oceanos-cambio-climatico¡ACCIÓN NO PALABRAS!, es el lema que convocó la Movilización Climática de los Pueblos del pasado 21 de septiembre, para exigir a nuestros gobernantes y líderes mundiales acciones concretas para enfrentar el desafío que nos impone a las sociedades actuales el cambio climático.

La acción política de miles de ciudadanas y ciudadanos de todo el mundo, que salieron a las calles a manifestarse para exigir urgentes soluciones que permitan una drástica reducción de emisiones de gases de efecto invernadero –promoviendo el uso de las energías no renovables y el abandono de los combustibles fósiles-, es la respuesta de la población mundial al llamado del Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon, a los Jefes de Estado y de Gobierno, a representantes de empresas, instituciones financieras y de la sociedad civil, y a líderes locales, con la finalidad de revitalizar el proceso de negociaciones internacionales del clima y concretar un nuevo acuerdo mundial en el 2015, a través de un compromiso político expresado en acciones y medidas concretas que frenen el deterioro ambiental resultante del accionar humano.

“Les reto a venir a la cumbre con promesas audaces. La innovación, la ampliación, la cooperación y la ejecución de medidas concretas reducirán las emisiones y nos pondrán en el buen camino hacia la firma de un ambicioso acuerdo a través del proceso de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático”, han sido las palabras de Ban Ki-moon en su llamado a la “Cumbre del Clima”, que se realiza este 23 de septiembre en la Ciudad de Nueva York. Ello, debido a que las negociaciones del clima avanzan muy lentamente y, en la actualidad, se han traducido en un compromiso débil para que el aumento de la temperatura media del planeta no supere la barrera de los 2°C –lo quecausaría una interferencia antropogénica peligrosa en el sistema climático- (Acuerdo de Copenhague, COP15), y en la discusión del nuevo Acuerdo Mundial para la reducción de emisiones que regirá a partir del 2020, y que se espera alcanzar en el 2015 en París, en el marco de la vigésimo primera Conferencia de las Partes (COP 21).

Para que ello se concrete -y así evitar un nuevo fracaso en las negociaciones del clima como el vivido en el 2009 en Copenhague-, sin embargo, se requiere un esfuerzo y compromiso político global, pero sobre todo que los grandes emisores históricos y actuales, es decir, los países industrializados y las economías emergentes, se pongan de acuerdo y se comprometan en reducir drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero, de modo que hacia fines de siglo las concentraciones se estabilicen en un rango que no supere las 450 partes por millón (ppm) de CO2eq, lo que supondría un incremento global de la temperatura media del planeta no mayor a los 2°C. Rebasar este nivel significaría cambios en todos los componentes del sistema climático, un aumento abrupto del riesgo de retrocesos a gran escala en el desarrollo humano y catástrofes ecológicas de proporciones, así como muy bajas posibilidades de adaptación a las nuevas condiciones climáticas, según señala la ciencia.

En este escenario América Latina y el Caribe cobra un protagonismo especial. Esto porque la próxima Conferencia de las Parte de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la COP20, se realizará en la región, entre el 1 y 12 diciembre en la ciudad de Lima, Perú. Albergar la COP20 representa una oportunidad política de relevancia para América Latina y el Caribe, no sólo por el rol que la región pueda jugar en sentar las bases y facilitar la concreción del nuevo acuerdo climático que se espera alcanzar en París, sino porque alojar la cumbre de cambio climático permitirá hacer una fuerte vinculación entre las negociaciones internacionales y las agendas climáticas y de desarrollo regionales y nacionales de manera que pueda convertirse en un verdadero catalizador de procesos de transformación hacia sociedades y economías menos intensivas en carbono, a través de la adopción de legislación climática, así como de políticas y acciones de adaptación y mitigación al cambio climático en los países de la región.

Desde esta perspectiva, es deber de la sociedad civil y los movimientos sociales aprovechar esta oportunidad política de manera de desencadenar en nuestros países procesos participativos para la definición, desarrollo e implementación de legislación, políticas y acciones de adaptación y mitigación al cambio climático inclusivas y que se traduzcan en un impacto real al largo plazo en términos de construcciones de sociedades cada vez menos dependientes de los combustibles fósiles y resilientes al cambio climático. Por ello, miles de latinoamericanos en concordancia con la movilización climática de los pueblos, marcharon en diferentes ciudades de la región exigiendo e nuestros presidentes/as ACCIÓN, NO PALABRAS.

A la Cumbre del Clima del Secretario de Naciones Unidas de hoy, han comprometido su participación cerca de 120 jefes de Estado, entre ellos varios de la región (Venezuela, Bolivia, Brasil, Chile, Argentina, Colombia, México, Perú, San Vicente y las Granadinas, Jamaica, República Dominicana, Panamá y Guyana,). Esperamos que en sus discursos sobren las PALABRAS y se multipliquen las ACCIONES, sólo de esta forma se verá expresado el real compromiso político de los líderes de América Latina y el Caribe de enfrentar el desafío del cambio climático exigido por la movilización climática de los pueblos del pasado domingo y, con ello ser los verdaderos protagonista de la COP20.