esteban valenzuela– El libro plantea que hay un giro en PS que es incluso más profundo que lo ideológico, un giro epistemológico ¿Cómo podría caracterizarse?

Berger y Luckman dicen que cuando las personas son sometidas a experiencias traumáticas y después viven un proceso en otro contexto, se generan mecanismos de negación psicológica, identificación con el victimario y transformación. Fíjate lo que le pasó a la izquierda: en los sectores que eran “moderados”, como el PC, que era de la línea de cumplir el programa en la línea allendista, cuando ve exterminadas sus direcciones se radicaliza y va a la lucha armada. Los socialistas y buena parte del MAPU estuvieron en posturas más de poder popular, más de no ser ingenuos, que venía un Golpe y que habría una reacción de los sectores más conservadores. Sin embargo, tienen un viraje al revés, un sentimiento de culpa por haber sido parte del quiebre de la Democracia. Eso, en vez de ser una autocrítica, se convierte en una reinvención del proyecto progresista, en lo que después Moulian y otros llaman “renegación”.

– Eso querría decir que, al menos en parte, el Partido Socialista actual es la consecuencia de una suerte de Síndrome de Estocolmo transformado en racionalidad política…

Sin lugar a dudas. Y no sólo el PS, sino también el PPD. Yo que fui MAPU lo conocí bien de dentro, fue brutal, porque yo me metí bien al partido en la época de la renovación socialista, que era una crítica al Marxismo-Leninismo, pero no abandono del Marxismo. Una valoración de los derechos humanos, pero también una opción por los derechos económicos y sociales. Una crítica a la concentración del poder, por lo tanto una apuesta por los movimientos sociales populares,  la descentralización, el medioambiente, el feminismo, etc. Pero después se convierten en los campeones del orden, no sólo de un maquillaje no más del modelo neoliberal, sino que además, se torna un modelo autoritario.

Yo siempre cuento una anécdota, que también está en un libro mío sobre el MAPU. La última vez que vi a Enrique Correa, el año ’91, yo era muy joven, de la sección juvenil del MAPU. En el programa de Aylwin estaba crear el Instituto Nacional de la Juventud y los Consejos Regionales de la Juventud, con autonomía, con una Ley de Asociatividad, que los jóvenes se auto-organizaran, etc. Como era el modelo europeo avanzado.

Cuando preguntamos por qué no se estaba cumpliendo lo que prometía el programa, Enrique Correa golpeó la mesa diciendo: “¡No desordenen el gallinero! ¡Orden, orden, orden! Estamos en un momento de transición, la amenaza de los militares, etc. Por lo tanto, Estado y no sociedad”. Entonces, no sólo el tema del liberalismo corregido como decía correctamente Manuel Antonio Garretón, sino además, un modelo presicrático (N de la R: concepto que alude a una mezcla de excesivo presidencialismo y centralismo avanzado), presidencialista, centralista, cabrón, sin dar autonomía, sin creer en la democracia profunda.

Quedándonos en el caso puntual del PS, el partido se reunifica en diciembre de 1989, ¿Qué es lo que pasa durante los siguientes 25 años con las resistencias internas al viraje que hace el partido?

Bueno, eso explica las tres o cuatro escisiones que ha tenido el PS. Primero fueron los socialistas de base con intentos de reconfiguración, después viene esta cosa fuerte donde tienes a Arrate que se va, quien es inspirador -aunque ya no está ahí- de la Izquierda Ciudadana. Navarro crea el MAS. Y tienes a los Ominamis que se van y rompen. Aprovecho de reconocerle a Carlos Ominami ser el autor intelectual de los “autoflagelantes” en el año ’98 con Martner, al cual Escalona y los demás le hacen un golpe en la presidencia del partido. El documento de los autoflagelantes se publica en 1998, un año después de Chile Actual, Anatomía de un Mito de Tomás Moulian, en un momento muy importante.

Además, yo destaco los años ’94 y ’95 por hechos claves como la salida del Partido Humanista y de los ecologistas, donde Baquedano y Sara Larraín marcan su quiebre con la Concertación. Lo que se queda es un PS que no hace primarias, que no quiere procesos competitivos y se genera esta cosa loca de una mayoría absolutamente espuria: un acuerdo del grueso de la Renovación con Escalona, junto a los eternos del poder que son los terceristas (Solari, Juan Pablo Letelier y otros), que hacen una mayoría que impide la crítica. Lo mismo ocurre en el PPD: en un momento pactan el Girardismo con el Laguismo y ése es el eje del poder, entonces los disidentes son destruidos; Flores por la derecha y Ávila por la izquierda, por poner dos ejemplos.

– Este fenómeno de que los partidos vayan perdiendo presencia en las bases, es más o menos generalizado. No pasa sólo en Chile, es un fenómeno de época, por eso se habla de los partidos hidropónicos ¿Cuál es la particularidad en el caso del socialismo chileno?

Aquí lo que pasó fue una concentración del poder. Si tú miras la región, desde los peronistas hasta el PT en Brasil, incluso el PRI en México, mantiene un trabajo en federaciones de estudiantes y sindicatos. Y aquí, muy poco. Por eso Escalona luego reconoce que se habían transformado en un partido de funcionarios públicos.

El arribismo del poder, el enriquecerse y la obsesión por estar en los cargos. Fíjate que la lógica de la Concertación durante mucho tiempo fue que tú no podías competirle a un diputado o a un alcalde que estuviera en el poder. Es un derecho adquirido, bajo esa lógica. Ése es el daño presicrático: un grupo que controla el partido y designa los cargos, además, híper reforzados por el binominal. Entonces, a diferencia del Frente Amplio uruguayo, que tiene facciones, luchas pero además la participación como emblema, la Concertación terminó en un fracaso por este estilo autoritario donde se traiciona el ideal democrático. Ocupo una frase de Arrate que decía que el ideal de la renovación socialista era un socialismo democrático alternativo al capitalismo, que tiene una voluntad de transformación desde la izquierda y que busca la dispersión del poder. Aquí lo que pasó fue una concentración del poder. Si tú miras la región, desde los peronistas hasta el PT en Brasil, incluso el PRI en México, mantiene un trabajo en federaciones de estudiantes y sindicatos. Y aquí, muy poco. Por eso Escalona luego reconoce que se habían transformado en un partido de funcionarios públicos.

– Del proceso de renovación del Socialismo, el que lidera Carlos Altamirano acompañado de dirigentes como Arrate ¿Qué es lo que iba a ser y qué es lo que finalmente no fue?

¿Qué es lo que íbamos hacer? Íbamos a construir una izquierda nueva. En el caso del MAPU-Garretón, que fue en el que yo estuve, la idea era además construir una izquierda que no fuera estatalista, que no fuera puro poder, que estuviera encarnada en las problemáticas sociales. Nosotros formábamos parte de un movimiento no menor, con el movimiento sindical, el movimiento campesino, los pobladores, el movimiento estudiantil, etc. También una de las tres organizaciones que hubo en esa época, era del sector mapuche. Que no todo girara en torno a la lucha por el poder cupular. Siempre se hablaba de la diferencia entre el MAPU-Garretón, con Montes, Rodrigo González, yo metido ahí, versus el MOC (Mapu Obrero Campesino). Ese otro grupo estuvo siempre girado al poder, ahí están todos: Correa, Insulza, Brunner, Viera-Gallo.

Se hablaba de la espada de dos filos: el poder y la sociedad. Entonces el mapa era también así: ongs con José (Pepe) Bengoa, Sur con (Alfredo) Pelao Rodriguez. Era la escuela de planificadores sociales, desde las bases. Estuvimos metidos en la primera toma grande en la Raúl Silva Henríquez, puros “mapu”. Concepción para qué decir.

Entonces, la renovación socialista era un marxismo desacralizado, como decía Tomás Moulian. Ésa es la gran traición. Se abandona el marxismo, nosotros promovíamos un diálogo cristiano-marxista, un partido democrático que apostaba a la pluralidad. La agenda principal era superar al capitalismo, con una apertura a lo que la izquierda tradicional a veces no miraba: minorías sexuales, indígenas, medioambiente, el mismo poder local. Éramos una izquierda, por tanto, de un estilo cultural que iba en la línea de la austeridad del charango lila y no del burócrata enojado, de corbata, guatón, aburguesado.

– De los nombres que das, podría sugerirse que influyó haber estado acá o en el exilio ¿Es una vivencia pertinente para lo que estamos conversando?

Sí y no. El mismo Enrique Correa, que estuvo muchos años clandestino, igual que Escalona, debieran haber tenido una relación más cercana con la sociedad, pero ambos terminan siendo el modelo y los factotum del poder. Camilo como presidente del Senado ya fue el acabose: portadas en La Tercera y El Mercurio como el rey del orden, se le construyó un relato de estadista, pero de estadista conservador.

Sí, en cambio, se puede ver en los exiliados en Europa Occidental, tendientes a una socialdemocratización más bien conservadora. Efectivamente, hay una línea en mucha gente que estuvo vinculada al Partido Socialista Obrero Español, o que estuvo exiliada en Italia y en Francia. Lo interesante es que de ahí provienen Arrate, que estuvo exiliado y ahora es crítico; Ominami que estuvo en Francia y también lo es; y Altamirano, que hasta cuando tuvo presencia pública fue crítico también.

– El socialismo chileno actual está muy desvinculado de los gobiernos progresistas de América Latina, a pesar de que el PS era el partido más latinoamericanista de la izquierda ¿Qué pasó con ese sello del socialismo criollo?

portada-socialistasEs parte de esta cuestión arribista que Tironi, de manera más sofisticada, llamó “aspiracional”. Un sector de la izquierda chilena se empezó a mirar en Europa, entonces al final era más importante que viniera Michel Rocard al funeral de Allende que alguien del Partido Socialista Boliviano o del Frente Sandinista. Existió un gran abandono. En parte, fue el exilio en Europa, que hizo menos latinoamericanista a la cúpula del Partido Socialista. Entonces, se “europeizó” más de la cuenta y surgió una suerte de “desprecio” a los problemas regionales y a los temas indigenistas.

– En este mapa ¿qué representa Ricardo Lagos? Se ha instalado la idea de que él apuntó con el dedo a Pinochet pero que luego su gobierno no fue lo que se esperaba.

Lagos fue siempre el “guatonaje” de la renovación, del socialismo. Nosotros -el MAPU, la Izquierda Cristiana y un sector del PS-, cuando se crea la Alianza Democrática el ’83, que estaba conformada por sectores liberales, la Democracia Cristiana, el Partido Radical y el sector más moderado del PS, nos opusimos. Dijimos “no, esto no puede ser. Excluye al PC y es una socialdemocracia de derecha”. Entonces, creamos el Bloque Socialista. En esa encrucijada, Lagos siempre estuvo en el sector más socialdemócrata, que ni siquiera fue marxista. Venía de la época de rectores como Eugenio González, de dirigentes como Aniceto Rodriguez y Carlos Briones, que fue uno de los últimos ministros del Interior de Allende. Lagos está ahí con los llamados “suizos”, pretendiendo una neutralidad con ínfulas intelectuales. Yo lo conocí el ’83. ¿Hasta ese año se vio a Lagos en alguna protesta? No lo ubicaba mucho, en verdad. Los grandes intelectuales de la Renovación eran Moulian, Garretón, Brunner, Arrate, Altamirano y más secundariamente algunos Mapu, como Montes, que después habla de las bases populares, entre otros autores. Lagos no lo era. En resumen, no es parte de la historia del socialismo, fue un radical y su gran mentor era Alberto Baltra. Siempre ha sido un socialdemócrata moderado.

 

El socialismo hoy

– El Movimiento Estudiantil, que además de ser un movimiento social es una expresión generacional, tiende a ver a la Concertación y a la derecha como una misma cosa. A propósito de esta conversación sobre el socialismo, esa mirada, conceptualmente, ¿es correcta o está equivocada?

Yo soy súper crítico de la Concertación en su estilo político-institucional. Fue lo peor. Expulsó disidentes, no permitió primarias y así sucesivamente. En el modelo socioeconómico yo comparto más la opinión de Manuel Antonio Garretón, el concepto de neoliberalismo corregido, pero calificarla como de derecha me parece injusto.  Yo creo que calificarla de neoliberal también sería injusto. Ahí lo que hay es un liberalismo corregido, llámalo centro moderado, pero derecha no creo. Porque, además, se dieron muchas batallas contra la derecha, que era de verdad retrógrada y se oponía a todo: a sacar las micros,  a la Ley de Medioambiente. Fueron hartas batallas que lograron corregir al menos el neoliberalismo extremo.

– En el libro dices que, a pesar de la profundidad de la radicalidad del socialismo, no es una situación del todo irreversible ¿Cómo se revierte?

A mí lo que me interesa es una izquierda plural. Soy más amigo de Navarro y ME-O que de Escalona, tal como valoro a gente como Arrate y Aguiló. Esa gente puede construir una alianza con el PC y con parte de los sectores más progresistas de la DC, que debieran configurar algo más parecido al Frente Amplio uruguayo y a lo que ocurre en Italia.  En este momento la dirección de la DC se convierte en más conservadora, pone frenos, pero también hay segmentos del PS y del PPD que es como escuchar a gente de derecha.

– ¿El Partido Socialista es, hoy en día, un partido de Izquierda?

No. Yo creo que es un partido de centro. Es un partido socialdemócrata, que apuesta hacia una democracia más liberal. Por de pronto, mucho más de derecha que la socialdemocracia escandinava y que el Partido Socialdemócrata alemán, el PSD, que es izquierda comparado con nuestro PS.