Al recordar cómo era tu vida diaria durante la Unidad Popular, en Valparaíso, ¿qué es lo primero que se te viene a la cabeza?

En lo individual fue un muy buen periodo porque comencé a trabajar en radio el año 69, a pesar de que no me gustaba ser locutor, sino que quería dedicarme al cine. Empecé en Viña del Mar hasta llegar a Radio Valentín Letelier de la Universidad de Chile, donde aprendí mucho, en un programa que hacía con dos amigos que abarcaba toda la música. Y cuando digo toda no hablo solamente de rock, sino que podíamos pasar de un Bob Dylan a un Víctor Jara, de Víctor Jara a Violeta Parra, de Violeta Parra a Quilapayún, de Quilapayún a Bach y así. Además, la radio estaba sobre la terraza de la Escuela de Derecho (actual Universidad de Valparaíso) y yo asistía como oyente a clases en Sociología, Periodismo y también a algunas clases de Derecho, lo que te iba llenando de otras cosas. Paralelamente, empecé a trabajar en la primera productora que ejerció en Chile que era la PAP, Productora Audiovisual Pellerano, de la familia Pellerano, fundadora del Cine Club de Valparaíso, el Cine Arte de Viña del Mar y propulsora del Festival de Cine. Esto me permitió participar un poquito en Valparaíso mi amor pero ya plenamente en la producción de Ya no basta con rezar, la segunda película de Aldo Francia. Teníamos un camino bastante grande por delante, venía una tercera película muy buena –guion de Aldo- que quedó en el aire por el golpe militar, y dos películas con directores franceses, uno de ellos era Louis Malle, un gran artista, y el otro era Claude Lelouch, que se sentía medio volado con Valparaíso y que estaba muy de moda en la época por Un hombre y una mujer. También alcancé a trabajar en producción en la película Estado de sitio de Costa-Gavras.

¿Ésa fue el 72, no?

Claro, esto fue el 72 y el 71 fue Ya no basta con rezar. En Estado de Sitio hubo que hacer la producción prácticamente en 24 horas porque ellos trasladaron toda la filmación de Santiago a Valparaíso y a Viña del Mar, y lo logramos, porque gracias al conocimiento que teníamos de locaciones y contactos, ya con las películas de Aldo Francia, pudimos tener a las 48 horas las secuencias porteñas, el álbum fotográfico para elegir los fondos de cámara, los ángulos y todas las necesidades que tenía Costa-Gavras.

Ya no basta con rezar” y “Estado de sitio” son dos grandes películas, pero tenían presupuesto y envergaduras de producción completamente distintos. ¿Cómo fue el salto?

¡Fue terrible! Ya no basta con rezar al igual que Valparaíso, mi amor casi se hicieron gratis, con la buena voluntad de prácticamente todos los actores en la primera, y en la segunda ya con un sueldo fijo, pero bajo. Eran paleteadas, como las de Marcelo Romo y Mónica Carrasco, los personajes principales, mientras que los extras y las partes masivas se hicieron con el apoyo de sindicatos de Valparaíso y Viña del Mar. Todas esas masas que se ven en algunas partes, como huelgas y paros, se hicieron gratis, por la buena onda por salir en la película. Muy distinto fue el caso de Estado de Sitio, aunque tuvieron un problema con el Partido Comunista, que sirve para desmitificar la pomada que algunos han vendido durante años. Ellos no eran violentistas, no estaban por la vía armada, y por ello les prohibieron a sus actores trabajar en la película de Costa-Gavras, porque trataba sobre el rapto de un agregado estadounidense en Uruguay, por parte de los tupamaros. En todo caso, el presupuesto que tenían los franceses era gigantesco. Me acuerdo, por ejemplo, que les ofrecían participar a los hippies pero les decían te tienes que cortar el pelo. La respuesta era ¡no! yo mi pelo no me lo corto. Pero cuando ofrecían 100, luego 300, 500 y 600, la respuesta era bueno, córteme el pelo nomás. Ésa película dejó una vara muy alta para seguir haciendo cine en Chile después.

Para desmitificar también y volviendo a la música, se cree que durante ese periodo Congreso y Los Jaivas seguían siendo en Santiago dos grupos menos conocidos que en la Quinta Región; ¿era así?

Mitad y mitad. Tanto Congreso como Los Jaivas, grupos con los que entre otras cosas grabamos los jingles de la radio Valentín Letelier, eran totalmente conocidos en la Quinta Región, pero en Santiago también. Hay que acordarse de que el Festival de Piedra Roja del 71 fue una locura y ahí estuvieron Los Jaivas. Ellos ya habían sacado el álbum que le llaman El Volantín. Además, tanto ellos como Congreso habían participado en un ciclo que se hacía en el Teatro Marconi, que ahora se llama Nescafé de las Artes, y en el Cine Arte de Viña del Mar. Yo tenía amistad con Los Jaivas y me iba a dormir en la casa de uno de ellos, ya no sé de quién, donde se estaban quedando el Gato y Mario Mutis, formando una suerte de comunidad.

¿Y tienes algún recuerdo durante esos tres años del Gitano Rodríguez?

Si poh, con él trabajamos. Nosotros lo sugerimos para el personaje sindicalista al cual le sacan la mugre en Ya no basta con rezar. Hay una anécdota curiosa porque un día quedamos botados en Playa Ancha, junto con los técnicos de un espectáculo donde él se presentó. No nos venían a buscar nunca y el Gitano dijo mira, compuse un valsecito a ver si les gusta… y nos cantó Valparaíso. Nosotros agarramos onda e hicimos el audio para mostrárselo a Aldo. A él le gustó pero ya estaba designada la canción para la película que era Ya no basta con rezar de Tiempo Nuevo. Indudablemente el tiempo nos dio la razón a nosotros y al Gitano porque con Ya no basta con rezar no pasó musicalmente nada y en cambio ni hablar de Valparaíso del Gitano Rodríguez. De hecho, mi casa en Viña es donde vivía en esa época el Gitano con su señora, la Chantal de Rementería y su hermano Juan Tomás, que ahora es concejal de Viña y dueño del Cap Ducal. Cuando se fueron al exilio me dejaron la casa para arrendarla y con el tiempo pude comprarla, así es que está llena de recuerdos del Gitano y algunas cartas que nos escribíamos, así como tengo también por ahí guardado el afiche del último concierto que dio en agosto del 73, en el Cine Arte de Viña del Mar.

La Unidad Popular desde el Puerto

Está esta suerte de renacimiento artístico y simultáneamente la Unidad Popular, ¿qué recuerdas de lo propiamente político?

Durante la UP estuve trabajando en lo que me gustaba y en lo que quería proyectarme en la vida. Pero la cosa se fue complicando. Por decirte algo, ya todos saben que esta cuestión fue financiada a través de los partidos políticos, los empresarios y el diario El Mercurio de Agustín Edwards por el gobierno de Nixon y Kissinger. Todo fue movido y me consta, por ejemplo el desabastecimiento, no había nada, afortunadamente había chancho chino que me encantaba, pero como fumo demasiado tenía que pasar un día a la semana por diez lugares haciendo cola y así me compraba diez cajetillas de cigarrillos que me alcanzaban para la semana. El desabastecimiento se debió a la no distribución, y esto a su vez al paro de los camioneros. A mí me consta que los camioneros en Placilla y en Reñaca estaban custodiados por marinos para que nadie fuera a sabotearlos. Nadie quería hacer eso, simplemente que salieran a la calle a funcionar, pero tuve acceso a cierta información de que se les pagaba por estar ahí, detenidos. No voy a entrar en detalles pero tenía un par de amigos cuyos papás tenían uno y dos camiones cada uno, respectivamente. Después del paro compraron más de diez camiones cada uno, con flotas que cubrían todo Chile. Yo me pregunto cómo salieron tan ricos de Placilla y de Reñaca. Luego, después del golpe, nunca imaginé que se iba a destrozar la radio en que trabajaba y que después me acusaran de abandono de funciones. Cuando estuve detenido y después me soltaron, me sugirieron que no volviera a trabajar en radio porque usaba un lenguaje tan enredado que podía pensarse que le estaba pasando mensajes a los comunistas. Era como mucho.

Valparaíso, estando tan cerca de Santiago, es al mismo tiempo tan distinta. De lo que supiste después de cómo fue la UP en la capital, ¿qué crees que fue distintivo en el puerto?

En Santiago, como son tan valientes los sectores altos, en las famosas marchas de las ollas había puras mujeres. Nosotros no tuvimos esas marchas, aunque lo similar era que los trabajadores estaban muy orgullosos porque eran escuchados, en el sector público y en los sindicatos, incluyendo el Sindicato de Locutores, al que costó mucho que me dejaran entrar. En Valparaíso, como te decía, había desabastecimiento. Por eso me indignó que cuando salí el 12 de septiembre del 73 estaba abierto todo el comercio y había arroz, azúcar, aceite. Todo marcado con los precios del año anterior, o sea, el acaparamiento y el mercado negro eran gigantescos. Volviendo al golpe, el día 15 allanaron la casa donde vivíamos con varios amigos y nos llevaron a todos presos y en menos de 24 horas estábamos en la bodega de un barco en la Sudamericana de Vapores, el Lebu, sin ninguna explicación. Estuvimos doce horas tirados en el muelle, con las manos atrás que realmente duele bastante, mientras a la que después fue mi señora la metieron, junto a las otras amigas que vivían en la misma casa, en la Esmeralda. Felizmente después nos fueron soltando de a uno, pero las cosas que vi… tuve suerte, porque a mí me llegaron culetazos y patadas no más, pero vi gente muy pero muy mal, muy maltratada. Entonces no me vendan pomadas, a 40 años uno puede perdonar, pero olvidar todo lo que se vio a partir de ese momento es imposible.

Revolución y contrarrevolución

Habiendo vivido tan intensamente ese antes y ese después, y mirado en perspectiva, ¿cómo analizas el gobierno de la Unidad Popular?

Yo voté a último minuto por Salvador Allende. Mi familia era bastante momia, iban a votar por Alessandri, mientras yo, por casualidad el año 70 trabajando en Radio Valparaíso, empecé a conducir un programa que se llamaba Defienda a su candidato, y debido a ello los comandos me mandaron sus programas. Si hoy día la gente leyera las llamadas 40 medidas que eran la primera línea del programa de Salvador Allende, se daría cuenta que era muy similar al de Radomiro Tomic, que era uno de los más radicales de la DC. Pero al comparar y al leer esas 40 medidas ¡no había por donde perderse por quién votar poh! Necesitábamos cambios, acelerar cosas como la nacionalización del cobre. En poco tiempo se hicieron cosas muy interesantes, pero desde un principio estaba la orden desde Estados Unidos de sacar vivo o muerto al Presidente de esta posible nueva Cuba que podía intoxicar al continente o qué sé yo, creían que iban a llegar los rusos a tomarse Chile. No sé qué volada se pegaron, pero ahora todos saben lo enfermo de la mente que era Nixon y lo asqueroso que era Kissinger.

Todo ese proyecto fue avasallado después…

Pero se puede leer si alguien tiene interés. Ciertamente, lo que se experimentó en Chile después con los Chicago Boys y la Escuela de Chicago de Milton Friedman es el sistema individualista y competitivo en el que vivimos ahora, una sociedad económica de libre mercado pero que de social no tiene nada. Todo, todo es negocio y eso ha criado nuevas generaciones consumistas. En mi radio por ejemplo, que es la Futuro, me extraña cómo puede resistir la gente de todas las edades ir a tanto concierto cuando las entradas son carísimas. Claro, ahí está el plástico, el endeudamiento, mientras instituciones como bancos, isapres y otras nunca pierden. Nosotros somos los que vivimos endeudados, pero además egoístas y competitivos como caballos de carrera, con anteojeras. Afortunadamente, ese periodo se está agotando y nos impone el desafío de volver a una sociedad con otro tipo de valores.

Fotografía: Archivo LUN // Entrevista realizada en septiembre 2013.