Pintura de Pedro Lira (1889) que retrata a Pedro de Valdivia en la fundación de Santiago del Nuevo Extremo. (memoria chilena)

Pintura de Pedro Lira (1889) que retrata a Pedro de Valdivia en la fundación de Santiago del Nuevo Extremo. (memoria chilena)

El Conquistador Pedro de Valdivia había fundado hace muy poco la ciudad. Fue el 12 de febrero. Casi siete meses después, sus tropas tuvieron que enfrentar una de las batallas más recordadas de la Guerra de Arauco.

¿Por qué pocos saben de este relevante hecho histórico, que da cuenta de la hábil estrategia del cacique y jefe militar Michimalonko? Quizás porque no se condice con la imagen que a tantos le gusta destacar sobre el pueblo mapuche. Aquí una demostración, como otras, de que sabían cómo defenderse.

Uno de los principales registros históricos que hay de ese 11 de septiembre lo dejó Diego Barros Arana, que en su Historia General de Chile (1884) daba cuenta de la resistencia española.

Pero señales de advertencia tuvo el invasor. Ya en enero había una gran resistencia a que Pedro de Valdivia pudiera declarar la fundación de una ciudad. Para ello, el conquistador se había ganado la confianza del Lonco Vitacura (o Butacura), jefe de una colonia inca dispuesta por el imperio del norte que había sido instaurada con fines administrativos. Básicamente enviaba los tributos de la producción de oro de la región. El consentimiento de Butacura permitió a Pedro de Valdivia fundar Santiago del Nuevo Extremo, pero la decisión del inca indignó a Michimalonko.

El caudillo mapucho mantuvo un bajo perfil militar durante un tiempo, reduciendo su actuar a simples escaramuzas contra los expedicionarios, pero ya en mayo de 1541 se produjo la Conquista de la fortaleza de Paidahuén, hasta donde había arrancado el toqui huyendo de los asedios del conquistador español. Pedro de Valdivia lo había arrinconado hasta la localidad cercana hoy a Los Andes y lo tomó prisionero. El jefe militar ofreció por su libertad los lavaderos de oro que tenía en el estero Marga-Marga, que los españoles aceptaron.

Pero en agoto comenzó la arremetida picunche. Dos caciques leales al caudillo, Trangolonco y Chigalmanga, comandaron un ataque en Con Con que destruyó una embarcación que estaba en plena construcción. El “Desastre de Con Con”, como se le conoce, fue una carnicería que terminó con casi la totalidad de los españoles muertos (13 en total), así como sus esclavos negros e indígenas peruanos que habían capturado con antelación. Este evento marcó un levantamiento general en los Valles del Aconcagua y el Cachapoal. Las bajas en los invasores se hacían notar, y el camino para un asedio final se abría de a poco.

Mapa del antiguo Santiago.

Mapa del antiguo Santiago.

El alzamiento había llevado a que Pedro de Valdivia no estuviera en la ciudad para el 11 de septiembre. En una estrategia que buscaba dispersar las tropas indígenas, partió con cerca de cien de sus hombres hacia el Cachapoal, y dejó a un reducido grupo de expedicionarios al mando de Alonso de Monroy. El teniente del gobernador tenía dispuestos a sus centinelas, quienes dieron aviso del alzamiento final.

A la 4 de la mañana llegó la alerta, y las defensas se reagruparon en la Plaza de Armas. Cada uno en su puesto designado de combate, debía hacer frente a los casi 10 mil mapuches que asediaban la ciudad. Sólo 55 soldados y unos 5 mil indios yanaconas auxiliares custodiaban la ciudad.

La empalizada era defendida por tan pocos hombres que no había espacio para el descanso. Pero la resistencia sostenida de los españoles permitió mantener sus cabezas. No así los prisioneros mapuches que tenía Inés de Suárez en su poder.

La amante de Pedro de Valdivia, quien había asumido el rol de atender a los heridos, emprendió un plan de escarmiento cuando ya había dos soldados españoles muertos y la mayoría estaba herido o extenuado, después de luchar casi todo el día con lanzas y sables. Cuando la derrota parecía inminente, Inés de Suarez ordenó decapitar a siete caciques que tenía en su poder, y que eran demandados por el ejército indígena. Ella misma tomó una espada de un guardia y decidió cortar la cabeza de Quilicanta, ante las protestas de algunos soldados que creían que la única manera de salvar sus vidas sería entregando a los rehenes. Ensimismada, emprendió rumbo a su propia casa donde mantenía retenido al resto y por su propia mano los decapitó.

Cuadro que retrata cuando Inés de Suárez decapitó a Qulicanta y otros siete caciques.

Cuadro que retrata cuando Inés de Suárez decapitó a Qulicanta y otros siete caciques.

Ordenó que sus cabezas fueran clavadas en picotas para que fueran exhibidas, y las lanzó en medio de las tropas. El horrible gesto amedrentó de tal manera a las filas de Michimalonko que emprendieron la retirada, cuando las condiciones permitían un triunfo seguro.

Según Barros Arana, la última carga emprendida por la caballería también terminó por repeler a las últimas tropas. “Dieron a los pelotones de bárbaros tan terrible carga que los dispersaron en todas direcciones haciendo entre ellos una espantosa carnicería. La noche vino a poner término a la jornada y a la persecución de los fugitivos”, afirma el historiador.

El asedio había significado el incendio de gran parte de los edificios, la pérdida más significativa para los conquistadores, que solo tuvieron dos bajas, aunque numerosas de parte de los “indios auxiliares” A los cuatro días logró retornar Pedro de Valdivia, quien entendió que si emprendía una represalia no terminaría con vida. “Del combate de ese día, y del incendio de la ciudad, solo salvaron tres porquezuelas y un cochinillo, un pollo y una polla”, cuenta la historia de Barros Arana. Más allá de si sea cierto o no, Valdivia tuvo que dedicarse a reconstruir la ciudad y buscó una paz para no morir en el intento. 

Así, la actual capital de Chile tuvo que ser reconstruida, pero en base a adobe para no ser tan vulnerable ante un nuevo asedio indígena. Michimalonko terminó cruzando la cordillera en busca de más apoyo de tropas, pero retornó para negociar la paz. Terminó siendo leal al conquistador, e incluso lideró tropas de Pedro de Valdivia en una expedición a Arauco en 1549. Encontró la muerte a manos de Jerónimo de Alderete, quien lo acusó de traición.

Del lonko que casi pudo derrotar al Conquistador, ni siquiera hay retratos.