ninosDiversos colectivos feministas y la Secretaría de Sexualidades y Géneros de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh), entre otras organizaciones, dieron inicio a una iniciativa inédita. El Primer Congreso Nacional por una Educación No sexista, que comenzó el 12 de septiembre, pretende profundizar y levantar una demanda acerca del proyecto educativo que Chile necesita.

Análisis sobre las prácticas patriarcales al interior del sistema educativo, así como la discusión sobre disidencia sexual, género y trabajo, salud y derechos sexuales, son algunos de los ejes de la actividad que tendrá cuatro fechas en Concepción, Antofagasta, Valparaíso y Santiago.

“El congreso se perfila como una instancia que busca problematizar si es que efectivamente nuestro sistema institucional está reproduciendo ciertas discriminaciones de género, fomentando la segmentación en los espacios educativos”, explica Luna Follegati, licenciada en historia, académica de la Usach y una de las organizadoras de la iniciativa.

Aunque la demanda por una educación no sexista aún no es mayoritaria ni tan conocida por total del mundo estudiantil –secundario y universitario-, la presencia cada vez más visible de organizaciones feministas al interior del movimiento ha tenido un gran impacto en sus discursos y reflexiones.

“Hay una politización, en términos feministas, del ámbito universitario, y un cuestionamiento de qué está entregando la educación y cómo se está ejerciendo el proceso educativo”.

“Hay una politización, en términos feministas, del ámbito universitario, y un cuestionamiento de qué está entregando la educación y cómo se está ejerciendo el proceso educativo”, señala Follegati.

Los hechos hablan por sí solos: durante el año pasado, por ejemplo, los estudiantes de la Universidad de Chile eligieron como presidenta de su federación a Melissa Sepúlveda, la primera militante feminista en la historia de la FECh.

 

educacionEducación chilena, al servicio del patriarcado

El diagnóstico de dirigentes y colectivos apunta a que la educación chilena, desde los primeros años de colegio hasta el desarrollo universitario, está impregnada de sexismo.

Mientras la educación pre-escolar y secundaria lidera un discurso que tiene a los hombres por protagonistas de la historia, la ciencia e, incluso, del lenguaje, las mujeres son discriminadas desde los primeros años a través de un currículum que reproduce roles y estereotipos de género cuestionados.

“Por ejemplo, en las materias, cuando se ocupa material educativo sin presencia femenina. O en textos de historia y de lenguaje o ciencia, donde los principales héroes y próceres son hombres”, describe Luna Follegati.

A su vez, las niñas son conducidas desde pequeña a mantener ciertos comportamientos asociados a la cuestión de género, como mantener una actitud más callada y ordenada, respecto a los hombres, a quienes se permiten jugar y tener un desarrollo físico más explícito. Follegati explica que esto también se evidencia en que, por lo general, los hombres son “dueños de los sectores donde se practica deporte y las mujeres están recluidas a los pasillos y a los baños”.

Las feministas especifican que existe un currículum oculto y otro explícito en la educación. Mientras el currículum explícito expone los contenidos tradicionales que se piensan e imparten en las aulas, el currículum oculto corresponde a aquellas instancias donde se reproduce un rol y estereotipo de género sexista.

“Hoy la educación invisibiliza a la mujer en los contenidos y el currículum dentro de las mallas y orientaciones del conocimiento, desde pre básica hasta la universidad. Crean un correlato de la sociedad patriarcal y mercantilizada que hoy día existe”.

Hoy la educación invisibiliza a la mujer en los contenidos y el currículum dentro de las mallas y orientaciones del conocimiento, desde pre básica hasta la universidad. Crean un correlato de la sociedad patriarcal y mercantilizada que hoy día existe”, recalcó Gisselle Dibona, militante del colectivo feminista La Alzada.

La discriminación se evidencia, posteriormente, en las universidades, de forma menos explícita. En la sociedad, existen condiciones que intervienen al momento de elegir una carrera –según el sexo- y en las dinámicas fomentadas por los mismos académicos, como las ironías y extrañeza que se producen cuando una mujer ingresa a estudiar una carrera tradicionalmente vinculada al género masculino, como ingeniería. Ejemplo que se repite en las especializaciones del área técnico profesional.

Al interior del mundo universitario, además, se han revelado prácticas de abuso o acoso sexual por parte de académicos o de los mismos estudiantes. “En las fiestas universitarias o mechonas a veces se pasa a llevar la autonomía y el espacio privado de las mujeres”, recalca Follegati.

Además, en un plano laboral, existe discriminación evidente respecto a la cantidad de profesores versus la suma de profesoras que conforman los planteles universitarios y secundarios y, a la vez, en sus respectivas remuneraciones.

 

congresoEducación no sexista: la demanda omitida de la reforma educacional

Para los organizadores del Primer Congreso Nacional por una Educación No Sexista, pensar la educación como derecho social para todos y todas exige de una mirada que no sólo está cruzada por la perspectiva económica. Para ello, es necesario que esta crítica emerja desde los propios estudiantes: “Es importante que la demanda por educación no sexista se inserte como un eje al interior del movimiento estudiantil”, declaró Dibona.

Hoy, además de sus otros problemas denunciados, la reforma educacional no se está haciendo cargo de las exigencias que pretenden formular nuevas visiones sobre el proyecto educativo en Chile. Esto es, no sólo enfocándose en su carácter no sexista, sino también en la integración de perspectivas étnicas y de diversidad sexual, por ejemplo.

“Es cosa de leer y escuchar muchos argumentos que circulan, muchas veces en puño, letra y boca de las mismas mujeres. Si algo queda claro una vez despejada la confusión, es el peso que sigue teniendo la moral sexual conservadora cuando se intenta hablar de la autonomía de los cuerpos de las mujeres”.

“Dentro de la reforma existen ciertos programas donde se aborda la educación sexual, desde un eje prohibicionista, y en temáticas segregadas. Hay un análisis de que la PSU tiene segregación por género, pero nada se hace respecto a eso aunque es un correlato de la educación en su conjunto”, argumentó la militante de La Alzada.

En una columna reciente, la presidenta de la FECh, Melissa Sepúlveda, hizo hincapié en que las estudiantes más pobres son quienes sufren las consecuencias de no recibir a tiempo una educación sexual y afectiva integradora.

Es cosa de leer y escuchar muchos argumentos que circulan, muchas veces en puño, letra y boca de las mismas mujeres. Si algo queda claro una vez despejada la confusión, es el peso que sigue teniendo la moral sexual conservadora cuando se intenta hablar de la autonomía de los cuerpos de las mujeres”, recalcó la dirigenta.

Desde hace un tiempo, pensar la educación como una herramienta transformadora en Chile exige de una serie de cambios que apunten a potenciar los procesos de libertad individuales y colectivos. Para ello, ésta debe comprometerse a superar los cimientos históricos del machismo en Chile y su correlato en la discriminación hacia la diversidad sexual, así como la reproducción de los valores heteronormativos.