La naturaleza concebida desde los conocimientos hegemónicos, se sitúa fuera de las sociedades, esta verdadera aberración, es la causa de una serie de problemas, que hoy podríamos llamar problemas ambientales, pero que en realidad son problemas sociales, que provienen de una compleja matriz política estructural.

La naturaleza como soporte estratégico, fuera de la sociedad, se ha naturalizado como un elemento medible, cuantificable, transable, y por sobre todo, ajeno. Suena poco creíble que una forma discursiva de considerar la naturaleza, sea tan determinante, pero claro, el discurso crea realidad, y en el caso de la naturaleza, hasta su cara más amable resulta paradojalmente dañina.

Veamos la concepción de naturaleza convencional, desde 3 ópticas distintas y opuestas, pues son, supuestamente 3 posiciones que constantemente están combatiendo, desde la trinchera del conflicto ambiental.

La óptica institucional: tomaremos en rigor la institucionalidad ambiental, que a partir de su origen, ley 19.300 de bases del medio ambiente, plantea que la protección del medio ambiente no debe coartar el desarrollo del país (explicita a la naturaleza como límite del capital, entendido como acumulación de capital), plantea a la naturaleza como recurso natural, medible y transable; yendo al sistema de evaluación ambiental, es posible ahondar en el rigor técnico que debe tener esta cuantificación, para, por sobre todas las cosas, crear medidas de mitigación y compensación, según sea el caso. Estos dos puntos son cruciales, pues el verdadero cuestionamiento de proyectos que implican verdaderas catástrofes ambientales, apunta a estas dimensiones, jamás se duda ni cuestiona la realización de estos proyectos, los proyectos jamás son malos ni inviables, sino más bien, incompletos, por lo que se hace necesario tener más tiempo para cuantificar de mejor forma, los desastres que las comunidades locales tendrán que asumir con la operación de x proyecto. La compensación asume el valor que tiene la naturaleza, la demoníaca frase: “quien contamina más, debe pagar más”[1], pronunciada por Michelle Bachelet, grafica el corazón de esta visión utilitarista, en que no vamos a poner límites a la contaminación (producto del mesiánico desarrollo), sino que vamos a compensar de mejor forma, costará más dinero. Realmente triste, pues el mecanismo de protección (impuestos verdes, bonos de carbono) llega a transformarse en generador de más contaminación y desposesión social, la institucionalidad no detiene, no pone límites, solo compensa, transa una moneda de cambio más.

La óptica empresarial: Esta mirada es exactamente la misma que la institucionalidad (¿es acaso ello una sorpresa?), la naturaleza es un límite para la acumulación del capital, por lo que para sortearlo, la empresa debe buscar(con mucha astucia y descaro) levantar barreras para seguir acumulando capital, desposeyendo a comunidades locales[2], lo que implica mucho lobby con los gobiernos de turno, autoridades, que permiten, a pesar del sufrimiento de miles de familias, que el desarrollo, amparado en el fantasma del desempleo, la desaceleración, el desabastecimiento, la ingobernabilidad, la crisis generalizada; avance de forma inexorable. Ahondar más en la visión empresarial solo alargaría la angustia, pasemos a la siguiente visión.

El mecanismo de protección (impuestos verdes, bonos de carbono) llega a transformarse en generador de más contaminación y desposesión social, la institucionalidad no detiene, no pone límites, solo compensa, transa una moneda de cambio más.

Visión ambientalista: Esta forma de concepción de la naturaleza, se muestra a primera vista como antagónica a las recién expuestas, sin embargo no hay que engañarse, la vuelta es un poco larga, pero, ¡la visión utilitarista es totalmente compartida desde el mundo ambientalista! Usaré de ejemplo una campaña de la ONG Greenpeace, que tiene que ver con la promoción del cierre del proyecto Pascua Lama, de la minera Barrick (¡Un conflicto político, que duda cabe!), que se ubica en las cordilleras del valle del Huasco. La siguiente frase grafica la importancia de la naturaleza, que debe ser protegida, del accionar de la transnacional canadiense:

“…Los glaciares son parte integral de nuestro patrimonio natural necesario para la vida en la Tierra, son nuestras reservas de agua que alimentan los ríos y juegan un rol fundamental para la preservación de los ecosistemas de la III región de Chile…”[3]

La frase parece estar en orden, lo escrito es totalmente sensato, sin embargo, es importante notar que en ningún lado se muestra que, si los afluentes del Huasco se llegan a secar, los principales afectados serán seres humanos, comunidades indígenas, crianceras, agrícolas, mineras, pesqueras, etc. Si bien se menciona que los glaciares son fundamentales para la vida en la tierra (desde mi lectura personal, pues antes se menciona que es parte del patrimonio natural), esta vida es totalmente impersonal, no sabemos si hablan de guanacos, vizcachas, o Huascoaltinos, probablemente se refieran a los guanacos (pues hablamos de una ONG conservacionista), pero la verdad es que no lo sabemos. En ninguna parte se muestra que el desarrollo del proyecto Pascua Lama, se da a partir de un acuerdo binacional con Argentina, que vulnera la soberanía de ambas naciones, no se habla de la injusticia que contienen los desarrollos territoriales desiguales, en que comunidades, menospreciadas por sus números de habitantes, poderes adquisitivos, conciencia de clase, origen étnico; deben asumir el costo de que el Estado chileno opte por la explotación de materias primas, como principal fuente generadora del anhelado desarrollado, pues bien, nada de esto se menciona.

Toda la variable política del conflicto es obviada, y ¿qué ocurre con esto?, se despolitiza la naturaleza, se la vuelve estéril, aséptica, libre de ideología[4], ¿y qué ocurre con eso?, pues la naturaleza debe medirse, cuantificarse, tecnificarse, es decir vuelve a la óptica institucional y empresarial, podemos ver entonces, que los tres sectores hablan, al final del día, el mismo idioma.

Politizar la naturaleza parece incómodo para todos estos actores oficiales, pues implica ceder conocimiento, bajarlo a la sociedad (o subirlo), ceder poder. Politizar es tomar partido y no ser neutral, politizar la naturaleza nos permite hablar sin tecnicismos, no vamos a pedir que se bajen las emisiones de SO2, no hablaremos de rendering, de carbón subbitominoso, de canchas de acopio, de sedimento marino; ahora podemos decir que el accionar de la empresa nos va a destruir como sociedad, porque somos parte de la naturaleza, el accionar del proyecto va a secar el río del que me alimento, el desarrollo de x proyecto va a terminar mi vida como la conozco hoy; es injusto concebir el desarrollo de los centros en desmedros de sus periferias, es injusto alimentar este régimen neoliberal que mercantiliza los derechos sociales y opera a favor de los grande capitales, ¡tenemos derecho a soñar un mundo libre de capitalismo depredador! ¡Para ello debemos imaginar un mundo fuera del tecnicismo! La praxis asociada a esto, es la manifestación en el espacio público, la marcha, el corte de ruta, el enfrentamiento.

Centrarse en la naturaleza prístina, es proteger el interés de capitales turísticos (visión elitista de la naturaleza), pues no cuestiona las grandes contradicciones e injusticias del desarrollo neoliberal. Salvar ballenas, bueno, puede ser, pero no puede ser solo por salvar ballenas, acá el sistema es más complejo, hay en efecto, grandes intereses puestos en la pesca de estos cetáceos, no vamos a protegerlos porque son bonitos o especiales, vamos a protegerlos porque su caza es un eslabón más de esta naturaleza utilitarista y fragmentada[5]. Un ejemplo de lucha por la naturaleza, desde esta visión “profunda”, es el caso de la Termoeléctrica Barrancones de Suez Energy, un conflicto que terminó históricamente bien, donde, al parecer, el valor de la biodiversidad (y sus intereses turísticos, que apuntan a una estrategia de acumulación capitalista) fueron los que desencadenaron la decisión del ex presidente Piñera de declinar el proyecto en Punta Choros. A pesar de que fue un tremendo triunfo ciudadano (insisto en ello), no se hizo hincapié mediático en la violencia de generar energía barata para proyectos mineros en regiones, tuvieron entonces mayor valor los pingüinos de Humboldt que las comunidades costeras de Atacama y Coquimbo.

Ejemplos sobran, las campañas pro ambientalistas, como las de eficiencia energética[6], donde problemáticas importantes, estructurales, políticas, son llevadas fuera del conflicto, casi como asuntos anecdóticos, cargando la minúscula acción personal (acción culposa y moralista), como si fuera igual de representativa que el accionar de las grandes empresas, es esta una estrategia clásica para despolitizar la naturaleza. Estas campañas nunca hablan de cuestionar una matriz energética, ni de contar con una política energética clara a nivel país, de educación pública, laica, gratuita y de calidad, de estatizar, ¡de recuperar derechos fundamentales! solo se habla de no dejar la llave del agua corriendo, de apagar las luces, de desconectar aparatos eléctricos, etc.

Por lo mismo es peligroso asociar la naturaleza como un color verde, como una hoja, como una gota de agua, como un huemul, como un delfín, porque des personaliza la lucha ecológica, las des humaniza, la des politiza, muestra la naturaleza como algo inerte, cuando en realidad esta situación no puede ser más opuesta, la naturaleza es parte de nosotros y nosotras, nos atañe todo el tiempo, es algo tan personal que nos moviliza, nos toca las fibras, pues afecta nuestros habitus y modos de vida. El llamado es a cambiar el paradigma, cuando lo logremos, la lucha por la naturaleza no será de (desde la visión de Pamela Pizarro de la desaparecida CONAMA[7]) los jipis de mierda, ni de los científicos, ni desde la elite, ni de la clase política, sino que será de la sociedad toda.

La lucha por la naturaleza será la lucha por la vida, contra la desposesión, reivindicativa; será una lucha transversal que nunca más podrá ser obviada, ni mirada como una anécdota verde. Será parte de los derechos sociales, que hoy son temas instaurados en las nuevas bases políticas, educación, salud, vivienda, trabajo, etc.

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NOTAS

[1] http://www.diarioladiscusion.cl/index.php/pais/34664-presidenta-bachelet-defiende-por-cadena-la-reforma-tributaria-chile-puede-y-debe-dar-este-paso

[2] El ejemplo de la extracción de materias primas, una empresa transnacional opera en el mar, montaña, tierra, ciudad, casas, etc. Deja su puntual descalabro a las comunidades locales, y se enriquece a miles de kilómetros de distancia, sorteando débiles normativas ambientales, pues en estos países, la naturaleza no debe oponerse al desarrollo (de los llamados “inversionistas, emprendedores”).

[3] El texto completo de la campaña mencionada es el siguiente: “Te escribo para contarte que esta mañana activistas de Greenpeace se manifestaron pacíficamente frente a las oficinas de la empresa Barrick Gold en Vallenar para reclamar, que cese inmediatamente la comprobada destrucción de los glaciares afectados por su proyecto minero Pascua Lama. Ahora es tu turno. Haz click aquí y reclama ahora a la Superintendencia del Medio Ambiente que detenga a esta empresa ya mismo.
Barrick Gold es una minera canadiense que está destruyendo nuestros glaciares con sus faenas en el proyecto Pascua Lama, en la Región de Atacama. Están ubicados en la frontera con Argentina y su propósito es extraer oro, plata y cobre, afectando la geografía natural de la zona y sus glaciares. Para lograrlo utiliza elementos muy peligrosos como cianuro plomo, arsénico, uranio, cromo, zinc, asbestos, mercurio, azufre, cobalto, manganeso y entre otros.

Detengamos esta destrucción ahora. Exige que se retiren los permisos ambientales a Barrick Gold para que esta empresa no pueda seguir dañando nuestros glaciares. Haz click aquí

Los glaciares son parte integral de nuestro patrimonio natural necesario para la vida en la Tierra, son nuestras reservas de agua que alimentan los ríos y juegan un rol fundamental para la preservación de los ecosistemas de la III región de Chile.

Barrick ha sido multada en reiteradas oportunidades por gravísimas faltas e incumplimientos, y aún así sigue operando. La Superintendencia del Medio Ambiente es la única que puede detener las faenas de Pascua Lama realizadas por la Barrick Gold. Por eso,exígele ahora al superintendente Sr. Juan Carlos Monckeberg que detenga la destrucción minera y retire los permisos ambientales al proyecto Pascua Lama para proteger los glaciares. Haz click aquí

Te necesitamos para dar esta batalla; los glaciares, nuestras reservas de agua, no pueden esperar. Contamos contigo.”

[4] Clásico argumento donde se ampara lo llamado “técnico”

[5] Recomiendo el siguiente documental para ahondar en este tema: https://www.youtube.com/watch?v=7J7j7MAA-uk

[6] https://www.youtube.com/watch?v=8FS_wRSZWiY

[7] http://www.elciudadano.cl/2010/08/28/26014/hippies-de-mierda-por-todo-el-mundo/