Ninos_002bCuéntame primero cómo llegaste a este proyecto. ¿Cómo se fraguó la idea del libro? pero sobre todo, ¿cómo concebiste la idea de trabajar en base a los 33 casos de niños que aparecen como ejecutados en los informes de Verdad y Reconciliación?

Fue en una conversación, que alguien nombró uno de los casos. Llegué a mi casa y busqué información en internet. Encontré ese caso y varios más. Pero lo que me llamó la atención fue que no existieran como listado, es decir, aparecían en los informes, pero no había ningún listado oficial de menores de edad ejecutados y detenidos desaparecidos en dictadura. Hacer ese listado creo que fue lo más difícil del libro porque primero intenté hacerlo de manera “artesanal”, es decir, revisando manualmente los informes. Me demoraba muchísimo y al chequear aparecían nuevos nombres o desparecían algunos (después entendí que habían pasado de detenidos desaparecidos a ejecutados porque se habían encontrado los cuerpos), pero además de doloroso era muy frustrante. Todo ese proceso de llegar al listado final de los nombres incluidos en los informes oficiales, duró alrededor de un año. Finalmente tuve que pedir ayuda a alguien que había trabajado por mucho tiempo en temas de derechos humanos, Victoria Baeza, que me ayudó a chequear y elaborar el listado definitivo.

 

El libro está en un registro algo diferente de otros trabajos sobre la memoria que se han hecho. Primero y principalmente porque lo que vemos en tu poesía son niños vivos, que no están siendo conmemorados como víctimas (en el sentido estrecho del término) ni en relación a las circunstancias de su muerte, sino en torno a su vitalidad infantil. ¿Cuáles fueron tus decisiones poéticas principales a la hora de pensar en cómo enfocar esta creación?

La elaboración del listado, que como te comentaba, duró mucho tiempo, coincidió con la lectura de un libro de Kenzaburo Oé que se llama Cuadernos de Hiroshima, en el que el escritor japonés recoge testimonios de los sobrevivientes de una de las dos bombas atómicas que Estados Unidos lanzó sobre Japón en 1945. Ahí había un testimonio que me llamó especialmente la atención y que decía que lo más terrible de ser sobreviviente de la bomba era que de ahí en adelante eras principalmente eso: un nombre en un listado del horror. Un nombre en un listado que no debería existir. Te volvías objeto de estudio, de discusión, de mesa de trabajo. Nunca lo había visto desde ese punto de vista. En ese momento yo estaba trabajando en la elaboración de uno de  esos listados. Pensé en dejar hasta ahí el proyecto, pero tampoco pude. Te cuestionas muchas cosas, hasta dónde tienes derecho a revivir un dolor tan brutal, hasta donde las palabras te alcanzan para nombrarlo. Entonces decidí que de hacerlo, la mejor forma sería nombrarlos desde la vida, desde esa vida que se les arrebató. Por eso cada relato es un instante de la infancia, de cualquier infancia.

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¿Cuánto llegaste a saber de cada una de estas niñas y niños? ¿Cuánto leíste sobre ellos? ¿Qué información te fue dada para pensar a cada uno?

Lo que sale en los dos informes.

 

¿Por qué decidiste trabajar con los casos de los niños? En muchos sentidos los más chicos son muy poco reconocidos y valorados en nuestra sociedad. Este libro desestabiliza los modos más comunes de pensar en los ejecutados políticos –que normalmente son adultos y militantes–, haciendo justicia a los niños y poniéndonos por esa vía frente a la humanidad desnuda de quienes fueron asesinados por la dictadura.

Soy escritora de libros para niños, trabajo generalmente con un imaginario relacionado con la infancia, entonces puede ser que sea especialmente sensible al tema. Por otra parte se trataba de una memoria tan marginal, tan olvidada.

Creo que  este libro cambió mi visión del golpe. Te das cuenta de que esto va más allá de una derecha o una izquierda, si no de una humanidad que ha perdido el respeto por cosas fundamentales. Te preguntas cómo pudimos dejar que murieran niños y ya no es el otro el responsable, uno mismo es responsable. Ahora mismo hay violencia contra los niños.  Y no solo se trata de los pequeños baleados en Ercillla. La pobreza, la desigualdad que todos permitimos es una forma de violencia sistemática y que se sigue ejerciendo, cada día, a vista y paciencia de todos nosotros.