodista y un publicista. Todos fueron acribillados por integrantes de la CNI. A Carrasco lo dejaron cerca del Parque del Recuerdo, con 14 impactos de bala. Doce de ellos en su cráneo.

EL MIEDO EN EL PERIODISMO

Fernando Paulsen en el funeral del periodista José Carrasco. Archivo Inés Paulino (www.archivoinespaulino.cl).

Fernando Paulsen en el funeral del periodista José Carrasco.
Archivo Inés Paulino (www.archivoinespaulino.cl).

En 1977, la revista Análisis comenzó la difícil tarea de ejercer el periodismo que hacía frente a la dictadura. Por allí pasó una serie destacados periodistas que compartían labores con “Pepone”, como lo apodaban los amigos. María Eugania Camus, Mónica González, Faride Zerán y Juan Pablo Cárdenas son sólo algunos de aquellos valientes periodistas que, incluso en un par de ocasiones, sufrieron el cierre de su medio.

Fernando Paulsen era uno de ellos. El hoy panelista de Tolerancia Cero lo recordó con especial cariño a su colega, cuando hace un año, en el marco de los 40 años del Golpe Militar, un programa de TV retrató el asesinato de Carrasco como uno de los  crímenes más atroces del régimen.

Los periodistas de la revista Análisis éramos muy unidos, teníamos diferencias bastante grandes en materia de posiciones en algunas cosas, y sin embargo nos achoclonábamos en la defensa de lo que creíamos era nuestra obligación de entregar informaciones que no se entregaban por los medios de comunicación oficiales o alineados a la dictadura”, recordó como invitado en un programa Radio ADN, donde también trabaja actualmente.

Paulsen confidenció que Carrasco fue un importante apoyo personal cuando vivió la separación con su esposa. “Me consiguió un departamento muy cerca del suyo, a media cuadra. Toda esa cosa engorrosa y jodida, que es cómo armarse de nuevo de un desarme familiar, casi no tuve que hacerlo, me ayudaron Pamela Jiles, María Eugenia Camus, las ‘niñas’ de Revista Análisis, y Pepe Carrasco”, contó.

El episodio más triste para Paulsen fue ser el encargado de contarle a la esposa de “Pepone” que habían encontrado su cuerpo. “Nosotros teníamos la secreta esperanza de que apareciera Pepe golpeado, malherido, pero vivo. Y de pronto nos avisan que encontraron dos cuerpos, y uno de ellos correspondía a las características de Pepe. (Estaba) En muy, muy mal estado, cocidos a balazos. O sea, Pepe tenía 13 balazos en la cabeza”, indicó.

El colega de Carrasco contó que al ser contactado por teléfono, “me bajó un poco el pánico porque quería evitar era que Silvia supiera por un breaking de Radio Cooperativa, que tenía esos tambores que anunciaban una noticia tremenda. (…) Me encerré con ella en una pieza de su casa y le dije, para ser franco, de la forma más fría que se me ocurrió, para tratar de no sobrecargar más el asunto, que habían encontrado dos cuerpos y que creíamos que uno de ellos era Pepe Carrasco. ‘¿Dónde lo encontraron?’, nos preguntó. En las paredes del Parque del Recuerdo. ‘¿Y cómo está?’, nos preguntó. Mal, le dije. Está muerto. Me dijo ‘¿Estás seguro que es el Pepe?’. Estoy seguro que es el Pepe. Y la Silvia estuvo muy entera, una persona muy valiente en estas circunstancias”, relató Paulsen.

Afortunadamente lo supo por nosotros, no por un flash en la radio o por algún periodistas preguntándole por sus primeras impresiones”, aseguró el periodista.

Sobre la razones de por qué había sido elegido como objetivo por la dictadura, Paulsen aseveró que “de todos los periodistas que trabajamos en medios alternativos u opositores durante la dictadura, yo no conozco ninguno que no haya trabajado con miedo. Todos trabajamos con miedo” y agregó que “teníamos que trabajar para avanzar la línea de lo que se podía decir. Recuerdo cuando tomamos la decisión absolutamente racional en la revista Análisis de llamar a Pinochet ‘Dictador’”.

“Ibas expandiendo el límite lo que se podía informar (como periodista).Pero tenías todo el tiempo amenazas. Los papás, las mamás, todos sabían. Era una cosa heeav. Cuando la Fiscalía Militar se querellaba en tu contra, había una suerte de alivio entre los que fuimos querellados porque se había escogido la vía judicial”, comentó el periodista.

Paulsen reconoció que él, junto con el mismo Carrasco, habían tomado la decisión de que Carrasco volviera de Buenos Aires el 5 de septiembre. “Pedirle que se viniera, cuando único que quería era volver, nos pareció lo más lógico. Y probablemente fue la recomendación más brutal que le hicimos”, concluyó.

 

“El periodismo nunca ha sido objetivo”

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Paulsen junto a otros colega de Revista Análisis, después de ser detenidos por la dictadura.

Felipe Pozo fue otro de los compañeros que tuvo Carrasco en Revista Análisis. Compartieron labores en el insigne medio opositor desde el retorno de “Pepone” a Chile hasta unos seis meses antes de su asesinato.

Pepe tenía esa doble condición, de una vida muy intensa como periodista y por otro lado una vida militante muy fuerte. Particularmente era de la parte del MIR que quería dejar la vía armada y buscar una salida política a la dictadura. Pepe era una de las cabezas de ese lote con Rafael Maroto y Jéqar Nehgme. Tanto a Jéqar como a Carrasco los terminaron matando”.

El periodista recuerda como “intensamente periodista” a su desaparecido compañero, y destaca que “estaba permanentemente encima de lo que se estaba haciendo, tenía una forma muy intensa de vivir”.

Para Pozo, que la dictadura eligiera a Carrasco como objetivo era parte de los tiempos que se vivían. “Podía pasar cualquier cosa en cualquier minuto, y no era necesario que hubiese una razón demasiado especial para que Pepe u otra personas se vieran afectados. Así era para cualquiera que estuviera en una franca y abierta oposición contra la dictadura”, afirma Pozo, y agrega “es difícil decir cuál era la razón fundamental (para matarlo). Con los años da la sensación que cuando se dispara sobre Pepe se podía disparar sobre varios otros objetivos. Era mandar un mensaje a los medios de comunicación (opositores), al MIR en particular, e impedir que ese grupo se saliera de la vía armada, para seguir con las situaciones de violencia y que le eran más cómodas a la dictadura. En caso de Pepe hay un disparo múltiple”.

Consultado sobre el legado para el gremio, sobre la postura política clara de Carrasco como militante, Pozo es claro. “Nunca el periodismo es objetivo, nunca es neutral tampoco. Eso de la pretensión de objetividad, en clases uno trata de explicar que no la hay, siempre y cuando que se sea leal con recoger y evaluar los datos. Cuando vivíamos la dictadura, menos se puede ser objetivos. Yo creo que en tiempos de dictaduras no existen los parámetros que se exigen en democracia, y el periodismo en dictadura sólo puede existir en la medida que se opone a la dictadura. De lo contrario deja de ser periodismo”, afirma.

“Pepe no aflojó nunca y se mantuvo coherente a lo que afirmaba era su decisión y su manera de entender la vida y su profesión hasta el último momento”, concluye Pozo.