pescaEste es un análisis del Proyecto de Instituto de Desarrollo de la Pesca Artesanal y de la Acuicultura de Pequeña Escala, IDEPA.

Esta materia fue presentada en el gobierno de Sebastián Piñera y ahora está en discusión en el Parlamento.

Este proyecto tal como fue diseñado, no enfoca la verdadera realidad del subsector de la pesca artesanal ni la acuicultura de pequeña escala, y menos visualiza la profunda crisis que se arrastra en el país, con la existencia de organizaciones artesanales débiles, fragmentadas y con una participación en los procesos de toma de decisiones casi inexistente.

En este contexto el proyecto IDEPA se identifica como un instrumento orientado a sustituir con un enfoque exclusivamente economicista las funciones del Fondo de Fomento de la Pesca Artesanal (1992) y del Fondo de Administración Pesquera (2002), que en más de veinte años estuvieron lejos de responder cabalmente a las demandas y necesidades del subsector en el ámbito del desarrollo productivo, el deterioro de los recursos pesqueros por sobrepesca y el negativo impacto socioeconómico en las comunidades de pescadores y acuicultores artesanales.

1. La diversidad de la pesca artesanal.

El subsector de la pesca artesanal necesita y demanda con urgencia una Institucionalidad (Instituto de Desarrollo) de ámbito nacional que en primer lugar reconozca íntegramente la gran diversidad de la pesca artesanal, así como reconocer la falta de una definición única de esta actividad y cómo debería aplicarse en el contexto nacional. Es importante reconocer y determinar las actividades y actores que se consideran pescadores artesanales a lo largo del país, así como identificar entre ellos a los grupos más vulnerables y marginados que necesitan de una mayor atención. Esta identificación debería realizarse a nivel local, regional y nacional. Como es de conocimiento más de un tercio de la pesca artesanal en el país se desarrolla al margen de cualquier tipo de control público. Esta actividad no controlada es una realidad que puede tener consecuencias graves para el sector económico de la pesca en general. Por tanto, la nueva institucionalidad, debe velar por que la identificación de los actores del subsector sea orientada por procesos participativos de consulta. En este contexto se debe reconocer las formas de organización existentes, los conocimientos tradicionales y locales y las prácticas de las comunidades de pescadores artesanales, incluidos los pueblos indígenas, y la presencia de las mujeres en todos los ámbitos laborales.

Otro tema importante a determinar es la necesidad de asegurar definitivamente, que los pescadores y trabajadores del subsector y sus comunidades gocen de derechos de tenencia seguros, equitativos y apropiados desde el punto de vista social y cultural sobre los recursos pesqueros, las zonas de pesca, las caletas y territorios adyacentes a la actividad.

Los derechos de tenencia de los actores deben estar vinculados a sus obligaciones y deberes de apoyar la conservación y la utilización sostenible a largo plazo de los recursos y el mantenimiento de la base ecológica para la producción de alimentos.

La nueva institucionalidad en el reconocimiento del subsector debería considerar un enfoque integrado, ecosistémico y global de la ordenación y el desarrollo de la pesca artesanal, teniendo en cuenta la complejidad de los medios de vida y prestando la debida atención al desarrollo social y económico, con el objeto de garantizar el fortalecimiento y el empoderamiento de las comunidades de pescadores actualmente dispersas y maginadas a lo largo del país.

La nueva institucionalidad debería reconocer como actividades económicas todas las actividades a lo largo de la cadena de valor de la pesca artesanal, tanto antes como después de la captura, ya sea a tiempo parcial, ocasionales o de subsistencia. Se deberían promover las oportunidades de formación profesional y de organizaciones, en particular para los grupos más vulnerables de trabajadores en actividades posteriores a la captura. Por lo tanto, se deberían crear las condiciones apropiadas para asegurarse de que las actividades pesqueras tanto del sector formal como del informal se tengan en cuenta a fin de lograr la sostenibilidad de la pesca en pequeña escala de conformidad con las normativas vigentes.

En el ámbito de la diversidad del subsector la nueva institucional debería reconocer también las formas tradicionales de asociación de los pescadores y trabajadores de la pesca artesanal, fomentando y fortaleciendo el desarrollo organizativo y la capacidad de los mismos en todas las etapas de la cadena de valor con el fin de mejorar la seguridad de sus ingresos y los medios de vida. En consecuencia, debería prestarse apoyo a la creación y el desarrollo de cooperativas, organizaciones profesionales del sector de la pesca artesanal.

Se debería promover una protección de la seguridad social para los trabajadores de pesquerías artesanal. Se debería tener en cuenta para ello las características de las pesquerías en pequeña escala y aplicar sistemas de seguridad a toda la cadena de valor. Se debería apoyar también el desarrollo de servicios que sean apropiados para las comunidades de pescadores artesanales: planes de ahorro, créditos y seguros.

2. Un Instituto de Desarrollo.

Un Instituto de ámbito nacional para el desarrollo de la pesca artesanal y la acuicultura en pequeña escala debería con carácter prioritario focalizar y reconocer a las comunidades de pescadores en pequeña escala como los actores, proveedores y receptores de conocimientos. Se requiere entender la necesidad de acceso de las comunidades de pescadores artesanales y sus organizaciones a la información apropiada que les permita afrontar sus problemas y habilitarlos para mejorar sus medios de vida. Estas necesidades de información dependen de los problemas que en cada momento afronten las comunidades y corresponden a los temas biológicos, jurídicos, económicos (crédito, financiamiento), sociales y culturales de la pesca y a los medios de vida sostenibles.

Se debe reconocer y apoyar los conocimientos, la cultura, las tradiciones y las prácticas de las comunidades de pescadores artesanales, incluidos los pueblos indígenas. Se debe considerar, reconocer y apoyar los conocimientos específicos de la actividad de los actores de la pesca. A la nueva institucionalidad en coordinación y colaboración con instituciones de investigación le correspondería investigar y documentar los conocimientos y las tecnologías pesqueras tradicionales con objeto de evaluar su aplicación a la conservación, la ordenación y el desarrollo sostenibles de la pesca.

La nueva institucionalidad en coordinación con instituciones laborales y de servicio social debería promover estudios sobre las condiciones de trabajo, salud y educación, en el contexto de las relaciones de género, con el fin de orientar estrategias que garanticen la obtención de beneficios equitativos para los hombres y las mujeres en la pesca y la acuicultura artesanal.

Atendiendo que actividades del sector pesquero en general se desarrollan en el borde costero, existiendo una serie de interacciones entre múltiples actores incluyendo los pueblos indígenas, la nueva institucionalidad debería preocuparse en conjunto y colaboración con las autoridades del Ministerio de Defensa de fomentar y desarrollar la planificación y gestión de los espacios costeros y marítimos, considerando su importancia para el desarrollo de la pesca y la acuicultura artesanal. En este contexto se deben considerar también las directrices establecidas en la Ley de los Espacios Costeros de los Pueblos originarios y el Convenio No 169 Sobre Pueblos Indígenas.

Frente a la crisis del subsector la nueva institucionalidad debería enfocar como objetivo importante respaldar las directrices de organismos internacionales (FAO) que llaman a visibilizar, reconocer y fomentar el papel de la pesca en pequeña escala considerando todas las actividades a lo largo de la cadena de valor. Reconociendo que esta actividad desempeña una importante función en nuestra seguridad alimentaria y nutrición, la erradicación de la pobreza, el desarrollo equitativo y la utilización sostenible de los recursos. La pesca en pequeña escala puede suministrar alimentos nutritivos para nuestra población y mercados internacionales, generando ingresos que pueden contribuir a nuestra economía local, regional y a nivel nacional.

Junto con el reconociendo del papel estratégico de la pesca artesanal y la acuicultura en pequeña escala en la producción de alimentos marinos, la nueva institucionalidad debería promover el consumo de pescado y productos pesqueros mediante programas de educación de los consumidores con el fin de sensibilizar sobre los beneficios nutricionales del consumo de pescado e impartir conocimientos sobre cómo valorar la calidad del pescado y los productos pesqueros.

Los diversos recursos financieros públicos y privados que debieran estar disponibles para el desarrollo, fomento y apoyo de la Pesca Artesanal se deben dirigir a promover el desarrollo sustentable del sector, apoyar los esfuerzos de las distintas organizaciones de pescadores y acuicultores artesanales, para mejorar sus condiciones sociales y laborales. De tal forma, que en una política de desarrollo productivo la nueva institucionalidad debería considerar una de sus líneas estratégicas en el apoyo del financiamiento a la acción social, enfocando la comercialización, capacitación, y el ordenamiento del sector pesquero y acuicola artesanal.

La nueva institucionalidad principalmente para facilitar el avance al desarrollo de los pescadores y acuicultores artesanales, debe constituirse como una identidad única que facilite el acceso al conjunto de fondos de financiamiento públicos y privados tanto generales y/o específicos para la actividad pesquera. Actualmente existe un distanciamiento entre el pescador artesanal y las distintas instituciones intervinientes en el sector pesquero artesanal. El pescador desconoce en muchos casos las oportunidades que se le brindan y carece del apoyo, la información y los medios técnicos necesarios para la presentación de proyectos o la gestión de créditos con entidades financieras.

Cabe señalar que por la ausencia de coordinación y control en la realización de las inversiones públicas no se tiene actualmente un conocimiento real de evaluaciones respecto de la efectividad, del impacto y beneficios que estas inversiones han tenido en el desarrollo del sector pesquero artesanal. Se debe reconocer que parte de estas inversiones incentivaron la capacidad de pesca, afectando y comprometiendo la sustentabilidad de los recursos hidrobiológicos.

Facilitando el acceso al crédito y al financiamiento público de programas orientados a la pesca artesanal la nueva institucionalidad debe desarrollar un enfoque específico y concreto destinado a crear un sistema de control de las inversiones públicas en el subsector, ya sea a nivel individual y/o a nivel de organizaciones.

La nueva institucionalidad de desarrollo debe implementar una política de acción coordinada e integrada, las acciones de fomento deben ser de largo plazo con un seguimiento y evaluación de la efectividad. Los recursos financieros deben ser lo suficiente para el desarrollo de la actividad del subsector a nivel nacional, teniendo en cuenta que la distribución regional de los recursos, hasta la fecha, ha sido desigual a lo largo del país.

Considerando esta estrategia la nueva institucionalidad debiera espera que la implementación de una política de desarrollo productivo lleve al subsector a un estado de desarrollo sustentable. Que los actores artesanales puedan contar con ingresos justos y estables a lo largo del tiempo, desarrollando su actividad en forma segura. Que la actividad pesquera artesanal se desarrolle con vista a mantener un equilibrio entre la dinámica de los recursos frente a la demanda del mercado. Al mismo tiempo, respetando las regulaciones y normas de ordenamiento, y generando el mayor beneficio socio económico para el subsector. Esta política se enfoca principalmente en los pescadores artesanales que desarrollan sus actividades en la zona de las cinco millas y destinan su producción al consumo humano. Sin embargo, se debiera considerar también a la pesca artesanal pelágica cuya producción es destinada principalmente a la industria de la reducción. Esta actividad debiera recibir incentivos que permitan la reconversión de las embarcaciones para poder orientar, la captura y el desembarque de materias primas a la elaboración de productos para el consumo humano directo con un mayor valor social.

En este enfoque de largo plazo se debe considerar la importancia de los centros de desembarque y distribución, con vista de asegurar los estándares de calidad, inocuidad y trazabilidad de los alimentos marinos para el consumo humano. Estos centros son también el espacio que facilita la obtención de información adecuada y oportuna sobre los desembarques, los precios, productos y el esfuerzo pesquero.

La nueva institucionalidad al implementar una política estratégica de mediano y largo plazo debería esperar por el desarrollo de caletas solidas y organizadas que utilicen eficientemente sus embarcaciones, la infraestructura, equipamientos y que cuenten con un equipo debidamente capacitado de pescadores, personal de apoyo administrativo y comercial, distribuyendo sus productos a los mercados, cumpliendo con las exigencias s de calidad, inocuidad y trazabilidad.

3. La acuicultura de pequeña escala.

La nueva institucionalidad de desarrollo debe implementar una política de acción integrada para lograr en primera instancia individualizar y caracterizar la acuicultura de pequeña escala con definiciones que permitan discriminar entre los diversos estamentos de la actividad acuicola. Los acuicultores de pequeña escala están cualitativamente identificados en el ámbito de las especies cultivadas, las zonas geográficas usuales y cuentan en general con organizaciones sociales y grados de asociatividad. Sin embargo, existen divergencias en cuanto al destino de estos cultivos, si son para la subsistencia o para el comercio, local, regional, nacional y/o internacional.

A nivel internacional se reconoce en la acuicultura de pequeña escala su rápido crecimiento, su potencial de producción y la alta capacidad de generar trabajo y bienestar justamente en los sectores más deprimidos.

Reconoce también una importancia creciente por la declinación de la pesca extractiva y el aumento general de la demanda de alimentos marinos a nivel mundial. Estudios del sector de pequeña escala en el ámbito mundial y nacional reconocen que la función del Estado es esencial para su desarrollo, reconociéndose que debe existir una relación diferente entre la actividad acuicola industrial y la de pequeña escala.

Durante el año 2003 se promulgó en el país la primera Política Nacional de Acuicultura. Este instrumento determinó los lineamientos y directrices requeridos para el desarrollo de la acuicultura en los ámbitos económico, ambiental, sanitario, de equidad, institucional, de investigación y capacitación. En el marco de las políticas asociadas a la equidad, incluyó el reconocimiento formal de la acuicultura de pequeña escala o artesanal. Reconociendo, además, que por su importancia social y cultural debe tener un tratamiento diferenciado que conduzca a mejorar el acceso e igualdad de oportunidades para ejercer la actividad.

Por tanto, la nueva institucionalidad al implementar una política estratégica de mediano y largo plazo deberá tener presente que la utilización y explotación de los ambientes acuícolas se basa en técnicas y especies tradicionales, donde su práctica está enraizada en las comunidades, constituyendo un acervo cultural de las comunidades costeras. Se debe destacar en este ámbito que la actividad productiva de la acuicultura de pequeña escala así como la actividad productiva de la pesca de pequeña escala requerirá de la presencia de la nueva institucionalidad como articulador de los escenarios productivos, en el apoyo para el manejo de los recursos hidrobiológicos, en la asistencia técnica comercial y financiera, etc.